Archivo para la categoría "Mofo"
ALI SMITH, SIN ARTIFICIO (2007)

Jon Spencer en su faceta Heavy Trash
Ali Smith es una de las artistas más inquietas surgidas de la escena musical neoyorquina en estos últimos veinte años. Durante casi una década fue la tercera en discordia en el núcleo duro que formaban Matt Verta-Ray y Ron Ward al frente de Speedball Baby, grupo de culto a medio camino entre el garaje-rockabilly y el punk-blues arty que facturó tres potentes discos – “Cinema”, 1996; “Uptight!”, 2000; “Cinema”, 2002 –, antes de desaparecer ante la indiferencia de un público mayoritario que justo empezaba a volver al rock a rebufo del “Is this it?” de The Strokes. Verta-Ray se juntó con su viejo amigo Jon Spencer para dar vida a ese divertimento alocado e intoxicante bautizado como Heavy Trash. Ali Smith se unió a la juerga liberadora poniendo voces y disparando una metralla distinta a la que escupía su bajo cuando formaba la sección rítmica de Speedball Baby: el objetivo de su cámara retrató a los chulapos para el libreto de su único disco hasta la fecha. Paralelamente a su carrera musical, Smith ha desarrollado una quizá más reconocida trayectoria como fotógrafa y realizadora, faceta que ha tenido sus inevitables puntos de conexión con el mundo de la música. Ha sido la responsable de las fotos que ilustran discos de Chrome Cranks, Subsonics, Knoxville Girls, Parker & Lily, Velvet Crush o Kid Congo Powers y ha retratado para revistas como Rolling Stone, SPIN, Guitar Player o Time Out New York a artistas como The White Stripes, The Donnas, Devendra Bahart, Muse, Superchunk, Peter Murphy o Kim Shattuck (The Muffs). Sus retratos, sin embargo, no se limitan a plasmar en imágenes sus vivencias yendo de gira con Speedball Baby teloneando a Lemonheads, JSBX o Firewater; su capacidad expresiva se desdobla con la palabra escrita, como demuestra un revelador artículo sobre una accidentado concierto en Croacia en los estertores de la Guerra de los Balcanes. Pero donde su poliédrico talento ha alcanzado mayor notoriedad ha sido en los dos libros de fotografías que ha publicado hasta la fecha: “Sophie’s Bar”, crónica de sus años como camarera en el Lowe East Side neoyorquino, y “Laws of the Bandit Queens”, ambicioso proyecto nacido, según sus palabras, con el objetivo de encontrar una comunidad de mujeres que le inspirara. Una reseña lo alabó como “el homenaje de nuestra generación a las numerosas mujeres fuertes, inteligentes y extraordinarias cuyas acciones han ayudado a lograr un cambio positivo y una revolución en el pensamiento”.
En los últimos años, Ali ha compartido vida sentimental y musical junto a Steve Almaas, artista también tocado por la necesidad de explorar el arte de forma transversal y heterogénea. A mediados de los 70, formó junto a Chris Osgood y Dave Ahl el grupo de post-punk The Suicide Comandos (disco esencial: “Make a Record”, 1978), muy influyente en la escena de Minneapolis que vería nacer a Hüsker Dü, Replacements o Soul Asylum; en los 80 se escoró hacia la emergente escena roots como integrante de Blue Rodeo (disco esencial: “Home In The Heart Of The Beat”, 1986) y tras su disolución se lanzó en solitario como singer-songwriter de amplios registros y voluntad de recuperación de los antepasados del Americana, en sintonía con otro arqueólogo inspirado como Dave Alvin. Los tres álbumes que ha grabado para el sello Parasol – “Kingo a Wild One”, 2000; “Steve Almaas & Ali Smith”, 2002; “You Showed Me”, 2006– son de obligada escucha para cualquier amante de ese cruce de caminos sonoro en que confluyen country, pop, folk y blues. Al poco tiempo de colaborar de nuevo en el último disco de Almaas, Smith decidió poner fin a la relación y seguir adelante con nuevos proyectos fotográficos y musicales; la creatividad como válvula de escape, el arte como bálsamo para cicatrizar las heridas de la vida. Leer el resto de esta entrada »
HOWE GELB (GIANT SAND; 2005)

“Está nevando… Qué visión más hermosa”. A través del móvil, Howe Gelb describe lo que sus ojos observan a través del amplio ventanal que tiene enfrente suyo. Conecto con él justo cuando trata de encontrar un sitio libre en un café de Copenhague. Su voz, cavernosa, transmite una serenidad encomiable, propia de un hombre que gusta de elegir las palabras con detenimiento, para así vertebrar un discurso que aúna fluidez con elocuencia, el verbo como fiel transmisor de una mente despierta y ávida de conocimiento y experiencias. Así suenan también sus canciones, vivaces porciones musicadas donde se condensan retazos de una existencia, la suya, marcada a fuego por las personas que con ella se han cruzado, siempre con los poros abiertos para impregnarse de las gentes y los lugares que ha conocido. “En Europa me siento como en casa, tranquilo y en paz”, apunta tras sorber con detenimiento un poco de café expresso. Pese al fundamental rol que en su arte ha jugado la vida en contacto con el desierto, Gelb prefiere definirse como un “espíritu nómada”, pegado a sus raíces, pero sabedor que la riqueza espiritual del ciudadano no puede ser delimitada por unas fronteras artificiales.
La discografía gelbiana abruma hasta al coleccionista más minucioso, seguirle el rastro a su extensa producción es una ardua tarea que, sin embargo, ayudará al osado a obtener una visión más ecuánime de este singular vecino de Tucson, Arizona. Porque no todo es cegador oro lo que brilla en el baúl de sus grabaciones, abundan los diamantes en bruto, las colecciones toscas y abruptas que obligan al oyente a aplicarse en una escucha quizá no cómoda, pero a la postre enriquecedora. Por todo ello, no es de extrañar que fuera “Chore of enchantment” (V2 / Thrill Jockey, 2000) el disco que finalmente, tras más de veinte años de encuentros y desencuentros con la industria y el público, les abriera las puertas de un mayor reconocimiento, un acto de justicia histórica para con Giant Sand, una banda que, como ninguna otra, había definido el carácter poliédrico de la música norteamericana de los últimos cuatro lustros. Ese álbum, el más “pop” de su trayectoria, marcó, ironías del destino, el punto y final de la asociación de Gelb con la base rítmica formada por John Convertino y Joey Burns, sus escuderos durante más de una década y agentes principales del sonido –quebrado y rocoso, torrencial y arenoso, a la vez- gestado por la banda durante la década de 1990 en discos como “Ramp” (Restless, 91), “Center of the Universe” (Restless, 92), “Purge and slouch” (Restless, 93) o “Glum” (Imago, 94). Esquivo a ser etiquetado, enemigo del encajonamiento estilístico, en el “sonido Giant Sand” confluyen múltiples aromas y sabores en una suerte de brebaje balsámico cuya composición aunaría pinceladas de country, free-jazz y rock 70’s, una fórmula no escrita que les condujo a pasar de puntillas por escenas como la del nuevo rock americano, el grunge o el americana. Leer el resto de esta entrada »