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SALA APOLO. 75 años sin parar de bailar

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Con el lema “Todo cambia. Nada cambia” Sala Apolo celebra su 75 aniversario con la voluntad de acercar al público una historia trufada de anécdotas, ritmos y vivencias personales (recopiladas en un libro y un documental conmemorativos) y de, al mismo tiempo, seguir siendo una de las salas barcelonesas de referencia tanto para los amantes de la música como para las jóvenes bandas locales que aspiran a darse a conocer sobre sus tablas impregnadas de mística.

A lo largo de este 2018 distintas actividades tendrán lugar entre las paredes de este gigantesco espacio ubicado en el barrio del Poble Sec y que hace pocos meses presentaba en sociedad la remodelación de su segunda sala, una La[2] ampliada, y la creación de un nuevo espacio, La[3], que ya ha ido cobijando varias de las charlas que sobre el mundo de la música ha programado la dirección de la sala. Al frente de ella desde hace más de 20 años se encuentra Alberto Guijarro, co-director asimismo del Primavera Sound, vicepresidente de la Asociación de Festivales Musicales (AFM) y fundador de la Asociación de Salas de Conciertos de Cataluña (ASACC). Con él hablamos del pasado y del presente de una sala sin la que no podría entenderse la vida social y cultural de la Barcelona del último siglo, un espacio en el que el que esto firma ha vivido algunas noches memorables. Yo ya he compartido una de ellas en apolo75.com; haz tú lo mismo o vive tu primera noche Apolo cuanto antes.

¿Cómo ha sido el proceso de recuperación y documentación de estos 75 años de historia?
La antropóloga e historiadora Eva Espinet ha estado escarbando en archivos fotográficos y ha realizado unas 90 entrevistas para el libro 75 años sin parar de bailar, en su mayoría a personas vinculadas con nuestros últimos 25 años, pero también a testigos de mayor edad que le han contado cómo era venir a bailar aquí hace décadas. Gracias a ellos hemos recuperado la historia de las taxi-girls, bailarinas profesionales a las que podías sacar a la pista pero no más de dos veces para que no te enamoraras de ellas y que hubiera constante fluidez. De hecho, en el espejo grande de la sala principal todavía puede leerse “Aviso: está prohibido servir más de dos números a una misma persona”; al acabar la noche, las taxi-girls cobraban la mitad de los billetes recaudados.

Con las obras que hemos realizado durante la remodelación han aparecido paredes y marcos tapados por las posteriores insonorizaciones y hemos descubierto inscripciones que indicaban la distribución de estas taxi-girls en la hilera de sillas que rodeaba la pista. Otra joya rescatada es un documento de principios de los 50 en el que se autoriza a los integrantes de la Sexta Flota “a bailar en la sala Apolo de Barcelona”. La sala cerró durante dos días para que los marines, que venían de Corea y volvían para casa, pudieran desahogarse aquí; su estancia dejó huella en nuestra historia puesto que trajeron consigo discos de swing, jazz y rock’n’roll que ayudaron a abrir el repertorio de la orquesta Apolo, centrado hasta entonces en boleros y estilos similares.

¿A qué crees que se debe la supervivencia de Apolo en una ciudad tan cambiante en cuanto a modas y tendencias como Barcelona?
Desde mi posición como director siempre he intentado tocar distintos palos, distintas escenas musicales, buscar nichos y arriesgar, porque si no haces ensayo – error y te mantienes al día acabas estancándote. Otra cosa a señalar es que creo que hay varias escenas que tienen Apolo como centro neurálgico o sala de referencia; eso pasa con las sesiones del Club Caníbal que ahora han abrazado sonidos más urbanos, las clásicas sesiones de electrónica del Nitsa, ese domingo al mes en que el swing toma la sala con una big band o el hecho de que muchos artistas de flamenco ya consideren el Apolo como un tablao más de la ciudad. Al final, si das cabida a distintas escenas y las mimas bien, elaborando una programación de calidad para cada una de ellas, el público responde y se fideliza.

Con la renovación del pasado año floreció un nuevo espacio, La[3]. ¿Qué sucederá en él?
En un principio iba a ser el lugar donde desarrollar las actividades paralelas que queremos impulsar desde Apolo: talleres creativos, charlas, exposiciones, etcétera. Pero estamos viendo que eso es algo que puede tener lugar en cualquiera de los distintos espacios, por lo que abrimos todo Apolo como espacio para la creación, la formación y la reflexión, con el objetivo de apoyar a los creadores locales y haciendo especial hincapié en la relación entre imagen y sonido. Ya hemos hecho alguna de estas sesiones, abiertas para no más de cien personas, como un taller de sintetizadores u otro de imágenes en 3D y filmaciones en 360º.

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El proyecto iría pues en la línea de Bala Perduda, la batalla anual de bandas emergentes con la que hace cinco años empezasteis a dar visibilidad a los nombres del futuro, ¿no es así?
Queremos ser una pata más de la escena musical de Barcelona, acompañar a los artistas y apoyar en lo que podamos a los jóvenes talentos. En este sentido, Bala Perduda es un proyecto que cada vez funciona mejor y las bandas que han resultado ganadoras han tenido la posibilidad de seguir desarrollando su carrera, con mayor o menor repercusión. Esta misma voluntad de dar voz a lo local estuvo también presente en Escena Barcelona, la fiesta-concierto con la que inauguramos el 75 aniversario y en el que actuaron o pincharon grupos y djs emergentes de la ciudad. Daba gusto ver el buen ambiente y la camaradería que había en el backstage y notar la excitación de todos por tocar aquí.

Es una reclamación histórica en Barcelona la necesidad de más salas de pequeño formato. ¿Cuál es tu valoración del momento actual?
Hay más salas de este tipo de las que pensamos, pero siguen siendo pocas para una ciudad como Barcelona porque, como dices, son muy necesarias para que esos jóvenes artistas de los que hablábamos antes puedan empezar a tocar, a curtirse en un escenario. Pero sacar adelante este tipo de salas es una tarea muy complicada; si siempre comento con Roberto (Tierz) que me parece increíble la supervivencia de Sidecar, ya no quiero ni imaginar lo que debe ser mantener un bar con programación regular de actuaciones en directo. Y aunque hay voluntad y ha habido iniciativas por parte del ayuntamiento, al final si no hay un empresario, un emprendedor pequeño que apueste su capital y le ponga cariño y horas es difícil que surjan nuevos espacios para la música. Y que el público responda, claro está. Yo mismo recuerdo lo deficitaria que era La[2] cuando programábamos conciertos de rock de madrugada.

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A veces dudo si un festival tan grande como el Primavera Sound, que atrae a tanto público y tiene tanta repercusión mediática, no fagocita un poco el circuito de salas pequeñas, si un artista internacional no antepone por repercusión y rentabilidad una actuación en el Primavera a una gira de varias fechas por salas de España.
En este tema tengo todos los puntos de vista: como promotor, como responsable de sala y como director de festival. Puedo decirte que, en lo que respecta a las bandas internacionales, siempre es una decisión estratégica del grupo con su agente y los hay que solo actúan en festivales porque parece que les da miedo saber cuál es su capacidad real de atracción. Es decir, bandas cuyo poder de convocatoria queda más o menos disimulado en el marco del festival; pero he visto de todo, artistas que después de actuar en el Primavera no llenan medio Apolo y otros que dieron un gran concierto en el festival y luego hicieron sold out aquí. Creo sinceramente que hay una retroalimentación, que el Primavera también favorece giras posteriores por salas de artistas que se dieron a conocer en el festival.

En la presentación del 75 aniversario hiciste mención especial a la evolución del rol de la mujer en el ecosistema de la música, tanto en la pista de baile como en la industria, a lo largo de todos estos años. ¿En qué punto estamos ahora?
Estoy aprendiendo mucho en todo este proceso, recibiendo puntos de vista nuevos que me sirven para entender la realidad de la mujer dentro de la industria musical de una forma más amplia. En el equipo de Apolo hay un alto porcentaje de mujeres y en especial hay dos o tres voces muy militantes con las que siempre es interesante debatir de temas como la cosificación en el twerking o la paridad en la programación de los festivales; tema candente este último al que dedicamos una de las sesiones del Ciclo Charlas Apolo que tiene lugar en La[3]. Reconociendo que aún hay mucho trabajo por hacer, soy optimista en lo que respecta al futuro; en las clases de máster y posgrado que doy la mayoría de alumnas son mujeres y vienen muy preparadas, así que en pocos años veremos un cambio real en este sentido y con el tiempo ellas estarán más presentes en los puestos de responsabilidad dentro de esta industria. Por el contrario, sigue siendo difícil encontrar mujeres entre los equipos técnicos y que las que hay encuentren acomodo fácil en un entorno históricamente masculino. Aquí en Apolo creo que lo hemos conseguido.

En la rueda de prensa también hablaste de Apolo como un espacio para la libertad de expresión, recordando el concierto que dio Fermín Muguruza cuando fue censurado en otras ciudades o el que dará próximamente el rapero Valtonyc. En este sentido me gustaría recordar la polémica que hubo hace años con Beenie Man, artista de dancehall con varias canciones cargadas de mensajes homófobos.   Sabíamos que era un artista de dancehall pero debo admitir que no nos habíamos parado a escuchar lo que decían sus letras. Cuando saltó la polémica empecé a indagar y a leer cómo había evolucionado la polémica en los países donde había actuado con anterioridad. Contacté con Peter Tatchell (del colectivo británico OutRage! en defensa de los derechos de los gays) y hablamos del documento que habían creado, el Reggae Compassionate Act, a través del cual estos artistas se comprometían a no interpretar en directo aquellas canciones homófobas de su repertorio.

Peter me comentó que era mejor que firmaran ese compromiso que no prohibir de antemano sus actuaciones; con la censura lo único que conseguiríamos es que estos artistas se refugiaran en sus países de origen, donde la homofobia es un problema muy grave y se agudizaría con nuestro rechazo. La idea es que si los chavales que les siguen allí ven que sus ídolos firman este tipo de compromiso quizá podemos ayudar a que haya una toma de conciencia sobre el contenido de sus letras. Hubo asociaciones de gays y lesbianas que apoyaron la iniciativa, también una que se opuso frontalmente, pero finalmente Beenie Man firmó el acuerdo y actuó sin interpretar ninguno de sus temas más polémicos. Mi deseo final es que Apolo sea un espacio donde se favorezca la libertad de expresión siempre que no se incite al odio o a la violencia hacia un grupo social por cuestión de raza, sexo o ideología.

https://apolo75.com/

Texto: Roger Estrada
Publicado en Ruta 66 (mayo 2018)
Fotos: Archivo Sala Apolo

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Esta entrada fue publicada el 06/06/2018 por en Uncategorized.
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