GEESE. Tridimensionales y desenfadados

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Aunque podamos permitírnoslo menos de lo que nos gustaría, coincidirás conmigo en que no hay muchas experiencias equiparables a viajar al extranjero para ver actuar en sala a una banda que nos entusiasma. Que el subidón loco y la reserva de billetes y alojamiento los provoque un grupo de veinteañeros es todavía menos frecuente, pero es que pocos discos tan especiales he escuchado este año como 3D Country (Partisan / PIAS), el segundo de los neoyorquinos Geese. 

Por muy sugerente que fuera su debut de 2021 –un Projector que se zafaba con desenfado y zafarrancho de ideas del post-punk en que algunos querían encorsetar a la banda–, reconozco que no me esperaba una vacilada musical tan brillantemente conectada con el rock, el pop, la psicodelia y el soul de tiempos pretéritos –triturados con el desparpajo y la mirada desprejuiciada de la generación Z, claro– como la que despliegan Cameron Winter (voz), Gus Green (guitarra)*, Dominic DiGesu (bajo), Foster Hudson (guitarra, teclados) y Max Bassin (batería) en un segundo álbum producido por James Ford, miembro de The Last Shadow Puppets y Simian Mobile Disco y reconocido también por su trabajo en discos como Suck It and See (Arctic Monkeys), How Big, How Blue, How Beautiful (Florence and the Machine), Memento Mori (Depeche Mode) o The Ballad of Darren (Blur).

La idea inicial era aprovechar la expedición a París para entrevistarles antes o después de su concierto en La Maroquinerie –podéis localizar la crónica en nuestra web–, pero finalmente tuvieron que hacerme un hueco virtual en su furgoneta al cabo de unos días, horas antes de saltar al escenario de Le Botanique, en Bruselas. Visiblemente cansados, Gus, Dominic y Cameron me saludan al otro lado de la pantalla, pero solo el primero parece dispuesto a darme algo con sustancia para compartir aquí. Gracias, tú. 

Antes de nada, deciros que fue emocionante viajar hasta París para veros en sala presentando el disco ante un público tan entregado. Está siendo una gira extensa e intuyo que intensa, a pocos días de regresar a casa para dar veintisiete conciertos en un mes, ¿cuáles son vuestras sensaciones en caliente respecto a la presentación de 3D Country?
No esperaba que la respuesta fuera tan positiva, la verdad. Algunos de los temas nuevos los empezamos a tocar en directo antes de que saliera el disco y ya entonces notábamos que había algo especial en la reacción del público. Como pudiste comprobar en París ahora hay canciones en las que con solo oír las primeras notas la gente ruge con entusiasmo y los singles se los pasan cantando con nosotros, lo que es una pasada y algo que no pasaba tanto en nuestra anterior gira. 

Esta conexión, este feedback positivo lo que me genera es ansiedad por ver cómo será el próximo álbum (risas). Es algo que ya sentí a mitad de la gira de Projector: ese momento en el que sientes que las canciones del disco que presentas ya han establecido una relación sólida con el público y empiezas a decirte “ok, esto es la cúspide, necesito ir un paso más allá”.

El vuestro fue un debut muy notable que os presentó como una banda con potencial, pero debo admitir que me habéis noqueado con el salto tan abrumador del nuevo álbum. Supongo que el trabajo ha sido duro y la autoexigencia alta, con búsqueda de una mayor libertad para explorar y jugar.

Le dedicamos cuatro meses a escribir y grabar Projector y un par más a mezclarlo; en la escritura y el trabajo los temas de 3D Country hemos invertido unos dos años. Teníamos más tiempo para probar cosas porque sabíamos que tendríamos más presupuesto para el estudio y la mezcla y quisimos hacer un disco más grande, tener menos constricciones y forzar los límites de nuestra ambición.

Después de hacer el primer disco queríamos romper con los parámetros de la corriente post-punk, buscábamos algo que sintiéramos como más emocional y lo encontramos buceando en sensibilidades melódicas más clásicas, sin por ello dejar de sonar actuales. Me alegra que la gente haya respondido tan bien a los toques soul del nuevo disco, pero por contra me decepciona que haya quien lo perciba como un disco revisionista de country o blues… Pero claro, puede que la culpa sea nuestra por llamarlo 3D Country y poner a un tipo con sombrero cowboy en la portada (risas). 

¿Hubo una canción en concreto que prendiera la mecha del camino a seguir?
Recuerdo que hace como tres años Cameron envió una demo de «Demoto» en el chat que compartimos y luego un par de temas que finalmente aparecen en nuestro nuevo EP 4D Country. Al cabo de unos meses empezamos también a trastear con «3D Country», pero la verdad es que por aquel entonces no teníamos muy claro cómo queríamos que sonara el disco. No fue hasta que un día me puse a escuchar todas las demos que teníamos almacenadas en Souncloud que empecé a vislumbrar por dónde podíamos empezar a trabajar, de qué manera podíamos darle una cohesión sonora a unas canciones que de entrada no eran tan fáciles de hacer encajar. 

¿Cómo os ayudó creativamente el productor James Ford a encontrar esa cohesión, esa senda sonora por la que ir hilvanando las canciones?

Es un auténtico profesional y está acostumbrado a trabajar en proyectos grandes teniendo en cuenta siempre qué es lo que el artista tiene en mente, a qué aspira. No aportó tanto en la creación de las canciones en sí mismas sino en ayudarnos a contextualizar todos los sonidos que revoloteaban en las canciones y así darle un sentido de continuidad al disco…. Ahora que lo digo veo que eso también es aportar un punto de vista creativo, sí (risas), 

El otro día estaba viajando en coche con un amigo, le puse el álbum y de todas las posibles influencias que mencionó, hubo una que me llamó la atención y me hizo pensar «¡vaya, esto no me lo esperaba y tiene todo el sentido». Me habló de Ween, el combo de culto de Pensilvania. No sé si estáis familiarizados con ellos, pero cuanto más lo pienso, más veo una similitud con su espíritu juguetón y extraño, su rollo multigénero pero puro rock’n’roll.

¡Nos encantan Ween! Conectamos con ese enfoque suyo de tomar estilos o sonidos que pueden considerarse cliché o ridículos según como se ejecutan y comprometerse a fondo con ellos hasta el punto de que tengan todo el sentido y sean absolutamente geniales. Esa actitud está presente sin duda en 3D Country, pensar “¿cuán cerca del límite podemos situarnos antes de que todo suene un poco tonto?” 

Y después de haber transitado en ese excitante abismo, una vez el disco ve la luz, ¿cómo habéis recibido la reacción de la gente, tanto de los aficionados como de la crítica especializada?

Es muy gratificante sentir que el público lo está disfrutando porque nos hemos esforzado mucho y durante mucho tiempo. Sinceramente, no hacemos música pensando en qué puede llegar a opinar un periodista al respecto, me interesa más leer lo que comenta un espectador aleatorio en un vídeoclip nuestro de YouTube. Dicho esto, me produce una extraña fascinación leer los mensajes negativos porque siento un oscuro orgullo al pensar que hemos hecho unas canciones que suscitan una reacción de rechazo tan visceral. Prefiero despertar sentimientos encontrados que una plana indiferencia. 

Vosotros sois nativos digitales, por lo que estáis conectados a una forma de explorar el mundo y consumir cultura que parece demasiado rápida para los de nuestra generación pero es la más natural para la vuestra. En este sentido, con un álbum tan elaborado y que sin duda merece una escucha a fondo, ¿no creéis que os juega en contra la predominancia promocional del single?

No lo veo como algo negativo sino que es como se consume la música actualmente entre la gente de nuestra generación, que es el público mayoritario para nosotros. El single ha sido desde siempre un elemento imprescindible para dar a conocer las novedades discográficas; quizá ahora, con el acceso más instantáneo a la música, la proliferación de singles puede resultar abrumadora y la necesidad de lanzar algo nuevo para no perder la atención del consumidor puede llevarnos a pensar que se enfatiza más en encadenar singles que en explicar el álbum que los contiene como una unidad. Con todo, las ventas de vinilos siguen creciendo, lo que apuntaría a que el concepto de disco sigue siendo relevante. 

¿De qué manera nutrís vuestra melomanía mientras estáis de gira o cuando estáis trasteando con esbozos de nuevas canciones y queréis oxigenar la mente buscando inspiración en otros artistas?

Sé que Max sacia su necesidad de novedades con Spotify, está bastante enganchado a su Discover Weekly, nos comenta que el algoritmo le conoce cada día mejor (risas). Yo soy más de YouTube Music, aunque tenga su propio algoritmo que me recomienda según lo que voy escuchando, prefiero bucear en los canales que crean personas con las que puedes sentir afinidad a nivel de gustos. Cojo el móvil y te digo (…) Últimamente he estado escuchando bastante a Unwound, New Plastic Ideas es un disco que me tiene fascinado y que pongo en modo repeat para ir fijándome en detalles. Con todo, quizá más que sonidos o ideas, con lo que conecto más y puede llegar a ser una influencia luego a la hora de pensar o desarrollar nuevas canciones es la actitud de un artista o una banda, ese algo que es difícil de definir pero que se percibe escuchando un disco o viendo a una banda tocar en directo. 

Cameron, tu forma de cantar en el álbum es asombrosa: no tienes miedo de dejarte llevar por la vena melodramática o agitar tu garganta como una cometa en llamas. ¿Cómo calibras el tono dependiendo de la historia que estás contando o los estados de ánimo que pretendes expresar en una canción?

Sentí que debíamos subir el nivel en cada aspecto de nuestra música y en lo que se refiere al aspecto vocal esta vez quise crear cierto estilo inspirado en vocalistas a los que admiro, como Scott Walker o Tim Buckley. Su expresividad, el rango de emociones que desplegaban ambos en sus canciones es conmovedor; sientes que estás a merced de sus gargantas, subes eufóricamente y bajas a la tristeza más quebradiza con ellos. Salvando evidentemente las distancias con esos maestros, he querido forzarme a asumir ese desafío y jugar con mi voz según la historia que se cuenta o el personaje en el que me estuviera enfundando. 

También has co-dirigido con Andy Schwartz los videoclips de «Cowboy Nudes», «Mysterious Love» y «3D Country». ¿Cómo trabajáis la lluvia de ideas y el tratamiento visual con que luego plasmarlas en imágenes? 

Para un videoclip escucho las canciones un par de veces e intento construir una historia basada en las emociones que he sentido al cantarlas. «Cowboy Nudes» creo que tiene un acercamiento narrativo bastante estándar en un 80%, pero luego el 20% restante es bastante salvaje. Me gusta buscar esa disonancia de tono, conecta bastante bien con los quiebros o las distintas partes de cada una de esas canciones. 

Gus, habéis concebido parcialmente la portada con la ayuda del programa de inteligencia artificial DALL-E. ¿Cómo fue el proceso de trabajo con sus prompts y el juego con las propuestas creativas que os iba ofreciendo? 

Debo reconocer que fue un alivio cuando finalmente nos decidimos a usarlo porque habíamos estado trabajando con dos o tres opciones de diseño más tradicional y estábamos atascados, no lográbamos dar con nada que nos gustara y resultaba frustrante. Probamos a lo loco con un sinfín de palabras claves y verbalizaciones de ideas hasta que nos mostró esta imagen del cowboy y la explosión nuclear con la que todos sentimos un flechazo al instante. Creo que la portada conecta muy bien el espíritu de este disco, hay una ironía juguetona en nuestra canalización de estilos musicales de corte clásico a través de una configuración más moderna.

* Nota: En el momento de la entrevista, todavía no se había cambiado públicamente el nombre a Emily Green.

Texto: Roger Estrada
Fotos & Collages: María Valls Miró

Publicado en Ruta 66 (noviembre 2023)

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