WORK IN PROGRESS…

Roger Estrada dixit…

ANVIL!

No importa si jamás has oído hablar de Anvil. De hecho, tampoco importa si el heavy metal no significa nada en tu vida. Para disfrutar del documental Anvil! The Story of Anvil sólo necesitas una cosa: tener corazón. Lo sé, esto que acabo de soltar es una cursilada más grande que la discografía entera de Aztec Camera. ¡Pero es la verdad! Lo admito, yo no crecí en los 80 escuchando a Judas Priest, Iron Maiden o Metallica, sino a Police, Supertramp… y Aztec Camera. Si me hablas de la New Wave of British Heavy Metal te diré: not my cup of tea. Pero si Anvil! The Story of Anvil es uno de los mejores documentales de los últimos tiempos es, en esencia, porque no trata sobre el valor de la música del grupo canadiense, sino sobre el valor de los lazos afectivos, ya sean de amistad o familiares, que han mantenido al grupo unido a lo largo de más de 20 años. En cualquier caso, no está de más situar históricamente a Anvil antes de entregarse al visionado del filme dirigido por Sacha Gervasi. Venga.

A mediados de la década de 1970, los colegas de instituto Steve “Lips” Kudlow y Robb Reiner forjaron una alianza musical y vital con la que huir del inclemente frío de su cuidad, Toronto. Habían nacido Anvil. En 1982, su disco Metal on Metal fue elogiado entre la prensa especializada y ayudó a abrir la senda del speed metal que a continuación desarrollarían Metallica, Anthrax o Slayer. Pero, al contrario que éstos, Anvil apenas vivieron sus 15 minutos de gloria. Un fugaz estrellato sintetizado en la gira japonesa junto a Scorpions, Whitesnake y Bon Jovi de 1984 cuyas imágenes abren el documental. A partir de ahí, el caos. Un management nefasto, disputas con las discográficas, aislamiento geográfico, decisiones musicales erróneas, el caprichoso ciclo de las modas… Y, a pesar de ello, Anvil han seguido activos desde entonces guiados por un encomiable optimismo, una fe ciega en su música y, especialmente, por el estrecho lazo de amistad que une a “Lipps” y Reiner. Luchando contra los elementos, ajenos al paso de los años y a lo patético de su realidad, Anvil no han perdido jamás la esperanza de alcanzar algún día esa gloria con la que soñaban cuando iban al instituto. Ahora, y gracias a ese fan incondicional llamado Sacha Gervasi—en cuyo CV figura el guión de La Terminal de Spielberg—ese sueño, aunque sea solo momentáneamente, se ha hecho realidad.

Vice: ¿Por qué Anvil?
Sacha Gervasi:
Con quince años era el hijo único de unos padres recién divorciados y exorcizaba mi frustración a través del heavy metal. Por aquel entonces existía ese consenso según el cual lo único auténtico era el punk; pero me dije “a la mierda, no quiero seguir la corriente mayoritaria” y decidí entregarme al heavy para convertirme en el auténtico punk de mi barrio. Cuando Anvil tocaron en Londres, en 1982, era su primera visita a la ciudad y como hicimos buenas migas después del concierto, me pidieron si les podía hacer un pequeño tour. Fue delirante, claro. Pero lo mejor fue cuando les llevé a mi casa a conocer a mi madre. Imagínate a la pobre mujer, harta de escuchar a todas horas el disco Metal on Metal y de ver mi habitación forrada con pósters de esos tipos horrorosos, y un día abre la puerta de su casa y allí están ellos, a punto de colarse en su sala de estar.

Fuiste la envidia de cualquier fan al convertirte en su roadie durante tres giras. ¿Alguna anécdota memorable?
Sacha:
Miles, pero elegiré una para que te hagas una idea. En la primera gira que hice con ellos nos hospedamos en un hotel de Albany, cerca de Nueva York. Sólo pudimos conseguir dos habitaciones dobles para los cuatro chicos del grupo y para mí, así que me tocó dormir en el suelo de una de ellas, pero no voy a decirte en cuál. Sus dos ocupantes estaban cada uno en su cama con una chica mientras yo intentaba dormir, tapándome los oídos con una almohada para no oír el ruido que hacían y las risas que se pegaban a mi costa los muy cabrones. En un momento dado uno de ellos se dirigió hacia mí, en plena faena, y gritó “Levanta la mirada, chaval, quizá aprendas un par de cosas”. Salí corriendo de allí y acabé durmiendo en la furgoneta.
Lips, ¿cómo recuerdas tú aquella época?
Steve “Lips” Kudlow:
Creo sinceramente que fuimos el chispazo catalizador para una serie de nuevos grupos que a principios de los 80 hicieron grande el género. Así lo reconocen en la película Slash, Lars Ulrich o Tom Araya. Pero se nos escapó la fama y nos vimos abocados a la oscuridad, una oscuridad que no fue total gracias a la entusiasta legión de fans que tenemos esparcida por todo el mundo. Eso es lo que nos ha mantenido vivos durante todos estos años y no me arrepiento de cómo ha sido mi vida gracias a ello. Porque mi trabajo me ha permitido pagar las facturas, construir una vida familiar agradable y al mismo tiempo seguir con mi carrera musical.

Y de repente, 20 años después de aquellas giras compartidas, os reencontráis con Sacha y os propone lo del documental…
“Lips”:
A veces la vida te sorprende con algo de justicia poética, ¿no crees? Fue algo chocante y agradable a la vez porque parecía que esos 20 años no habían pasado realmente. Un sentimiento extraño que sólo tienes con las personas que son especiales en tu vida, y Sacha es una de ellas. Él nos cogió de la mano para completar esta aventura que iniciamos hace tanto tiempo, con él hemos recorrido los últimos 100 metros que nos faltaban para alcanzar nuestro sueño.

¿La cúspide de este sueño fue el concierto que disteis el pasado verano en el Giants Stadium de Nueva York junto a AC/DC?
“Lips”:
Fue una experiencia abrumadora, sin duda, pero al mismo tiempo algo extraña. Era seguramente la mayor audiencia ante la que hayamos tocado, pero la verdad es que nos sentimos bastante alejados de ella. Estamos acostumbrados a tocar en salas pequeñas, con el público pegado al escenario y en el Giants Stadium no puedes distinguir a un espectador de otro, todos forman una masa sin rostro, un todo espectacular y ruidoso con el que sin embargo cuesta conectar. Con todo, tuve la oportunidad de agradecerle personalmente a Angus Young el regalo que nos habían hecho.

Sacha, volviendo al documental, ¿cómo reaccionaron Lips y Robb la primera vez que se lo proyectaste?
Sacha:
A Lips le encantó pero Robb se quedó en estado de shock. Al cabo de unos días, volvió a mi casa, la vio tres veces seguidas y al acabar el último visionado estaba llorando. Le impresionó ver expuesta su vida en una película, le costó asimilarlo.
“Lips”: Todo este proyecto ha sido una experiencia reveladora para ambos. Lo cierto es que al principio Robb no creía mucho en el proyecto y eso generó algunas tensiones entre nosotros durante la filmación. En la película hay un par de discusiones, durante la desastrosa gira europea y durante la grabación del disco, que están profundamente marcadas por nuestro punto de vista divergente sobre si era necesario exponer públicamente nuestras vergüenzas. A la larga, y más allá del éxito que estemos viviendo ahora, nos hemos dado cuenta del valor terapéutico que tuvo abrirnos delante de las cámaras.

¿Veis algún punto en común entre la terapia de Anvil y la de Metallica en Some Kind of Monster?
Sacha:
Some Kind Of Monster te muestra a unos multimillonarios haciendo terapia en el Ritz-Carlton. Nuestro documental te muestra a unos tipos que no alcanzaron el éxito pero tampoco desfallecieron en su lucha por alcanzar su sueño. Me fue imposible conectar emocionalmente con el documental de Metallica porque, aunque ame a la banda y sea colega de los que lo hicieron, en ningún momento pensé “Ojalá estos tipos salgan adelante”. Y creo que cuando uno ve la historia de Lips y Robb espera de corazón que logren salir adelante.

Sin duda una de las claves del éxito del filme es la pasión por la música que irradian Anvil.
Sacha:
Creo que especialmente el entusiasmo de Lips es lo que ha conectado tan bien con la gente, más allá de que uno sea o no fan del heavy metal. Es alguien muy auténtico que sigue relacionándose de igual a igual con sus fans porque entiende y comparte su sentimiento. Si hace 20 años, cuando me colé en su camerino en aquel primer concierto en Londres, no hubiese sido tan encantador conmigo, no estaría ahora hablando contigo de la película. Creo que su buen karma, tantos años de compromiso con su música y sus fans, les está recompensando finalmente con el éxito actual.
“Lips”: Nuestra historia es similar a la de otros miles de grupos de metal que gracias a la fidelidad a prueba de bombas de sus fans siguen con su música, sacando discos y viajando por el mundo, aunque ni la industria ni el público masivo sea consciente de ello. Porque éste es un estilo undeground, no lo olvidemos; el metal no se ciñe a los cuatro o cinco grupos que venden millones de discos y que conoce todo el mundo, porque “todo el mundo” no representa a TODO el mundo, a todos los fans del metal. A la mayoría de ellos no les interesa el metal más comercial, saben indagar más profundamente y recuperar los discos de Nasty Savage o descubrir nuevos valores como Joe Thrasher.

Ehem, ¿sigues teniendo fe en la industria musical?
“Lips”:
No. Nunca la tuve y seguramente no la tendré jamás. Lo que rodea a la industria musical es muy precario e ilusorio, así que es imposible confiar en ella. Todo se basa en ver quien coge primero el dinero. Si no lo coges tú primero, estás perdido. Como artista podrías considerar que este mundillo es un negocio si realmente hicieras dinero con él, pero en realidad se trata de una inversión, la inversión que como artista estés dispuesto a hacer en ti mismo. Existe la posibilidad remota de que finalmente hagas algo de dinero con esta inversión, pero lo más seguro es que no obtengas ningún beneficio económico. Pero eso no es lo que realmente importa; se trata de que como artista seas capaz de crear, existir y salir adelante. Hacer lo que amas, eso es lo importante.

Texto: Roger Estrada
Publicado en Vice (enero 2010)

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2 comentarios el “ANVIL!

  1. rocks
    15/01/2010

    Encara no l’he vist!!! I jo sí vaig crèixer amb la NWOBHM!!

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