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Roger Estrada dixit…

GARY LEONARD. Retratando el Big Band del punk angelino

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Estuvo en el ojo del huracán, su cámara captó el epicentro del estallido musical acaecido en el underground de Los Ángeles a finales de la década de 1970. Gary Leonard estuvo allí y era lo suficientemente astuto para vivirlo, retratarlo y, ahora, explicarlo. Él fue capaz de atrapar en vida a compañeros de viaje que no llegarían a poder ver el resultado de su obra recopilado en un libro fundamental, Make the music go bang!: The early L.A. punk scene (St. Martin’s Griffin, 1997), del que nos ha cedido generosamente unas páginas para ilustrar este artículo. Con edición a cargo de Don Snowden, el libro repasa esos convulsos años de la mano del material gráfico de Leonard y de artículos de agentes implicados como Fred “Phast Phreddie” Patterson (editor del primer fanzine de música underground de los EEUU, Back Door Man), Brendan Mullen (el hombre que creó el club The Masque), Louis Pérez  (miembro de Los Lobos), Claude Bessy (editor de la extinta cabecera Slash) o Excene Cervenka (cantante de X).

Pasado el vendaval punk, Leonard continuó documentando la vida cotidiana angelina a través de Take my Picture, su columna en diferentes semanarios de la ciudad donde capturaba en una sola fotografía en BN un instante de vida en la infinita ciudad del sur de California. En takemypicture. com puedes ver algunas de estas aclamadas instantáneas, muchas de los cuales compiló en el libro del mismo título publicado por Really Great Books en 1998. Asimismo, durante diez años, de 1992 a 2002, retrató todo el proceso de construcción del Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles y el resultado puede disfrutarse en Symphony in Steel, un voluminoso libro publicado en 2003 por Angel City Press (symphonyinsteel. com). Cara a cara con Gary Leonard, el fotógrafo de la gente.

¿Por qué se presentó como candidato a gobernador de California?
Me lo tomé como un ejercicio periodístico. Suelo cubrir las campañas electorales como fotógrafo y pensé que ahora sería interesante ofrecer el punto de vista de alguien que estaba metido de lleno en campaña. Aprendí mucho sobre el proceso: la enorme cantidad de documentos que debes rellenar para poder participar en la carrera electoral, las interminables sesiones diarias de entrevistas radiofónicas y televisivas, el contacto con los electores, etc. ¡Y hubo bastante gente que me votó! No lo podía creer, casi 400 votos de personas anónimas, de conciudadanos que habían sintonizado con mis propuestas, con mi modesto programa electoral. Un amigo me dijo que lo que había hecho era un acto totalmente punk, algo que conectaba con eso de lo que había formado pare al finales de la década de 1970, cuando un movimiento artístico y creativo sacudió inesperadamente los cimientos de Los Angeles.

¿Continuará con su carrera política?
No creo. La próxima vez sorprendré a la gente con un nuevo reto, con otro evento inesperado que ayuda a remover un poco la escena sociocultural de donde vivo. Me gusta mantenerme despierto e inquieto y eso fue lo que en su día me puso en contacto con la escena musical de la ciudad. Para algunos de los que lo vivieron a fondo, todo se basaba en la música, pero desde mi punto de vista lo realmente importante era observar como fue cambiando la ciudad, como ese pequeño estallido de creatividad marcaba un punto de inflexión en su vida cultural, y eso es lo que llamó mi atención como fotógrafo, más allá de mi interés por la música con la que me sentía muy identificado. En esa época, Los Ángeles fue el centro del rockandroll, las grandes compañías discográficas estaban aquí y controlaban donde se podían y debía tocar rock. El movimiento punk underground dinamitó ese control férreo tomando los sótanos, los pequeños clubs, los garajes, las azoteas y cualquier otro lugar donde se pudiera montar un concierto. Esta es una ciudad enorme, infinita y la escena punk se benefició de ello para crear una red de programación de conciertos que esquivaba los tentáculos del mainstream. Fue algo único y maravilloso que vivir de cera.

Gary Leonard en su estudio

Gary Leonard en su estudio

Durante once años ha estado involucrado en otro proyecto relacionado con la ciudad, The Symphony of Steel, ¿qué puede contarnos sobre él?
El arquitecto Frank Gehry diseñó un edificio que debía albergar el Walt Disney Concert Hall, pero al no obtener el financiamiento necesario para construirlo en Los Ángeles tuvo que detener el proyecto y concentrarse en el Museo Guggenheim de Bilbao, que guarda grandes similitudes con la “sinfonía en metal” original. Al cabo de un tiempo, entró en escena un inversor que le permitió llevar a cabo la construcción de la nueva sede de la Filarmónica de Los Angeles. Pensé que era un acontecimiento urbanístico, social y cultural de primera magnitud y decidí documentar todo el proceso con mi cámara; me fascina ver como se van elevando estos enormes edificios, como cambia el perfil de mi ciudad ante mis ojos, especialmente en el downtown. Me interesan la arquitectura y  la música, pero sobre todo las gentes y sus pequeñas historias, lo que acontece diariamente en la ciudad.

¿Fue esto lo que le empujó a iniciar tu columna setmanal Take my Picture?
Hace diez años que publico cada semana una foto en varias revistas, actualmente en Los Ángeles City Beat y Valley City Beat, donde plasmo mi extraña visión sobre algunos de los muchos aspectos o eventos que conforman la realidad de la ciudad. Edité un libro con el mismo título en el que recogía varios centenares de las fotos tomadas durante los primeros años de este experimento. ¡Me encanta esta ciudad!

¿Cómo se sintió cuando la galería Michael Dawson montó la primera exposición retrospectiva de su trabajo?
Fue maravilloso. Antes de montar su galería, los Dawson tuvieron una excelente librería que durante años fue una fuente inagotable de información para mí, porque tenían+ una gran colección de libros sobre Los Ángeles y el sur de California. Michael representa a la tercera generación de los Dawson que se mantiene al frente de un espacio cultural de enorme importancia para la ciudad y que decidiera organizarme una retrospectiva fue un gran honor.

Hablemos sobre el libro “Make the music go bang!” ¿De quié fue la idea de plasmar la escena musical en un libro y cómo te metiste en el proyecto?
Fue idea de Don Snowden. Él era el editor y quería hacer un libro que combinara textos y testimonios de personas involucradas en todo aquello, pero al mismo tiempo con un fuerte contenido gráfico, así que me preguntaron si quería contribuir con las fotografías que había tomado de la escena punk, casi cada noche durante unos cuantos años. Don publicaba artículos en LA Weekly y también tocaba la guitarra en el grupo Phast Phreddie & Thee Precisions, así que conocía a fondo de qué iba el asunto. Ya en la época hablamos de publicar un libro, pero creímos que sería mejor esperar un tiempo para poder analizar el fenómeno con cierta distancia temporal.

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¿Cómo fue la reacción ante el libro de las personas que lo vivieron?
No lo sé. Pero la verdad es que las fotos del libro continúan apareciendo publicados en revistas, fanzines, páginas web, stencils, carteles de conciertos, etc. El otro día recibí una llamado de unos chavales de Orange County que querían usar la foto que le hice a Darby Crash con su skate para ponerla en sus propias tablas. Siempre recibo llamadas y mails de los seguidores de esos grupos que me dicen cuanto les gustan mis fotos y esto indica hasta qué punto el libro a mantenido su vigencia como testigo de una época.

Después de la publicación del libro, aparecieron dos volúmenes también dedicados a glosar esa escena — Forming: The early days of L.A. punk”, V.V.A.A., el 2000 i “We got the neutron bomb: The untold story of L.A. punk”, de Mark Spitz, el 2001, n.d.r.—— ¿Cree que vuestro libro ayudó a arrojar luz sobre la tercera y menos conocida a explosión punk acaecida a finales de los años 70?
Me gustaría pensar que así fue. Fue una época muy especial y lo que más me entristece es que mucha de la música que se creó entonces se ha perdido. Sería genial que alguien se animara a recopilar las cintas de audio y vídeo de personas que vivieron y documentaron eso y que a buen seguro tiene ese material cubierto de polvo en un trastero sin saber el valor que tiene. En lo referente al libro, sé que tuvo su repercusión, especialmente en aquellas personas interesadas en esa escena, pero no fue un éxito de ventas, ni se habló demasiado de él a escala nacional. No sé, creo que el libro habla de un movimiento musical que marcó tanto cultural como socialmente Los Ángeles y quizá por ello debería conocerse más.

Sus protagonistas le dieron empujón a esta ciudad; hasta entonces casi sólo podías disfrutar de rock en Sunset Strip y, de repente, esos chavales descubrieron que podían montar sus propios shows en locales de zonas olvidadas o marginales. Poco a poco se fue creando una red de locales y clubes a lo largo de la ciudad, desde el centro a la playa, pasando South Central y el valle; te encontrabas a las mismas personas y eso era maravilloso. Además, en lo estrictamente musical, lo que llamamos LA Punk era una amalgama de sonidos, no sólo estaba la música hardcore con que se suele identificar esta escena; teníamos otros grupos como Los Lobos, Black Flag, Blasters o X, cada uno con su propio estilo y un sonido excitante. Ibas al club Zero Zero, pagabas 5$ y podías estar allí metido hasta la salida del sol alternando con rockabillys, punks, fanáticos del reggae, hardcoretas, etc… Todos se reunían bajo un mismo techo y eso era algo muy atractivo para mí.

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¿Cómo fue su “entrada” en la escena musical en Los Angeles?
A través de KROQ, una emisora de radio totalmente mainstream que hoy en día, pero que en 1977 me metió de cabeza en los nuevos sonidos de la ciudad. Por otro lado, la persona que me animó a salir a la calle para vivir lo que estaba sucediendo fue un amigo mío que me dijo “tienes que ir al Starwood”. Yo había escuchado a los Sex Pistols, pero la verdad es que no fue hasta que este amigo me alertó de que algo se estaba moviendo en la ciudad que decidí comprobarlo por mí mismo. Aparte de él, un locutor de KROQ que solía usar mi cuarto oscuro para revelar sus fotos caseras, venía siempre cargado de nuevo material muy excitante de punk y new wave. Yo crecí en los años 60 pegado a mi tocadiscos, así que supe apreciar que aquella música que me pinchaba tenía algo especial.

Estos dos amigos fueron mi vía de entrada al Starwood, al Music Machine y a toda una nueva escena de locales que iban a convertirse en mi rutina nocturna durante unos años años, desde finales de los setenta hasta 1981. Entonces, me concentré en Top Jimmy & The Rhythm Pigs porque a través de ellos podías seguir la historia musical de la escena: Carlos Guitarlos era portero de muchos clubes, Top Jimmy estaba detrás de la barra en algunos de ellos, etc… Además, era la banda que solía compartir cartel con los “grandes nombres” de ese movimiento. Estuve siguiéndolos hasta que agoté mis fuerzas y me quedé sin energía para salir de noche. Pero creo que retratarlos fue mi trabajo esencial como cronista de la escena angelina, porque era un grupo muy querido y valorado por todas y cada una de las bandas que generaron esa explosión de creatividad en la ciudad.

¿Y cómo describiría su relación con ellas?
Acabé siendo un miembro más de una escena musical que siempre consideré una especie de comunidad artística. Yo documentaba lo que allí sucedía, trabajaba para LA Weekly y otras publicaciones de San Francisco y Nueva York y por eso creo que mi aportación fue importante para que el ruido que hacían esas bandas cruzara los límites de la ciudad. Algo similar a lo que hacía Phast Phreddie a través de Back Door Man y sus sesiones como DJ de radio, Don Snowden con sus artículos o Paul Greensen, el hombre que abrió Millie’s y empezó a poner r’n’r en Chinatown. Todos formábamos parte de ese movimiento musical y nos sentíamos como uno más en esta hermandad que nació espontáneamente.

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¿Qué echa de menos de lo que vivió con sus “hermanos”?
A las personas que murieron. Drogas y alcohol fueron devastadores. Top Jimmy está muerto… y la lista es larga. ¿Has visto The Filth and the Fury  — documental sobre Sex Pistols dirigido por Julian Temple—? Me entrevistaron para la edición en DVD y creo recordar que en una de las declaraciones dijo bien claro “no os droguéis”. Es muy triste ver a alguien joven consumido por las drogas. Jimmy terminó con su vida a causa del alcohol; era un muchacho alegre, con mucho talento y muy vital y acabó totalmente destrozado. No sé, creativamente fue maravilloso, pero ese resplandor se desvaneció. Llegó un momento en el que me di cuenta que todas mis fotografías hablaban solamente del Los Ángeles nocturno, no había nada de luz en ellas. Yo también me fui consumiendo, mi energía y mi entusiasmo se fueron apagando. Tenía un hijo que cuidar y me era muy difícil hacerlo si vivía de noche.

¿Después de esos años de inmersión en la escena musical de su ciudad, ha seguido de cerca lo ocurrido durante las últimas dos décadas?
No mucho, realmente. Sigo en contacto con los músicos de aquella época, voy a verles cuando una banda se junta para una gira de reencuentro, pero ahora soy padre de familia y te aseguro que es difícil levantarse temprano por la mañana y llegar a la noche con fuerzas para salir a dar una vuelta. Pero una vez al año se celebra la  Sunset Junction, una especie feria callejera donde siempre me encuentro con mis viejos amigos y donde puedo volver a disfrutar de un buen concierto de Dave Alvin, X u otros grupos de esa época. Y, de paso, la saco algunas fotos para reavivar recuerdos. Hace dos meses, se organizó un concierto a beneficio de Gil T, bajista de Top Jimmy, porque no tenía dinero para pagarse una operación urgente. Gran parte de la gente de esa época hizo acto de presencia para mostrarle su apoyo y fue como un viaje a través del túnel del tiempo. De las cuatro de la tarde a las dos de la mañana, una banda tras otra; tendría que revisar mi archivo fotográfico para citarlas a todas. Y la verdad es que algunos de los músicos siguen en activo todavía, como Tony Marisco, que tocaba en The Cruzados con Tito Larriva de The Plugz, o Carlos Guitarlos, de la banda de Top Jimmy, que editó un disco el año pasado y le hice las fotos del libreto. Me estoy dando cuenta al hablar contiguo que cada dos o tres meses hay un evento o surge un proyecto que me vincula con todo lo que viví a finales de los setenta.

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¿Cuánto ha cambiado Los Ángeles desde entonces?
Era más joven (risas) y podía hacer lo que quería. Echo de menos una confluencia de personas con ganas de crear algo realmente excitante en Los Angeles. Verás, yo estuve en San Francisco cuando tenía quince años, en 1966, visitando a un amigo para el día de Acción de Gracias. En plena explosión de la cultura hippie y con la música de Jefferson Airplane, Janis Joplin o Grateful Dead tomando las calles, eso me causó gran impacto. Cuando comencé a experimentar lo que sucedía en mi ciudad, tuve la sensación de que se repitiría lo que había estallado en San Francisco, pero no fue así. Contamos con los elementos necesarios, tanto a nivel social como musical, pero algo no acabó de encajar. Y por eso no deja de ser irónico el auge de la escena musical de Seattle de finales de los ochenta / principios de los noventa, ya que una banda como Nirvana, por ejemplo, era heredera de este espíritu, parecía recoger el testimonio de unos grupos que no habían tenido el reconocimiento que finalmente obtuvo Kurt Cobain. Eso lo saben los chicos que estén metidos a fondo en la música pero no el público en general y es algo que me entristece. Ya sabes, en ese momento parecía que íbamos a cambiar el mundo, pero está claro que no eso no sucedío.

¿Cuándo se dio cuenta de eso?
Seguramente a finales de los ochenta. Cuando me desconecté de la escena musical, empecé a trabajar en una escultura gigante hecha de objetos encontrados en la calle. La colocaron en Echo Park, aquí en Los Ángeles y generó una gran polémica que dividió el barrio entre aquellos que sentían que era arte y quienes decían que era basura. Cuando Top Jimmy, una de las personas más alocadas que conozco, vio laescultura, me dijo: “estás loco” y me lo tomé como un halago viniendo de él (risas). Y eso enlaza con mi candidatura para gobernador o mi proyecto artístico en diferentes colegios de la ciudad. Me involucro en cosas que conectan con la esencia de eso tan revolucionario que viví hace más de treinta años.

Así pues, sigue usted siendo un punk.
Absolutamente. Ya sabes, me gusta que la gente piense “¿qué demonios está haciendo!?”

¿Y qué demonios está haciendo ahora?
(Risas) Estoy trabajando en un proyecto para el valle de San Fernando, donde me crié. También he completado el seguimiento fotográfico de la construcción del edificio CalTrans, que me ha llevado dos años de trabajo, mientras estaba inmerso en la campaña política. Creo que presentarme para gobernador ha sido mi proyecto punk. Y no dudes que volveré a presentarme a las próximas elecciones.

¡Ojalá!
Si algún día vienes a Los Ángeles llámame y daremos una vuelta juntos por la ciudad para que entiendas in situ todo lo que hemos estado hablando.

takemypicture.com

Texto: Roger Estrada
Publicado en Ortodòncia (2005)

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Esta entrada fue publicada en 13/01/2015 por en Ortodòncia y etiquetada con , , , , , , , , .
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