Archivo para la categoría "Ruta 66"
WOODEN SHJIPS, TRASPASANDO EL PUNTO DE NO RETORNO (2011)
Localizo a Dusty Jermier en movimiento. El bajista y trompetista del cuarteto californiano responde al teléfono subido en la furgoneta que conduce a Wooden Shjips a su próximo concierto en Rouen, al norte de Francia. Lo desconozco cuando rompo el hielo preguntándole por West (Thrill Jockey / Popstock!), el tercer álbum en estudio de los de San Francisco, pero a lo largo de la media hora que conversaré con él la idea del viaje como fuente de conocimiento y enriquecimiento personal será el motor de nuestra charla. Porque hay mucho de aventura, de riesgo y atrevimiento tanto en su historia como en la del grupo al que se unió cuando el cabecilla Erik “Ripley” Johnson (también al frente de los paranormales Moon Duo) le invitó a dejar un anterior proyecto de rock experimental sesudo para lanzarse hacia lo desconocido junto a Omar Ashanuddin (batería) y a Nash Whalen (órgano). Aceptó el reto y lo que nació como un grupo retraído, incapaz en sus inicios de dar conciertos por timidez (¿!), ha ido evolucionando con paso firme y sin ataduras hacia dar con los Wooden Shjips de West, sin duda el trabajo más rotundo de su trayectoria. Con la ayuda de un productor externo y con Sonic Boom encargándose del máster final, las señas de identidad de los de Frisco (espirales de fuzz, sección rítmica implacable y monocorde, ruidismo pantanoso, blues psicodélico para danzar en trance) supuran por los altavoces de tu equipo hasta anegar el habitáculo donde hayas decidido pincharlo para sumergirte en un viaje sónico que marca el punto de no retorno desde el momento en que clavas la aguja en el vinilo.
¿Cuáles fueron los rasgos distintivos que diferenciaron la grabación de West de vuestros anteriores trabajos?
Un cambio significativo fue contar por primera vez con un ingeniero de sonido, Phil Manley, lo que nos permitió olvidarnos de cómo estaba sonando todo y focalizar nuestra atención en la música en sí. En este sentido, el hecho de grabar, también por primera vez, en un estudio profesional y no en nuestro local de ensayo también es algo que acabó beneficiando al sonido del disco. Creo que si West suena más compacto o definido es gracias a estos dos factores. Leer el resto de esta entrada »
TY SEGALL, TERAPIA DE POP (2011)
Ty Segall: 25 referencias discográficas en 3 años y una discografía previa como miembro de grupos como Epsilons, Traditional Fools o los más reconocidos Sic Alps. Ty Segall: 23 años, una cabeza hirviendo canciones a cada minuto y unas ganas inmensas de seguir abriendo su corazón en cada una de ellas. Han sido 3 años fulgurantes para él y para aquellos que hemos seguido de cerca su ascenso creativo. Se le suele comparar con el malogrado Jay Reatard por su precoz voracidad, su filiación garage-rock y una misma voluntad de dejar atrás el ruido para abrir sus canciones hacia melodías más pop. Pero aunque ambos vehicula(ba)n la complejidad de sus personalidades a través de canciones rock, el apacible, cercano Ty Segall que responde a mis preguntas en un hotel cercano al recinto del Primavera Sound poco o nada tiene que ver con ese inquieto, incómodo Jay Reatard que me disparó sus respuestas en ese mismo festival pocos meses antes de su dolorosa desaparición.
Ty Segall presentaba esa noche algunas de las nuevas canciones de Goodbye Bread (Drag City, 2011), un álbum de sonido más cercano al rock clásico –con rugiente guitarra y voz en reverb, eso sí– y alejado de la saturación lo-fi de la cual fue abanderado en sus dos primeros trabajos, Ty Segall (Castle Face, 2008) y Lemons (Goner, 2009). Fueron ésas dos abrumadoras muestras de su incontinencia creativa donde las canciones se atropellaban en rodajas de poco más de 20 minutos y su voz emergía tímida cual acople de fuzz. Su vecino John Dwyer –líder de dos de las bandas más representativas de la escena garage-rock de San Francisco, los añorados Coachwips y los emergentes Thee Oh Sees–, le recibió con los brazos abiertos, claro. Pero él quería hacer crecer su música, quería crecer con su música. Melted (Goner, 2010) fue un primer paso en esa nueva dirección que ahora afronta con determinación y seguridad a raudales en Goodbye Bread. Auténtico hombre-orquesta cuando se encierra en el estudio, Segall despliega todas sus habilidades como guitarrista-batería-productor en un derroche de bravura digno de su idolatrado T-Rex –al que ha tributado en el reciente EP Ty Rex editado por Goner-, otro precoz (y malogrado) talento que se entregó al mundo para reconciliarse consigo mismo. Disfrutemos pues del presente en continuo movimiento de Ty Segall, un artista cuyo futuro esperemos sea infinito.
Tu ritmo de producción es asombroso, ¿de dónde surge esa necesidad de editar material nuevo cada poco tiempo?
Para mí es como una terapia. Tengo tres vías para ayudar a mi cerebro a superar los problemas, ya sean triviales o realmente jodidos: tocar la batería, hacer surf y escribir canciones. En especial esta última me ayuda a aislar los miedos, a desgranar las inseguridades o a exaltar las alegrías y así separar las múltiples emociones que me asolan a lo largo de la semana. Es como si al escribir canciones ordenara el caos emocional que se acumula en mi cabeza.
Y cuando reescuchas tus discos anteriores, ¿cómo te sientes al ver reflejado tu pasado en ellos?
Han envejecido tanto (risas). El primer disco que grabé bajo mi nombre suena exactamente a como yo era por aquel entonces: joven, alocado, fiestero. Está bien por lo que sigue significando como captación de un instante de mi vida y también porque al reescucharlo me digo “ok, así era yo entonces; ahora soy otra persona, no quiero hacer otro disco que suene así”. Pero, sinceramente, no suelo escuchar mis discos anteriores, me siento un poco raro al hacerlo…
Intuyo que para Goodbye Bread pisaste un poco el freno y te tomaste tu tiempo para planificar cómo querías que sonaran tus nuevas canciones. ¿Cómo has vivido todo el proceso de concepción y grabación del álbum?
Ha sido el disco al que le he dedicado más tiempo, sin duda; han sido casi seis meses, todo un récord para mí. Debo admitir que no soy la persona más segura del mundo y he tardado años en tener la suficiente confianza como para poder afrontar un álbum como Goodbye Bread. En el anterior probé tímidamente a asomar la cabecita, a no esconder mi voz bajo tanta distorsión; pero sin duda el paso definitivo, el salto al vacío, ha sido ahora. Sigo teniendo mis miedos, claro, pero quizás ahora, por primera vez, me siento convencido de lo que canto. Espero que la gente valore el esfuerzo que le he puesto a mis nuevas letras, aunque quizá sea la primera vez que se entienda bien lo que canto (risas). En cuanto al sonido, este es sin duda mi disco más limpio, más desnudo. A mí me gusta como suenan los viejos discos de Neil Young, hay en ellos una nitidez quebradiza que te golpea en la cara con mucha más intensidad que otros álbumes sobreproducidos y estruendosos, pero sin duda mucho más vacíos, sin alma. Leer el resto de esta entrada »
MY MORNING JACKET, THE JAYHAWKS, THE BLACK KEYS (2011)
CUANDO EL OJO SINTONIZA CON MY MORNING JACKET
La imagen que ilustra la portada de Circuital corresponde a un antiguo dispositivo electrónico conocido como Magic Tube Eye. Implantado en los aparatos de radio estadounidenses a mediados de 1930, este “ojo mágico” le servía al radioyente para sintonizar correctamente en su recorrido por el dial. A mayor intensidad lumínica irradiada por el MTE, mejor se oiría la emisora seleccionada. Y es que los ojos, los nuestros, también juegan un papel fundamental a la hora de sintonizar la grandeza de My Morning Jacket. Es una de esas bandas que alcanza su cénit creativo cuando reelabora en directo lo trabajado en estudio. Es una de esas bandas que a través de la puesta en escena de su cancionero es capaz no solo de captar a nuevos fieles sino de convertir en devotos a aquellos que eran escépticos ante sus discos. Mi primera experiencia visual con lo que los de Jim James eran capaces de hacer sobre un escenario no fue, sin embargo, en directo. Fue en YouTube, esa inmensa ventana virutal con la que los ojos de medio planeta sintonizan en búsqueda de nuevos impactos visuales. En mi caso fue un clip de su actuación en el show televisivo Late Night with Conan O’Brien. Play…
Tras la rutinaria presentación del simpático pelirrojo, la cámara nos ofrece un plano general picado del escenario, donde los cinco de Louisville están a punto de atacar un tema. Al arrancar los primeros acordes de «One Big Holiday», la cámara desciende hasta situarse al lado de un James que, con la melena cubriéndole el rostro, se encomienda a su guitarra Flying V para disparar el envolvente punteo inicial del tema. A partir de ahí, mi ojo no puede, no quiere parpadear. Patrick Hallahan aporrea la batería como un animal; Carl Broemmel riffea sacudiendo la cabeza y clavando la mirada en su púa; Two-Tone Tommy, otro melenas, agita vacilón su bajo; y, sentado en un taburete pero no por ello más comedido, Bo Koster le da al teclado con ímpetu. Y es entonces cuando irrumpe esa voz. Como si fuera un géiser surgiendo desde las entrañas de Kamchatka o un lobo marino aullándole a la luna desde las Galápagos, el melenudo de Louisville abre un cráter en medio del escenario para soltar su iridiscente lava: “Wakin up feelin good and limber / When the telephone it ring”… Y lo que sigue es difícil de describir sin abusar de hipérboles que contaminen la grandeza de lo acontecido en ese plató. Buscadlo y contadme, por favor.
La cuestión es que aquel vídeo, repetido hasta la saciedad en mi fanático ordenador, quedó borrado de un plumazo cuando tuve la oportunidad de escuchar con mis oídos y ver con mis ojos a MMJ interpretando «One Big Holiday» en directo. Fue el 2 de septiembre de 2006 en el Azkena Rock Festival. Poder verles por primera vez en directo y en ese instante crucial de su trayectoria –presentaban Z– es algo que agradeceré eternamente a los organizadores del festival. Dejarme envolver por la magia de sus canciones más hipnóticas, ensoñadoras y lanzarme al epicentro de sus canciones más fieras, torrenciales, todo ello bajo el cielo estrellado de Vitoria, es algo que no olvidaré jamás. Lo llevo grabado a fuego en las retinas y en el corazón.
THE BLACK LIPS (2011)
Sinceramente, me cuesta encontrar algo más que añadir a lo que escribí en el pasado número de mayo, ese desbocado panegírico a propósito de las excelencias de un disco, Arabia Mountain (Vice / Music As Usual), que oficialmente sale a la venta el día 7 de este mes de junio. Podría traer a colación aquí mis impresiones sobre su concierto de presentación en Barcelona pero, maldita sea, escribo estas líneas tan solo a cuatro días del evento y la futurología todavía no figura en mi lista de virtudes (verborrea, egocentrismo, etcétera). Así que, tras recordar que el sexto álbum de estudio del cuarteto de Atlanta ha sido producido por el británico Mark Ronson (el hechicero del Back To Black de Amy Winehouse), cerraré esta introducción tirando de otra de mis virtudes, la vagancia, para recuperar una frase de aquella reseña (disco del mes, Ruta 66 nº282): “Arabia Mountain, (es) el disco con el que Black Lips han recuperado al unísono el entusiasmo de sus inicios y las ganas de seguir creciendo como músicos. Nunca han sonado tan bien y eso, digan lo que digan los ayatolás del lo-fi, solo puede ser bueno”. ¡Home run!
Tengo entendido que nos quedasteis especialmente satisfechos con vuestro anterior disco, 200 Million Thousand.
Jared Swilley: Ese disco apesta. Todos lo odiamos. Lo hicimos demasiado rápido, en unos diez días, el tiempo justo antes de volver a salir de gira. Hay un par de temas que me gustan, poco más. Tan buen punto finalizamos la grabación tuve la sensación de que no habíamos conseguido lo que queríamos. Salí del estudio con una mezcla de tristeza y enfado y ésa no es una buena señal. Íbamos tan apurados de tiempo, todo a nuestro alrededor se sucedía con tanto frenesí, que fuimos incapaces de conseguir un poco más de tiempo en el estudio para corregir defectos o grabar algún tema nuevo. Pero en parte fue por culpa nuestra, no planificamos bien nuestro calendario, no le destinamos el tiempo necesario a grabar en condiciones y eso quedó reflejado en el disco. Ese año nos pasamos 10 meses y medio de gira; así es imposible trabajar en un disco de forma óptima.
Intuyo que la colaboración con un productor externo por primera vez en vuestra carrera guarda relación con esa voluntad de querer hacer las cosas de otra manera en el estudio. ¿Cómo entró Mark Ronson en escena?
Tras once años grabando prácticamente solos en el estudio, fue estupendo poder contar con una opinión extra sobre lo que íbamos haciendo. Nuestro encuentro con Mark fue una de esas cosas maravillosas que pasan de tanto en cuanto. Nosotros comentamos a la gente de Vice, nuestro sello, que nos gustaría contar con él para que nos ayudara con el disco. Paralelamente Vice estaba metido en el proyecto colaborativo The Creators Project y Mark fue uno de los creadores invitados a participar. Le trasladaron nuestra petición y él aceptó. Una curiosa coincidencia, sin duda; estaría escrito en algún sitio que el destino tenía que unirnos (risas). Leer el resto de esta entrada »
THE BLACK LIPS: “ARABIA MOUNTAIN” (2011)
THE BLACK LIPS
“Arabia Mountain”
Vice / Music As Usual
“200 Million Thousand apesta”, me suelta Jared Swilley (cantante – bajista) desde el otro lado del hilo telefónico. “Odiamos ese disco. Lo hicimos demasiado rápido, en unos diez días, el tiempo justo antes de volver a salir de gira. Hay un par de temas que me gustan, poco más”. Es evidente el descontento de Swilley con el anterior álbum de los Black Lips, un trabajo que en su momento se nos presentó como bosquejo apresurado, como grabación sin depurar y lanzada al mundo para seguir cumpliendo con su habitual ritmo de un disco cada dos años y su cada vez más asfixiante agenda de conciertos. Pero cuando uno piensa, dice que su disco apesta es que algo no funciona. Paren máquinas. ¿Quiénes somos y a dónde vamos?
Black Lips no deberían necesitar presentaciones en estas páginas. No porque generen consenso unánime en la redacción ni entre nuestros lectores. Ni tampoco porque su carrera haya sido seguida con igual entusiasmo por aquellos que los abrazaron cuando esta ruta se trazaba en blanco y negro. Los de Atlanta no deberían necesitar presentaciones porque, más allá de gustos, filias y fobias, nadie con un atisbo de criterio, con cierta capacidad para tamizar la producción musical de la última década, podrá negarles su estatus como referente dentro de la renovación, cultural y mediática, del garaje-rock. En parte gracias a su denodada labor —desde las catacumbas con pedigrí de Bomp! a la pátina cool de Vice—, este (sub)género ha vivido un auge mediático que ya hubieran querido para sí anteriores puntales del revival garajero, de Cynics a Oblivians, pasando por Chesterfield Kings, Lyres o The Makers. Leer el resto de esta entrada »
TED LEO, LA PUGNA DIARIA CONTRA LA DECEPCIÓN (2011)
Todo un referente dentro de la (auténtica) escena independiente estadounidense, Ted Leo lleva dos décadas aferrado a su guitarra, mutando del hardcore puro y duro de Citizens Arrest al mod-punk con ribetes emo de Chisel hasta llegar al indie-rock con mayor vocación pop del grupo que lidera desde finales de los 90, Ted Leo & The Pharmacists. Pese a la evolución de su discurso en el plano musical, siempre ha mantenido inquebrantable su visión crítica frente a la vida y la realidad sociopolítica que le ha tocado vivir. The Brutalist Brick (La Castanya, 2010), su último trabajo, es uno de los ejemplos más vívidos de su capacidad para extraer del tormento, de las dificultades de un tipo corriente como él, lecciones de vida en forma de vigorizantes píldoras de rock que le dan fuerzas, tanto a él como al resto de tipos corrientes que le escuchan, para seguir levantándose cada día de la cama. Este mes nos visita, el tipo sin duda se merece un abrazo, ya verás…
Me gustaría empezar pidiéndote que echaras la vista atrás y me contaras cómo viviste 2010, un año de resurgimiento tras los problemas que viviste hace un tiempo.
¡Vaya pregunta! Es difícil contestar a eso porque cuando te mantienes ocupado no puedes permitirte el lujo de detenerte a dar respuesta a las grandes preguntas que podrías plantearte después de un año como ése. Por ejempo, cuando Touch & Go se fue al garete estaba inmerso en la grabación de mi siguiente disco; fue un golpe duro pero luché por sobreponerme y mirar hacia delante para seguir ofreciendo la mejor música que pueda.
Sin embargo comentaste en una entrevista que te planteabas dejar la música por un tiempo, lo que alertó a tus seguidores. ¿Crees que el auge de las redes sociales incide en que a veces un comentario puntual genere una incontrolable y no deseada alarma?
Sin duda aprendí mucho con todo el revuelo que se generó. Ya no vivo en esa época en que intercambiaba e-mails con algunos fans que se me acercaban después de los conciertos. Hoy, las conversaciones a pie de escenario son amplificadas enormemente a través de las redes sociales. Así que ahora me lo pienso un poquito antes de soltar en mi twitter lo primero que me viene a la cabeza (twitter.com/tedleo cuenta con más de 18.000 seguidores; ndr).
¿Podría decirse que The Brutalist Brick ha sido para ti un disco terapéutico, que en él has vaciado, digerido y exorcizado las experiencias más duras de estos últimos tres años?
En cierta manera sí, aunque el anterior, Living with the Living, ya fue un disco bastante intenso en cuanto al contenido de las canciones. Pero sí que es cierto que en The Brutalist Brick hay mucho de autolimpieza, pero no mirando al pasado y lamentándose sino más bien viviendo el presente de forma más conciente y con mayor intensidad. Cada instante, cada experiencia por vivir es un nuevo momento a disfrutar plenamente, siempre puedes empezar de cero donde y cuando quieras. A veces es la única opción que te queda, agarrarte a lo que tienes y no lamentarte por lo que crees que deberías o podrías tener.
¿Y qué instantes o conciertos de la gira de presentación del disco te han servido para ir recargando las baterías cuando empezaban a flojearte las energías o cuando estabas más bajo de ánimos?
Los shows que dimos justo después de editar el disco fueron una experiencia inolvidable, en especial la semana que compartimos con una banda amiga de Nueva Jersey, Screaming Females. Las adoro porque personifican esa energía de la nueva juventud de la ciudad donde crecí. Lo especial de aquellos días, de aquellos conciertos fue que unas chavalas que se declaran fans nuestras nos estaban sirviendo de estímulo a nosotros. Si cuando ves a una banda joven dándolo todo cada noche eso no te motiva a dar también lo máximo de ti probablemente deberías dejar de tocar (risas). Otro acontecimiento revelador fue actuar en el Siren Festival de Coney Island, en Nueva York, el pasado verano. Por esa época estaba bastante deprimido, en una fase negativa de las mías, dudando de mis canciones, del grupo, de la vida en la carretera… Pero me olvidé de todo al salir al escenario y sentirme arrollado por el rugido entusiasta de las 15.000 personas que allí había. No solemos actuar ante tanta gente y su respuesta fue tan increíble que para mí fue un chute de adrenalina y autoestima inolvidable. ¿Y me dejas darte un tercer momento? Leer el resto de esta entrada »
THE THERMALS, AGITANDO CONCIENCIAS A GUITARRAZOS (2011)
Formados en Portland, Oregón, The Thermals es esencialmente cosa de dos, Hutch Harris y Kathy Foster, artífices de un indie-rock melódicamente rabioso y con vocación de narrar con hiriente sinceridad las tormentas que nos agitan en lo social (escúchese su capital The Body, the Blood, the Machine) y en lo personal (nunca tan explícito como en su reciente Personal Life). Quizá hayan rebajado el fulgurante crujir guitarrero de sus inicios, pero con cinco discos a sus espaldas poseen una de las discografías más sólidas del circuito alternativo yanqui. La repasamos con la señorita Foster…
Me encantó el apasionado editorial que escribiste para Impose Magazine acerca del encanto que tiene grabar en un cuatro pistas. Háblame de la importancia que tuvo esa grabadora en vuestros inicios.
Antes de formar The Thermals, Hutch y yo grabamos en un ocho pistas un disco titulado Hutch And Kathy (reeditado por Sub Pop en 2007; ndr). Fue un proceso muy lento y laborioso, nos llevo casi un año. Como reacción a ese disco, Hutch decidió grabar un disco que fuera todo lo contrario, inmediato, rápido y ruidoso. Se encerró en su casa con su cuatro pistas y en unas pocas semanas salió de allí con el primer disco de The Thermals terminado. Empezó a pasar las canciones entre amigos y conocidos y la respuesta fue tan positiva que decidimos formar el grupo para tocar en directo. Hemos vuelto a grabar en ocasiones en un cuatro pistas; escribimos un tema, nos enchufamos al cuatro pistas y es fascinante cómo suenan las canciones cuando las trabajamos así.
Creo que la inmediatez de vuestras canciones y la vitalidad que irradiáis al tocarlas, tanto en disco como en directo, es una de las claves de vuestro “sonido” y de porqué conectáis tan intensamente con vuestros fans. ¿Estás de acuerdo?
No hay mayor satisfacción para un músico que sentir que la gente responde a sus canciones; es lo que me mantiene con ganas de seguir grabando y actuando. Existe la conexión física que puedes notar cuando estás subido en el escenario y ves a la gente bailando, cantando, sudando al ritmo de tu música. Y existe otra conexión, más íntima y personal, que es la que cada espectador, cada oyente establece con las canciones; son como pequeñas historias diferentes, ya que cada uno se hace suyas las canciones a su manera, interpretándolas de una forma que no tiene porqué ser exacta a la nuestra, pero sigue siendo igualmente válida. Leer el resto de esta entrada »
EDDY CURRENT SUPPRESSION RING – “RUSH TO RELAX” (2010)
“Eso es la televisión, Sammy. Es lo que ves cuando no tienes cerebro, como tú y yo”. En 1986, la película Dogs in Space de Richard Lowenstein capturaba de forma abrupta y caótica el nihilismo de la legión de jóvenes descarriados que a finales de los 70 vagaba por los suburbios de Melbourne. Convertida en bizarra pieza de culto del cine antipódico, la película narraba la historia de Sammy (interpretado por Michael Hutchence de INXS), personaje de atribulada personalidad e indudable magnetismo que se inspiraba vagamente en Sam Sejavka, frontman de la banda The Ears, una de las muchas surgidas bajo el manto de desarraigo existencial que asfixiaba a la juventud de Melbourne. En ese caldo de cultivo se gestó la escena de las Little Bands, conglomerado de ignotas formaciones afiliadas al post-punk, todas ellas hermanas menores de héroes locales como Primitive Calculators, Wirlywirld o The Boys Next Door / The Birthday Party. En 2009, Sejavka sería uno de los testimonios elegidos por Lowenstein para vertebrar el documental We’re living on dog food, fulgurante viaje en el tiempo construido a partir de los recuerdos de Ollie Olsen (Whirlywild), Philip Brophy (Tsk Tsk Tsk), Bruce Milne (del sello Au-Go Go) o el tristemente desaparecido Rowland S. Howard. Leer el resto de esta entrada »
JACK OBLIVIAN & HARLAN T. BOBO, DOS TONTOS MUY LISTOS (2010)
Jack y Harlan, Harlan y Jack. ¡Vaya par! Poseedores de un particular carisma, mezcla de sureña ironía y sureña elegancia, Yarber y Bobo estaban destinados a conocerse. Y a hacerlo donde lo hicieron y como lo hicieron… y a dar cada uno una versión distinta del encuentro cuando se les pregunta por ello (ver respuesta número 1). Jack Yarber no necesita presentación entre los fieles lectores ruteros ya que aquí se le viene reverenciando desde a que principios de los noventa formara, junto a Greg Cartwright, esos Compulsive Gamblers a reivindicar siempre, como hicieron The Hives con una macanuda versión de su «Stop and Think It Over». Tras grabar varios singles que no gozaron de la repercusión que sin duda merecían (su apropiación del «Way Down in the Hole» de Tom Waits es estremecedora), Yarber y Cartwright se confabularon con su colega Eric Friedl, dueño del fundamental sello de Memphis Goner Records, para alumbrar ese trío majara que llevaba por nombre Oblivians. Su descacharrante, primitiva exhumación de un sonido (revoltillo garaje-punk a base de r’n’r paleolítico, blues algodonero y soul cavernoso) olvidado por aquel entonces, les granjeó el beneplácito de la crítica y el fervor de un público sediento de brebajes sin adulterar pero altamente tóxicos para el alma y las caderas. Encadenando el fin de Oblivians con la reformación de Compulsive Gamblers, con el cambio de milenio Carwright y Yarber empezaron a buscarse el pan cada uno por su lado. El primero concentró sus esfuerzos en Reigning Sound, acaso una de las mejores bandas de rock’n’roll surgidas en EEUU en la última década. Y Yarber, injustamente ensombrecido por el prestigio de su ex compañero, siguió adelante con su característica parsimonia y restregando su culo de mal asiento en un sinfín de proyectos, a cual más excitante para el oyente igual de inquieto que él: The Tearjerkers, Knaughty Knights, Soulth Filthy, The Cool Jerks, ’68 Comeback, Natural Kicks, The Brand New Love Affairs… El disco que viene a presentarnos este mes, Disco Outlaw (Goner), es el perfecto epítome de lo andado por este forajido made in Memphis, involuntaria personificación de lo cool.
A todo esto, un buen día (a determinar, aunque Yarber parece acordarse mejor) de hace ya unos años, Harlan T. Bobo se cruzó en su camino. Romántico embaucador, trotamundos del rock y la vida, Bobo llegó a Memphis y encandiló a la parroquia local con su afilado sentido del humor y sus múltiples habilidades (de clown a carpintero, oiga). Uno de los que se fijaron en él fue Nicholas Diablo, otro tipo a su puta bola que se estaba haciendo un hueco en el subsuelo local al frente de Viva L’American Death Ray Music. Para la grabación de su tercer disco, el inconmensurable Smash Radio Hits (Misprint, 2002), Bobo entró como bajista, contrapunto perfecto para la atribulada naturaleza de Diablo, como se pudo comprobar en su primera visita por estos pagos. Pero Bobo quería más, hervía en su interior un pantano emponzoñado de fracasos sentimentales y alcohol. Su debut, con el revelador título de Too Much Love (Goner, 2006), fue disco del año para quien esto escribe. Tras el no menos explícito y desgarrador I’m Your Man (Goner / Houston Party, 2007), ahora presenta el irónico Sucker (Goner), fruto de su tránsito de melancólico desollador de demonios interiores a vitriólico sanador de esas heridas suyas que a veces a uno le escuecen como propias.
Hablamos en un fuego cruzado con ambos pocas semanas antes de su gira conjunta por España de mediados de junio, en la que se acompañaran del altamente recomendable John Paul Keith. Memphis rules! Leer el resto de esta entrada »
THE BAMBOO KIDS, THIS IS ROCK’N'ROLL (2010)
¿Qué sería del rock’n’roll sin la obstinación a prueba de bombas de aquellos fajadores que pueblan su 2ª División? No hablamos de autenticidad ni de pedigrí, esos son conceptos demasiado trillados y que no hacen sino reforzar la visión autocomplaciente o pusilánime del rock’n’roll como un (sub)género con congénito sentimiento de inferioridad. A la mierda. ¿Kings Of Leon? ¿Green Day? ¿Franz Ferdinand? Esos juegan en otra jodida liga, habitan en otro jodido planeta. No son ni el espejo ni el enemigo. Son otra cosa. Una cosa que, sin ser mejor ni peor, está claro lo que no es: rock’n’roll. O si nos ponemos exquisitos (ya empezamos), no son rock’n’roll como se viene entendiendo el término en esta santa casa rutera desde hace 25 años. Una casa que, también, no es ni mejor ni peor que otras: es simplemente Ruta 66. Y aquí, ya desde que editaran su debut homónimo, hemos venido aplaudiendo la bendita obstinación de estos tres fajadores de Nueva York. Su primera visita a nuestro país, para presentar la espléndida reválida que supuso This Ain’t No Revolution, le regaló a quien esto firma una de las veladas de rock’n’roll más excitantes que recuerda, una de esas noches que le reafirman a uno su fe en la 2ª División… y en la 3ª y 4ª si se tercia. Hablamos de chispa, de magia, del hechizo eterno e incorruptible que a uno le siguen provocando tres chavales invocando a sus ídolos (en su caso The Clash, New York Dolls o Stones) para gritarle al mundo lo jodido(s) que está(n).
¿Cómo te sienes ante vuestros inminentes shows en España?
No puedo esperar, estoy jodidamente ansioso.
Llevábamos ya un tiempo sin noticias vuestras, así que es genial teneros de vuelto. Pero, ¿dónde demonios os habíais metido?
Tuve hijos y dejamos de girar, así de simple. Chris se enroló en varios grupos, como Star Spangles, y Vince hizo lo propio. Aunque The Bamboo Kids hayamos estado en silencio durante varios años, cada uno ha intentado seguir tocando y escribiendo música. Pero llegó un punto en que nos moríamos por volver a estar juntos, así que nos juntamos con Dean Rispler de nuevo y grabamos con él. Junto a Jesse Cannon fundó Drug Front records y nos ficharon. Hemos vuelto a la acción, aunque no creo que giremos mucho, ya que eso es algo que no encaja muy bien con la paternidad. Así que ya lo sabéis, hijosdeputa, más vale que no nos dejéis escapar en esta ocasión, así podréis contárselo a vuestros nietos algún día. Leer el resto de esta entrada »









