ESTRUS RECORDS. ¡Tímpanos en llamas! ¡Tetas fluorescentes! ¡Monstruos a gogó!

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“Bellinghan, WA – Un incendio destruyó el almacén de Estrus Records, propiedad de Dave Crider. El fuego arrasó el local, así como la mayoría de su contenido, el incipiente estudio de grabación que Crider estaba construyendo en su interior y toda la sección de envíos por correo. El incendio también destruyó el equipo de la banda de Crider, los Mono Men, su colección personal de vinilos e ingente material de archivo. Los informes preliminares estiman que el valor total de las pérdidas podría alcanzar los 250.000 dólares por el almacén y su contenido, todo sin asegurar”.

Así informaba el periódico local The Stranger sobre el incendio que el 16 de enero de 1997 asoló el cuartel general de Estrus Records, reduciéndolo a cenizas. Sin embargo, hubo algo que no fue pasto de las llamas, un elemento intangible que ayudó a Crider y los suyos a sobreponerse a semejante devastación económica y emocional: el afecto de artistas, aficionados y colegas del gremio que se volcaron en sacar adelante todo tipo de iniciativas solidarias. 

“A pesar de lo terrible que fue, podría haber sido mucho peor”, me explica vía mail Crider. “Es cierto que perdimos MUCHA mierda, pero al final solo fueron «cosas», nadie resultó herido de gravedad. Fue y sigue siendo una gran lección de humildad que tanta gente estuviera dispuesta a ayudarnos a superar ese desastre”. Se organizaron conciertos benéficos en Seattle, Portland y Chicago, también en Tokyo, la ciudad fuera de Estados Unidos donde más bandas, once, han lucido el logo de Estrus en alguno de sus lanzamientos, como Teengenerate, The 5.6.7.8.’s, Thee Michelle Gun Elephant, Gasoline o Estrella 20/20.

Gasoline flaming high. Foto. Keith Marlowe

“Una cosa que la gente de mi edad o más joven puede no apreciar sobre las consecuencias del incendio es que entonces no existía GoFundMe ni ningún otro tipo de plataforma de crowdfunding que pudiera generar rápidamente una gran suma de dinero. Fue una reconstrucción larga y difícil, financiera y emocionalmente”. Quien así contextualiza aquel momento crucial en la historia del sello es Chris Alpert Coyle, periodista musical y co-autor junto al diseñador Scott Sugiuchi de Estrus: Shovelin’ the Shit Since ’87, el definitivo volumen –editado por Korero Press, con tapa dura y 256 páginas desbordantes de información y material gráfico– que repasa la historia y el imperecedero (y ensordecedor) legado de una discográfica sin la que no puede entenderse el garage-rock contemporáneo y sus diversos afluentes.

“Monté el sello para publicar el primer single de Mono Men pero muy pronto contamos con otros proyectos que creíamos debían ser dados a conocer. El plan de trabajo es sencillo: publicar discos de las bandas que me gustan y divertirme haciéndolo, eso es todo”. Con estas palabras y en estas mismas páginas (Ruta nº 78, noviembre de 1992) explicaba el propio Crider cual había sido la motivación fundacional de una disquera que por aquel entonces ya era reverenciada por espeleólogos viniloadictos de medio mundo como infalible manantial del más sónicamente abrasivo maná rocanrolero planchado en 12, 10 o 7 pulgadas, envuelto siempre con un artwork que podía provocar exoftalmia por sobreexposición a sus portadas.

¡Vrooooooooom! Art Chantry, artwork maestro

Aunque en los primeros años el diseño de buena parte de las referencias corrió a cargo de Phil White, en el momento de aquel primer encuentro rutero ya estaba cogiendo peso la figura de Art Chantry, director de arte durante los 80 de The Rocket, magazine gratuito editado en Seattle que fue crucial a la hora de dar a conocer la emergente escena musical del Pacífico Noroeste. Chantry acabaría diseñando portadas y posters para artistas de Sub Pop como Mudhoney, Soundgarden, Tad o Supersuckers, pero sus desavenencias con los capos del sello y una mayor afinidad con Mr. Estrus propiciaron el inicio de una fructífera colaboración, y una inquebrantable amistad, que todavía hoy perdura porque, según Crider, “ambos compartimos un aprecio mutuo por la cultura pop y trash en todas sus formas; somos camaradas de abono cultural, por así decirlo”.

Luchadores enmascarados, vixens fluorescentes, gángsters de medio pelo, bólidos quemando llanta y todo tipo de monstruos entre aterradores y adorables eran ensamblados por Chantry con recortes de anuncios y fotogramas vintage y rematados con juegos tipográficos que retropopulsaban cada artefacto físico a la condición de futura pieza de coleccionista. Wrecker! (Mono Men), Howl! (The Makers), Six Super Shock Soul Songs (Jack O’Fire),Haunted House Of Rock! (Satan’s Pilgrims), Dragsploitation…Now! (The Drags) o Pay The Deuce (Impala) son solo un puñado de ejemplos de la icónica rúbrica con que Chantry supo encapsular gráficamente la esencia del ethos propio de esas formaciones. Como detalla él mismo en las páginas del libro, muchas veces el catalizador de esos diseños surgía sobre el escenario: “Aprendí, al igual que Dave, que para entender a una banda hay que verla en directo, puedes absorberlo todo de ella fijándote en su puesta en escena”.

Man Or Astro-Man? circa 1994. Foto: Marty Perez

Un ejemplo perfecto de esto es el trabajo que empezó a hacer para Man or Astro-Man? después de asistir ojiplático a uno de sus aquelarres interestelares de surf-rock instrumental. Para su primer elepé de 1993,Is It… Man Or Astro-Man?, Chantry tuvo la oportunidad de colaborar con uno de los “grandes maestros olvidados” de la ilustración de ciencia-ficción: “Coleccionaba novelas de ese género porque me gustaban sus portadas; un día estaba repasando la estantería y me di cuenta de que todos los diseños eran del mismo tipo, Richard M. Powers (…) Hice mis pesquisas y descubrí que estaba viviendo en España, donde se había hecho un nombre como galerista. Le pregunté si podría crear una ilustración para la portada y se mostró encantado de que alguien menor de 30 supiera tan siquiera quién era. Le mandé una cinta de la banda y él me envió la imagen que usamos para la portada”.

Coco the Electronic Monkey Wizard –pseudónimo sideral del bajista del grupo Robert DelBueno– es uno de los testimonios que el compañero Rafa Suñén ha logrado pescar para servirlos frescos en un bloque adjunto; en él “Coco” habla de cómo se gestó aquel debut para Estrus, de su especial relación con Chantry y de cómo cada año aguardaban con especial emoción su aterrizaje en el escenario del Garage Shock, el festival de la escena garajera por antonomasia de la época, una demencial celebración de estrusismo a gogó que congregaba a desbocados fans durante un intenso y laaaargo fin de semana trufado de sangre, sudor y risas.

También de hedor fraternal, licores de todo tipo despachados en la barra de 3-B Tavern y amplificadores chamuscados tras enchufarse en ellos inclementes desolladores del calibre de The Mummies, Quadrajets, Oblivians, Monkeywrench, Dead Moon, Lord High Fixers, Cheater Slicks o Zen Guerrilla. Repasar las veinte páginas que el libro dedica a glosar con pelos y cicatrices la masacre anual del Garage Shock –que duró hasta 2001– le ponen a uno los colmillos largos y el culito prieto de envidia y pavor. 

Tim Kerr and the boys say hi!

Recuerdo perfectamente, eso sí, el primer artefacto sonoro de Estrus que sostuve con mis manos y es así porque, como en el caso de Chantry y sus novelas de ciencia-ficción, lo que me llamó la atención fue su portada, un expeditivo middle finger en blanco y negro contorneado por el nombre de una banda: The Makers. Editado en 1995, el tercer elepé del combo de Spokane, Washington, no entró en mi habitación de eterno adolescente hasta un año después, cuando peinaba ya 19 primaveras y hacía unos meses que devoraba con fruición las desopilantes páginas –también en B/N y añorada letra tamaño minion– de esta nuestra querida revista de mesita de noche / excusado. La peineta estampada por Chantry fue el explícito anzuelo, pero debo reconocer que no estaba yo preparado para asimilar tamaña explosión de garage-punk, una distorsionada bacanal de alaridos desquiciados, riffs culebreados y aporreos simiescos que –como supe después de suturarme los tímpanos– había sido grabada por un tipo llamado Tim Kerr a lo laaaargo de dos días –48 horas– en los Egg Studios, Seattle. 

Con el tiempo aprendería que el tejano Mr. Kerr era ya entonces una leyenda del punk rawk y el hardcore por su militancia en históricas formaciones como The Big Boys o Poison 13; para mi yo de 19 años, tras esa exposición a su sturm un drang sónico, era el cabrón responsable de la que fue seguramente mi primera experiencia con el tinnitus. Chris Alpert Coyle tamiza el dolor: “Kerr aportó mucho a Estrus tanto a nivel musical como espiritual. Su positividad es contagiosa; todos los grupos con los que hablé recordaban con cariño haber estado con él, ya fuera en el estudio, en un concierto o en cualquier otro lugar.”

Five Weeks Ahead of My Time (Suger Shack), Total Fuckin’ Blowout (Fireballs of Freedom), People Get Ready (The Mooney Suzuki), The Now Hustle For New Diaboliks (The Fatal Flying Guilloteens) o los debuts homónimos de Cherry Valence y Dexateens sirven de elocuente muestrario del denodado trabajo con que Tim Kerr hizo honor a su apodo, Noisemaker, imprimiendo su furibunda, cortante agresividad a los controles de varios de los más notorios artefactos que se fueron detonando desde Bellingham, WA, hasta que el sello entró en hibernación –de edición, que no de operaciones– en 2005. 

The Mooney Suzuki, favoritos en chez Estrada.

“Los mp3 estaban de moda –recuerda Alpert Coyle–. Tener un iPod completamente cargado con 12.000 horas de canciones era la nueva forma oficial, aprobada por Bono, de consumir música. No solo podías acceder a toda tu colección con un dedo, sino que podías eliminar las canciones que no querías. Menos de una década después, la forma más popular de consumir música es alquilar tus canciones favoritas con una suscripción mensual. Es repugnante.” ¿Y nuestro querido Dave qué tiene que añadir? “El ‘modelo’ de la música digital me interesa absolutamente CERO. Quiero decir, lo entiendo, todo es cuestión de facilidad y comodidad… Todo ordenado, a la mierda, lo que sea. Podría seguir, pero mejor me limito a golpear las nubes con mi puño.” 

Sin duda el picoteo del scrolling selectivo no puede equipararse al ritual arcano de extraer de sus gloriosas fundas las rodajas disparadas a la estratosfera por Estrus para someterse a ellas de cabo a rabo. Nada comparable tampoco a la experiencia sensorial –mirar, tocar, oler, ¿lamer?– que proporciona la Biblia publicada por Korero Press. Despidamos esta fulgurante síntesis de sus versículos cediéndole la palabra a otra protagonista clave en esta historia, Bekki Crider, cómplice desde los inicios y esposa-para-todo en Estrus: “Estoy feliz de que haya un registro permanente en forma de libro que pueda dar a la gente una idea de la maravillosa creatividad, el entusiasmo y el amor por la música y el arte que fueron la fuerza impulsora de Dave y todos los involucrados en Estrus. También de lo que se puede lograr con dedicación, trabajo duro y el fomento de las conexiones con personas de ideas afines de todo el mundo.”
Notas:
_ Podéis leer las entrevistas completas con Dave Crider y Chris Alpert aquíThanks once again, guys!

_ Estrus: Shovelin’ the Shit Since ’87 está a la venta en la web de Korero Press.

Texto: Roger Estrada
Publicado en Ruta 66 (abril 2024)

Big-Bang: The Mono Men, 1990. Foto: Donnie Rubenback.

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