
La primera vez que escuchamos a Dry Cleaning, Florence Shaw parecía recitar un diario encontrado en un contenedor de Londres: frases sueltas, anuncios, mails, listas de la compra… New Long Leg (2000) era poesía del ruido urbano, de lo banal elevado a mantra. En Stumpwork (2022) empezaron a respirar: los cuerpos, el deseo y la ironía se mezclaban con un poso de extrañeza sensual. Ahora, con Secret Love, la voz ya no observa desde fuera, sino desde el temblor íntimo. Shaw escribe como quien se expone a una corriente eléctrica emocional: entre la ternura y la disociación, entre el humor doméstico y la incomodidad del presente.
La llegada de Cate Le Bon a la producción marca un cambio decisivo. Donde antes predominaba la tensión post-punk, ahora hay también más aire y texturas, un espacio donde las palabras flotan y se oxigenan con lo melódico. Secret Love (4AD / Everlasting) mantiene el collage verbal característico, pero se abre a lo simbólico y a lo confesional, sin perder su filo absurdo. Es el disco más humano de Dry Cleaning, un viaje del control a la vulnerabilidad, del sarcasmo a la emoción. Un amor secreto, sí, pero cada vez menos oculto: el de una banda que sigue afinando su rareza hasta convertirla en lenguaje propio. Hablamos con Shaw, Tom Dowse (guitarrista) y Lewis Maynard (bajista) en el backstage de la sala Paral·lel 62 de Barcelona, horas antes de su concierto en el Soundhood SON Estrella Galicia.
¿Qué os atrajo de la visión sonora de Cate Le Bon para invitarla a grabar el nuevo álbum?
Tom: Cuando hace tres años tocamos en el Pitchfork Festival de Chicago, Jeff Tweedy vino a saludarnos antes del concierto, nos dijo que era fan y nos invitó a pasarnos por su estudio The Loft esa semana si teníamos tiempo. Fuimos y Cate estaba allí grabando con Wilco su disco Cousin. Fue muy dulce y acogedora, pero no creo que ninguno de nosotros pensara «Quizá sea la indicada», pero sin duda se quedó en nuestras mentes. Cuando más tarde empezamos a hablar sobre posibles productores, su nombre surgió e hicimos un Zoom con ella.
Desde esa primera conversación, sentimos una fuerte conexión: por la forma en que hablaba de las canciones, se notaba que se había formado una idea bastante detallada de lo que quería hacer después de escuchar las maquetas que le enviamos. Describió el disco como caminar por una ciudad, moviéndose a través de diferentes áreas, y eso resonó inmediatamente en nosotros. Flo y Lewis son de Londres y yo he vivido allí la mayor parte de mi vida, así que esa imagen tenía sentido. Ha sido genial trabajar con alguien que habla sobre música de una manera que crea imágenes en tu cabeza, cuya forma de describir las cosas es generativa en lugar de controladora. No quiere estar al mando, quiere ayudar a que las ideas sucedan.
Flo: Me encanta su disco Reward. Siempre he escuchado a Cate, pero ese álbum me atrapó. Fui a verla presentarlo en directo en el Village Underground de Londres, justo antes de que empezáramos a tocar como Dry Cleaning. Las vueltas que da la vida, quién me iba a decir entonces que años después acabaríamos grabando juntos.

Antes de grabar con Cate hicisteis un par de sesiones precisamente en The Loft y también en los Sonic Studios de Dublín. ¿Cómo fueron tomando forma las nuevas canciones?
Lewis: Con el anterior álbum nos dimos cuenta de que a menudo capturábamos nuestras improvisaciones en nuestros teléfonos. Siempre surgían grandes momentos, fragmentos sueltos y espontáneos que después no podíamos recrear. Así que esta vez pensamos que quizá esos momentos deberían suceder en un estudio y ser grabados adecuadamente. Estábamos escribiendo y grabando sin saber si eso se convertiría en el disco o solo en maquetas, nos dejábamos llevar hacia donde las cosas querían ir.
Tom: Puede resultar a veces incómodo porque estás grabando y te preguntas «¿Es esto el álbum o no?». Pero te obliga a seguir adelante, a no pensar demasiado, lo que puede ser útil. Como ha dicho Lewis, escuchas esas viejas maquetas y piensas «Nunca recuperaremos esa soltura». Las versiones finales rara vez son tan casuales o expresivas. Nuestra amistad con Jeff llevó a que nos invitara a tocar en Solid Sound, el festival que monta Wilco en Massachusetts. Nuestro mánager tuvo la idea de que en lugar de cobrar un caché, pasáramos una semana en The Loft. No es un estudio comercial, no lo alquilan, pero invitan a bandas a usarlo ocasionalmente.
Flo: Había montones de instrumentos de juguete y cosas raras que han coleccionado a lo largo de los años, junto con un equipo profesional de primer nivel. No sé mucho sobre instrumentos, pero me encantó porque todo lo que hay allí es o bien hermoso o extraño o simplemente produce un gran sonido. A veces es un viejo teclado roto que suena peculiar y otras una pieza increíble con una gran historia; es un espacio que invita a la curiosidad.
Luego os trasladasteis al Valle del Loira, en Francia, para grabar en los Black Box Studios. ¿Cómo moldeó ese entorno, tan diferente a Londres, las sesiones y la atmósfera del disco?
Flo: Grabar puede ser bastante estresante, así que eliminar todo el ruido exterior fue de gran ayuda. Es fácil concentrarse en un lugar así: un entorno hermoso, una comida increíble y no tener que pensar en nada práctico. Nuestras vidas en Londres están dominadas por el estrés, la logística y sobrevivir en el caos; en Black Box pudimos focalizarnos en una sola cosa, hacer música. También te ayuda a sintonizar con los demás porque literalmente hay menos ruido, menos interferencias y más espacio para escuchar y alinearte con tus compañeros.
Todos tenemos diferentes perspectivas sobre nuestra música, lo cual es una de nuestras fortalezas, pero eso a veces puede enrarecer un poco las cosas. La calma de ese lugar nos ayudó a soltar ciertas obsesiones y adentrarnos en las ideas de los demás más fácilmente. Esa es siempre una buena manera de hacer algo nuevo: no aferrarte a tus posiciones y empezar a encontrarte en el medio.
Tom: También tuvimos tiempo para conocer a Cate y a su ingeniero, Samur. Pasábamos tiempo charlando, tomando té o nadando en una pequeña balsa que había cerca cerca Esos momentos te ayudan a construir una relación más allá de la música; cuando vuelves al trabajo, ya estás en la misma longitud de onda, no solo conversacionalmente sino texturalmente. Te has como sintonizado el uno con el otro.
Florence, en New Long Legtus letras podían leerse como transcripciones de tu realidad externa, mientras que en Stumpwork hubo un cambio hacia lo corporal y lo vulnerable. ¿Fue un cambio consciente acercar más el micrófono a tu mundo interior para Secret Love?
Flo: Fue al mismo tiempo algo consciente e inconsciente. Estaba escuchando mucho a Joanna Sternberg, adoro su escritura: es desnuda, muy directa, pero no demasiado seria. Es entretenida y dolorosa al mismo tiempo. Escribe mucho sobre la vergüenza y el odio hacia uno mismo, pero de una manera que es graciosa. Me gusta esa combinación, me identifiqué mucho con ella y pensé «Como escritora, me gustaría poder transmitirle esa sensación a alguien». He tardado en encontrar una manera de ser personal en mi escritura sin que perciba demasiado brusca u obvia. He escrito cosas antes que acabé borrando porque pensaba que eran cursis, o demasiado descarnadas, y no emocionales de la manera correcta. Me ha llevado un tiempo dar el tono adecuado.
Soléis trabajar en la música antes que en las letras. ¿Cómo afectó esta apertura de Florence, su disposición a exponer más de su voz interior, a la evolución de las canciones?
Tom: Durante aproximadamente un año antes de ir a Francia, estuvimos improvisando y escribiendo sin escuchar mucho de lo que estaba haciendo Flo. Fue como disparar en la oscuridad, simplemente siguiendo nuestro instinto y juntando las cosas sobre la marcha. A veces eso era incómodo porque no sabías en qué se estaban convirtiendo las canciones, pero simplemente seguíamos adelante.
Lewis: Durante un buen tiempo, no entendíamos bien lo que cantaba porque el pequeño local de ensayo donde estábamos sonaba fatal. Flo tenía auriculares para poder escucharse, pero era indescifrable para nosotros. Captábamos pequeños movimientos o melodías tenues, quizá una palabra esporádica, pero no lo suficiente para descifrar una frase o un significado. Cuando finalmente recibimos las letras y pudimos leerlas junto con la música, fue realmente emocionante. Te sientes como un fan en ese momento; hemos estado trabajando juntos pero todo está como borroso y luego, de repente, obtienes esta claridad.

«My Soul / Half Pint» es un tema poderoso donde sugieres que «quizá sea hora de que los hombres limpien durante, como, 500 años». ¿Fue una decisión consciente abordar las estructuras de género de forma más explícita que antes?
Flo: En realidad no, fue algo improvisado. Quizá es algo que pensaba cuando era más joven, cierto resentimiento sobre las tareas domésticas y el papel de las mujeres, pero lo cierto es que soy terrible en todo lo relacionado con las tareas del hogar. Nunca me sentí presionada a hacerlas, pero cuando era más joven sí que tenía este sentimiento firme de «Nunca voy a hacer nada de eso. Nunca voy a cocinar. Nunca voy a mover un dedo». Era algo casi adolescente sobre la identidad de género, no sé si todavía pienso así. En cualquier caso, creo que casi todas las mujeres sienten una especie de presión extraña para atender a los hombres, es algo que resuena en nuestra cabeza, algo que simplemente siempre está ahí.
«Blood» es una de las canciones más oscuras que has escrito, catalizada por el desasosiego de ver atrocidades en las noticias. ¿Cómo fue sumergirse en ese sentimiento de horror cotidiano?
Flo: No necesité ninguna inmersión porque era lo que ocupaba mi mente debido a todas las cosas brutales que veía cada día en mi móvil. La violencia en Palestina, las imágenes de niños siendo asesinados, cosas que nunca imaginé que vería con mis propios ojos. Me resultaba difícil tener pensamientos normales, transitar por lo ordinario de la vida sin pensar en ello. Creo que es un sentimiento compartido por mucha gente. No me resultó más problemático escribir sobre ello que no hacerlo: ya me sentía horrorizada, así que, de alguna manera, plasmarlo en palabras fue catártico. Abordar directamente lo que estoy pensando cuando escribo me resulta más fácil que tratar de apartarlo de mi mente.
Tom, en una entrevista reciente comentabas que antes solías centrarte más en la precisión técnica, pero que ahora en vuestros conciertos hay más espacio para la improvisación y la energía. ¿Cómo afecta esa mayor libertad a la forma en que conectáis con el público?
Tom: Bueno, nunca he sido ese tipo de músico muy focalizado en la precisión; creo que lo que solía sentir era más una especie de síndrome del impostor. De repente te encuentras en una banda que está de gira por todo el mundo, tocando para grandes audiencias, y piensas «ni siquiera sé lo que estoy haciendo». No se trata de tocar en sí, sino todo lo relacionado con amplificadores, pedales y ese tipo de cosas con las que nunca había tenido que lidiar. Aunque llevo muchos años tocando la guitarra, antes ni siquiera sabía cómo ecualizar un amplificador adecuadamente y me asolaba el miedo de que alguien pudiera darse cuenta de repente y decir «este tipo es inútil».
Después de la gira de Stumpwork, simplemente pensé “en algún momento tienes que asumirlo, deja de preocuparte.” Cuando fuimos a The Loft, me vi sentado en la silla de Jeff, tocando sus guitarras y usando sus pedales y amplificadores. Fue increíblemente generoso: se pasaba por allí, nos decía cuánto amaba la banda, cuánto disfrutaba escuchando nuestra música. Cuando alguien como él te dice algo semejante, te lo tomas en serio. Así que ahora, no es que esté más seguro sino que simplemente ya no me preocupo por ello.

Para terminar, me gustaría hablar del especial cuidado que le dais al aspecto visual de la banda. ¿Por qué sentisteis que la pintora Erica Eyres podía capturar la esencia de Secret Love, y cómo fue vuestro diálogo con ella durante la creación del diseño del álbum?
Flo: Hay algo inquietante en sus pinturas, pero también son tiernas y graciosas. Tienen todos esos elementos que nos atraen a los cuatro. Cuando conocimos a Erica era alguien con los pies en la tierra; un poco tímida, pero segura de sus ideas y con ese espíritu gracioso que hace que todo fluya. Le dimos total libertad creativa, del mismo modo que hicimos cuando colaboramos con Rottingdean Bazaar para Stumpwork. Le enviamos todas las canciones y le pedimos que dejara aflorar su creatividad del modo en que se sintiera empujada a ello. Creó una serie de pinturas, hablamos un poco sobre ellas y sobre las canciones y acabó de darle forma a todo lo que vas descubriendo cuando empiezas a explorar el gatefold del vinilo.
Texto: Roger Estrada
Foto / Bordado: Marina Tomàs-Roch & Trash To Heart
Fotos promocionales: Max Miechowski
Publicado en Ruta 66 (enero 2026)
drycleaningband.com












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