ANVIL! (2010)
No importa si jamás has oído hablar de Anvil. De hecho, tampoco importa si el heavy metal no significa nada en tu vida. Para disfrutar del documental Anvil! The Story of Anvil sólo necesitas una cosa: tener corazón. Lo sé, esto que acabo de soltar es una cursilada más grande que la discografía entera de Aztec Camera. ¡Pero es la verdad! Lo admito, yo no crecí en los 80 escuchando a Judas Priest, Iron Maiden o Metallica, sino a Police, Supertramp… y Aztec Camera. Si me hablas de la New Wave of British Heavy Metal te diré: not my cup of tea. Pero si Anvil! The Story of Anvil es uno de los mejores documentales de los últimos tiempos es, en esencia, porque no trata sobre el valor de la música del grupo canadiense, sino sobre el valor de los lazos afectivos, ya sean de amistad o familiares, que han mantenido al grupo unido a lo largo de más de 20 años. En cualquier caso, no está de más situar históricamente a Anvil antes de entregarse al visionado del filme dirigido por Sacha Gervasi. Venga.
A mediados de la década de 1970, los colegas de instituto Steve “Lips” Kudlow y Robb Reiner forjaron una alianza musical y vital con la que huir del inclemente frío de su cuidad, Toronto. Habían nacido Anvil. En 1982, su disco Metal on Metal fue elogiado entre la prensa especializada y ayudó a abrir la senda del speed metal que a continuación desarrollarían Metallica, Anthrax o Slayer. Pero, al contrario que éstos, Anvil apenas vivieron sus 15 minutos de gloria. Un fugaz estrellato sintetizado en la gira japonesa junto a Scorpions, Whitesnake y Bon Jovi de 1984 cuyas imágenes abren el documental. A partir de ahí, el caos. Un management nefasto, disputas con las discográficas, aislamiento geográfico, decisiones musicales erróneas, el caprichoso ciclo de las modas… Y, a pesar de ello, Anvil han seguido activos desde entonces guiados por un encomiable optimismo, una fe ciega en su música y, especialmente, por el estrecho lazo de amistad que une a “Lipps” y Reiner. Luchando contra los elementos, ajenos al paso de los años y a lo patético de su realidad, Anvil no han perdido jamás la esperanza de alcanzar algún día esa gloria con la que soñaban cuando iban al instituto. Ahora, y gracias a ese fan incondicional llamado Sacha Gervasi—en cuyo CV figura el guión de La Terminal de Spielberg—ese sueño, aunque sea solo momentáneamente, se ha hecho realidad.
Vice: ¿Por qué Anvil?
Sacha Gervasi: Con quince años era el hijo único de unos padres recién divorciados y exorcizaba mi frustración a través del heavy metal. Por aquel entonces existía ese consenso según el cual lo único auténtico era el punk; pero me dije “a la mierda, no quiero seguir la corriente mayoritaria” y decidí entregarme al heavy para convertirme en el auténtico punk de mi barrio. Cuando Anvil tocaron en Londres, en 1982, era su primera visita a la ciudad y como hicimos buenas migas después del concierto, me pidieron si les podía hacer un pequeño tour. Fue delirante, claro. Pero lo mejor fue cuando les llevé a mi casa a conocer a mi madre. Imagínate a la pobre mujer, harta de escuchar a todas horas el disco Metal on Metal y de ver mi habitación forrada con pósters de esos tipos horrorosos, y un día abre la puerta de su casa y allí están ellos, a punto de colarse en su sala de estar.
Fuiste la envidia de cualquier fan al convertirte en su roadie durante tres giras. ¿Alguna anécdota memorable?
Sacha: Miles, pero elegiré una para que te hagas una idea. En la primera gira que hice con ellos nos hospedamos en un hotel de Albany, cerca de Nueva York. Sólo pudimos conseguir dos habitaciones dobles para los cuatro chicos del grupo y para mí, así que me tocó dormir en el suelo de una de ellas, pero no voy a decirte en cuál. Sus dos ocupantes estaban cada uno en su cama con una chica mientras yo intentaba dormir, tapándome los oídos con una almohada para no oír el ruido que hacían y las risas que se pegaban a mi costa los muy cabrones. En un momento dado uno de ellos se dirigió hacia mí, en plena faena, y gritó “Levanta la mirada, chaval, quizá aprendas un par de cosas”. Salí corriendo de allí y acabé durmiendo en la furgoneta.
–> Sigue leyendo la entrevista en Viceland.
Texto: Roger Estrada
Publicado en Vice (enero 2010)

Encara no l’he vist!!! I jo sí vaig crèixer amb la NWOBHM!!
rocks
15/01/2010 a 0:22
fliparas! és super emotiu! el rock és Anvil!
rogerestrada
15/01/2010 a 1:34