JAMES BROWN. El grito eterno

Ubicado en Copenhage, Dinamarca, el Complete Vocal Institute es un centro educativo fundado en 2005 que tiene como objetivo formar a cantantes profesionales y semi-profesionales a partir del método educativo conocido como Complete Vocal Tecnique (CVT) desarrollado por la cantante e investigadora vocal Cathrine Sadolin. Dicho método se divide en cuatro grandes apartados que, combinados, deben permitir al cantante producir el sonido que desea. Principios básicos para una  producción de sonido saludable, color del sonido, efectos y modos vocales existentes son estos cuatro pilares.

Si nos centramos en los efectos –“sonidos no conectados ni a la melodía ni al texto; por ejemplo, aquellos que subrayan la expresión o el estilo del cantante”–, la CVT enumera efectos tales como distorsión, chirrío, gruñido, vibrato o el que aquí más nos interesa, grito. Un cantante puede gritar en modo “curbing” (contenido), “neutral” (neutro), “edge” (al límite), “several modes” (varía durante el propio grito) o “distorted” (distorsionado). Pues bien, el único ejemplo real que se repite en todas las categorías, el único cantante que el Complete Vocal Institute de Copenhage reconoce como capaz de gritar en todas las modalidades existentes es James Brown, también conocido como Soul Brother Number One, Sex Machine, Mr. Dynamite, The Hardest Working Man in Show Business, The King of Funk, Minister of The New New Super Heavy Funk, Mr. Please Please Please Please Her, The Boss o, resumiendo, Godfather of Soul. 

Fervor en la iglesia con el Padrino del Soul

Mi primera exposición a los alaridos del Padrino del Soul no fue, curiosamente, a través de ninguna de sus incendiarias grabaciones sino gracias a la película The Blues Brothers (John Landis, 1980), estrenada en España con el simpático título de Granujas a todos ritmo. En una de las muchas memorables secuencias de esa ya clásica comedia, la pareja de granujas formada por los hermanos Jake y Elwood Blues (inolvidables John Belushi y Dan Aykroyd) acude a la Iglesia Baptista Triple Rock para elevar su fe escuchando predicar al Reverendo Cleophus James (Brown). Sus palabras –“¡Cuando me levanté esta mañana escuché un sonido inquietante!…”–, seguidas de una ferviente interpretación del tradicional gospel The Old Landmark, no solo provocan que el incrédulo Jake Elwood acabe viendo la luz, sino que por transmisión catódico-estereofónica empujaron a quien esto escribe a convertirse, a la tierna edad de 15 años, en fiel seguidor de la Congregación de Nuestro Señor del Santo Grito.

Y es que dio la casualidad que en 1992, cuando TVE me brindó con ese pase la oportunidad de descubrir también a Aretha Franklin, Ray Charles o Cab Calloway –otros ilustres cameos del filme–, en Barcelona acababa de abrir ese festín musical hecho tienda que fue Virgin Megastore. Me planté allí con mi padre una tarde y cuando mis ojos localizaron la caja de cuatro cedés Star Time –editada hacía apenas un año– desplegué todas mis armas de seducción / chantaje emocional para que daddy cool aflojara la mosca. Lo hizo, claro, y nunca le estaré suficientemente agradecido por ello.

Star Time. LA CAJA

Porque Star Time no es una caja recopilatoria más, es LA CAJA. No recuerdo un impacto semejante, una concatenación de canciones tan abrumadora, una revelación musical mayor. En el transcurso de 71 canciones, cuatro horas y cincuenta y cuatro minutos, uno asiste atónito al despliegue del corpus musical de un tipo que, partiendo de ese gospel al que rendía tributo en la película, revolucionó la música popular estadounidende en distintas ocasiones a lo largo de más de 40 años de trayectoria.

Con la inestimable ayuda de sidemen como Bobby Bird, Maceo Parker, Pee Wee Ellis o Fred Wesley, propulsó el soul y el R&B a nuevas cotas expresivas; con los hermanos “Bootsy” y “Catfish” Collins sentó las bases del sonido funk y, en una muestra del valor atemporal de su legado, sus incontables clásicos sirvieron de papilla creativa a los pioneros del rap, que usaron melodías, ritmos y, cómo no, gritos de Mr. Dynamite como samplers con los que prenderle fuego a sus no menos revolucionarias creaciones. 

“I feel like like I want to scream… Can I screeeam?… Is it all right if I screeeeeeeeeeeam?”. James Brown, el Grito eterno. Amén.

Texto: Roger Estrada
Publicado en Songbook 2, de Joaquín Ladrón. Podéis comprarlo aquí.

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