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Blog profesional de Roger Estrada Martínez

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TY SEGALL, TERAPIA DE POP (2011)

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Ty Segall: 25 referencias discográficas en 3 años y una discografía previa como miembro de grupos como Epsilons, Traditional Fools o los más reconocidos Sic Alps. Ty Segall: 23 años, una cabeza hirviendo canciones a cada minuto y unas ganas inmensas de seguir abriendo su corazón en cada una de ellas. Han sido 3 años fulgurantes para él y para aquellos que hemos seguido de cerca su ascenso creativo. Se le suele comparar con el malogrado Jay Reatard por su precoz voracidad, su filiación garage-rock y una misma voluntad de dejar atrás el ruido para abrir sus canciones hacia melodías más pop. Pero aunque ambos vehicula(ba)n la complejidad de sus personalidades a través de canciones rock, el apacible, cercano Ty Segall que responde a mis preguntas en un hotel cercano al recinto del Primavera Sound poco o nada tiene que ver con ese inquieto, incómodo Jay Reatard que me disparó sus respuestas en ese mismo festival pocos meses antes de su dolorosa desaparición.

Ty Segall presentaba esa noche algunas de las nuevas canciones de Goodbye Bread (Drag City, 2011), un álbum de sonido más cercano al rock clásico –con rugiente guitarra y voz en reverb, eso sí– y alejado de la saturación lo-fi de la cual fue abanderado en sus dos primeros trabajos, Ty Segall (Castle Face, 2008) y Lemons (Goner, 2009). Fueron ésas dos abrumadoras muestras de su incontinencia creativa donde las canciones se atropellaban en rodajas de poco más de 20 minutos y su voz emergía tímida cual acople de fuzz. Su vecino John Dwyer –líder de dos de las bandas más representativas de la escena garage-rock de San Francisco, los añorados Coachwips y los emergentes Thee Oh Sees–, le recibió con los brazos abiertos, claro. Pero él quería hacer crecer su música, quería crecer con su música. Melted (Goner, 2010) fue un primer paso en esa nueva dirección que ahora afronta con determinación y seguridad a raudales en Goodbye Bread. Auténtico hombre-orquesta cuando se encierra en el estudio, Segall despliega todas sus habilidades como guitarrista-batería-productor en un derroche de bravura digno de su idolatrado T-Rex –al que ha tributado en el reciente EP Ty Rex editado por Goner-, otro precoz (y malogrado) talento que se entregó al mundo para reconciliarse consigo mismo. Disfrutemos pues del presente en continuo movimiento de Ty Segall, un artista cuyo futuro esperemos sea infinito.

Tu ritmo de producción es asombroso, ¿de dónde surge esa necesidad de editar material nuevo cada poco tiempo?
Para mí es como una terapia. Tengo tres vías para ayudar a mi cerebro a superar los problemas, ya sean triviales o realmente jodidos: tocar la batería, hacer surf y escribir canciones. En especial esta última me ayuda a aislar los miedos, a desgranar las inseguridades o a exaltar las alegrías y así separar las múltiples emociones que me asolan a lo largo de la semana. Es como si al escribir canciones ordenara el caos emocional que se acumula en mi cabeza.

Y cuando reescuchas tus discos anteriores, ¿cómo te sientes al ver reflejado tu pasado en ellos?
Han envejecido tanto (risas). El primer disco que grabé bajo mi nombre suena exactamente a como yo era por aquel entonces: joven, alocado, fiestero. Está bien por lo que sigue significando como captación de un instante de mi vida y también porque al reescucharlo me digo “ok, así era yo entonces; ahora soy otra persona, no quiero hacer otro disco que suene así”. Pero, sinceramente, no suelo escuchar mis discos anteriores, me siento un poco raro al hacerlo…

Intuyo que para Goodbye Bread pisaste un poco el freno y te tomaste tu tiempo para planificar cómo querías que sonaran tus nuevas canciones. ¿Cómo has vivido todo el proceso de concepción y grabación del álbum?
Ha sido el disco al que le he dedicado más tiempo, sin duda; han sido casi seis meses, todo un récord para mí. Debo admitir que no soy la persona más segura del mundo y he tardado años en tener la suficiente confianza como para poder afrontar un álbum como Goodbye Bread. En el anterior probé tímidamente a asomar la cabecita, a no esconder mi voz bajo tanta distorsión; pero sin duda el paso definitivo, el salto al vacío, ha sido ahora. Sigo teniendo mis miedos, claro, pero quizás ahora, por primera vez, me siento convencido de lo que canto. Espero que la gente valore el esfuerzo que le he puesto a mis nuevas letras, aunque quizá sea la primera vez que se entienda bien lo que canto (risas). En cuanto al sonido, este es sin duda mi disco más limpio, más desnudo. A mí me gusta como suenan los viejos discos de Neil Young, hay en ellos una nitidez quebradiza que te golpea en la cara con mucha más intensidad que otros álbumes sobreproducidos y estruendosos, pero sin duda mucho más vacíos, sin alma. Leer el resto de esta entrada »

Escrito por rogerestrada

14/10/2011 a 16:38

JAY REATARD & JEFFREY NOVAK, INDÓMITOS FRANCOTIRADORES HUYENDO DEL GARAJE (2009)

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jayreatard

2 de abril de 2005. Lost Sounds actúan en la sala Helldorado de Vitoria. Jay Reatard y Alicja Trout se odian. Sus compañeros Rich Crook y Patrick Jordan sufren en silencio el mal rollo existente entre la ex-pareja. Sobre el escenario la tensión cataliza el concierto de los de Memphis, un set estruendoso, descarnado y virulento a la altura de su mito y de su música. Nacho Cabrera, del sello madrileño Holy Cobra Society y fan de las andanzas de Jay desde que los Reatards, su primer grupo, le sacudieran con Teenage Hate (Goner, 1998), fue también testigo de la olla a presión a su paso por Madrid, última parada de aquella su segunda gira española: “En el escenario había tal duelo entre ambos, todo el rato gritándose y desafiándose con la mirada, que el bolo acabó siendo uno de los mejores que he visto en mi vida. Curiosamente en Madrid fue el único sitio donde pude lograr que se “reconciliaran” y lo pasamos muy bien después del concierto en La Vía Láctea”. Pero la tregua duró un suspiro; un mes después, tras su concierto en Stuttgart, Lost Sounds se separaron.  Un abrupto pero no inesperado final a una intensa trayectoria de seis años que dejaba tras de sí 4 LPs, 3 recopilatorios de demos y rarezas, 1 EP y 5 singles, uno de los cuales, No One Killer, editaría con orgullo el sello Holy Cobra Society. Un catálogo trufado de música singular que, pese a sus deudas con el pasado (The Screamers, Wire, Devo), fue abrazado con fervor por la escena garaje-punk yanqui que abrazó el cambio de mileno. En aquel contexto, Lost Sounds desprendían un halo de misterio y fascinación. Lo tenían todo para el culto futuro. El sonido, ese crujido espectral donde guitarras y sintetizadores te horadaban la espalda hasta incrustarse en tu espina dorsal como los bio-puertos del film eXistenZ (David Cronenberg, 1999). Las letras, grotescas viñetas donde lo surreal se adueñaba de lo cotidiano y donde el descontento de la juventud suburbial era escupido con lírica aprehendida de la ciencia-ficción de serie B. Y la actitud, el peligro, esa sensación de que encima del escenario todo era posible y real, nada impostado. Pero el suicidio alemán acabó con aquella fantasía y dejó a merced de su propio destino a un voluble y asqueado tipo de 25 años llamado Jimmy Lee Lindsey Jr., Jay Reatard para los amigos… y enemigos. Leer el resto de esta entrada »

Escrito por rogerestrada

02/11/2009 a 19:35

JAY REATARD, DEPURANDO EL MALESTAR (2007)

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JAY_REATARD

En 1997 Jay Lindsey graba a solas el infra-single “Get Real Stupid”, con declaraciones de principios tan epatantes como “You ain’t no fun no mo’” o “Fashion victim”. Lo-fi abrasivo por la gloria del Dios Oblivian. Goner Records, sello fundamental para entender el sonido del subsuelo de su ciudad, Memphis, auspicia su primer disco como The Reatards, todavía más elocuente y atronador, “Teenage Hate” (1998). Dieciocho escupitajos de bilis y acné en los que, acompañado por Ryan Wong y Steve Albundy (ahora en Tokyo Electron), perpetra una ópera de punk lo-fi con pasajes tan bucólicos como “When I get mad”, “You fucked up my dreams”, “I’m so gone” o una significativa relectura del “Down in flames” de Dead Boys. Tras un segundo elepé, “Grown up fucked up” (Empty, 1999), igual de malrollero, el grupo estalla de pura extenuación y, como él mismo ha acabado reconociendo, por el carácter volátil, difícil de sobrellevar, de un Jay que de gira se pierde en un viaje de autodestrucción regado en alcohol que causa estragos en locales de medio país. Young, loud & snotty

Memphis ha muerto, ¡larga vida a Lost Sounds! Junto a Alicja Trout (Clears) y Rich Crook (batería en la última etapa Reatards), Jay da forma a uno de los grupos de cabecera del revival synth-punk que asoló cierto sector del undeground yanqui a finales de los 90. Influidos por Screamers, Wire, la new-wave y oscuros grupos de black metal, The Lost Sounds crean un apocalíptico y radical universo propio en el que conviven los chavales de la matanza de Columbine, con ratas de laboratorio con cerebros biónicos y pasajes alucinógenos del “Libro de las Revelaciones”. Doble ataque de sintetizadores  y chaparrón de histeria ruidista que algunos catalogan como “black-wave”. En su primer disco tributan a Fred Cole con el clásico de The Lollipop Shoppe “You must be a witch”; en su último single, editado por el sello madrileño Holy Cobra Society, hicieron lo propio con el “Ice Age” de Joy Division. Unknown pleasuresLeer el resto de esta entrada »

Escrito por rogerestrada

28/09/2009 a 18:55

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