Archivo para marzo 2010
JACK ENDINO, SOBREVIVIR AL ESTRUENDO GRUNGE SIN PERDER LA CORDURA (2010)
El año pasado se cumplió el vigésimo aniversario de la edición del disco más significativo de la trayectoria de Jack Endino como productor. El día de Nochebuena de 1988, Kurt Cobain, Krist Novoselic y Chad Channing empezaron las sesiones de grabación del disco de debut de Nirvana, Bleach, en los Reciprocal Recording Studios de Seattle. Mr. Endino, el productor de la casa, ya era por aquel entonces el hombre más solicitado de la ciudad cuando algún grupo local quería plasmar en cinta sus canciones: Soundgarden, Green River, TAD o Mudhoney ya habían pasado por sus manos. Así, con un presupuesto de unos 600 dólares, en apenas 30 horas y usando un 8 pistas, Endino grabó el debut del grupo que iba a cambiar la historia de la música pop. Pero el boom, como todos sabemos, no se produjo con aquella primeriza, estruendosa, hiriente rodaja; sería Nevermind, la reválida producida por Steve Albini la que lanzaría a Nirvana al estrellato. Una fama que, por expansión retroactiva también acabó afectando/beneficando a nuestro interlocutor cuando Nevermind vio la luz en septiembre de 1991. Aquí en el Ruta hemos decidido no celebrar ni la efeméride de 1989 ni la de 1991, sino que preferimos establecer contacto con Endino (gracias a las gestiones de otra pieza clave del Northwest punk, Dave Crider de Estrus Records / Mono Men / DT’s) para, a partir de la exaltación de su prolífica producción de 1990 (ver recuadro adjunto), recorrer a lo largo y ancho una trayectoria que se inicia a principios de la década de 1980 como miembro de los seminales Skin Yard y cuyo (pen)último capítulo nos sitúa al denominado “padrino del grunge” a los controles de los discos de retorno de The Groundhogs y Sonics o calentando a los aficionados del snowboard en sus bolos pirenaicos como miembro de Kandi Coded, su nuevo grupo. Entre uno y otro extremo: 30 años y más de 200 producciones para algunos de los artistas más relevantes del rock alternativo reciente.
¿Cómo se están desarrollando las sesiones de grabación del nuevo disco de The Groundhogs y cómo entraste en tan inesperado proyecto?
Conocí a Tony McPhee —guitarrista fundador del grupo inglés; n.d.r.— en Gales hace unos 20 años, cuando coincidimos en Foal Studio, el estudio de grabación propiedad del bajista de Groundhogs, Dave Anderson. Era 1990 y yo estaba allí produciendo Highlives and Lowlives, el retorno de otros veteranos, Blue Cheer. Así que ahora es como si cerrara una historia que arrancó hace dos décadas. Las sesiones están yendo muy bien teniendo en cuenta que es el primer disco que graban en más de diez años. Y también me alegro de estar aquí porque de vez en cuando está bien salir de Seattle.
¿Y qué puedes avanzarnos de los temas que has producido para el EP de retorno de The Sonics?
Ha sido una experiencia interesante, peculiar. Estamos hablando de unos señores de unos sesenta tacos que hacía más de cuatro décadas que no entraban a grabar juntos. Aunque al principio les daba cierta pereza volver a la rutina del estudio, no tardaron mucho en demostrarnos a todos que siguen sabiendo como tocar. Y Gerry, aunque evidentemente su voz es más grave que cuando tenía 19 años, sigue pudiendo aullar sin sonar ridículo. El nuevo batería, más joven que el resto, ha sido gdecisivo para darle el empuje necesario a las nuevas canciones. Y eso ha sido lo más difícil para ello, escribir canciones a la altura de las expectativas. Ellos eran conscientes de esa presión, de que la gente estaba esperando también un sonido fiel al original, pero yo les dije “chicos, vosotros sois más viejos pero los equipos de grabación son más jóvenes, más nuevos”. Era imposible pretender que sonaran como los Sonics de 1965 porque no son los Sonics de 1965. Tengo ganas de ver cómo recibe la gente esas canciones, porque hay tres o cuatro que son excelentes temas de rock’n’roll. Leer el resto de esta entrada »
