
¿Quién nos recordará cuando dejemos este mundo? Acaso importará cuando seamos ya polvo de estrellas, me respondo. Pero, ¡¿qué sucederá con nuestra colección de vinilos?! Ahhh… Me gusta imaginar que habrá alguien que soplará el polvo incrustado en la cubierta de uno de mis tesoros sonoros, dejará fluir la aguja por sus surcos y durante el tiempo que decida escuchar sus canciones habrá algo de mí –un recuerdo, una emoción, un átomo– que regresará del más allá y acompañará al oyente gracias al fuerte poder evocador de la música.
“Mi padre falleció y heredé todos sus discos. Me llevó dos semanas ordenarlos alfabéticamente. Y así decidí iniciar un viaje de escucha. Voy a elegir un álbum de forma aleatoria, lo escucharé y documentaré mi escucha aquí. Mi objetivo es aprender más sobre música, sobre mi padre y conectar con otros amantes de la música”. Con estas palabras se presentaba en redes sociales Jula, que prefiere no revelar su apellido, en un vídeo publicado el 4 de septiembre de 2024 a través de su cuenta @Soundwavesoffwax. Su padre había fallecido dos años antes, dejándole en herencia una imponente colección de más de 10.000 vinilos. Cada día sin excepción Jula publica un nuevo vídeo, compartiendo sus impresiones sobre álbumes de artistas tan diversos como Talking Heads, Kris Kristofferson, Marianne Faithfull, Buckwheat Zydeco, Pointer Sisters, The Cult, Slade, Duke Ellington, Black Sabbath, Connie Francis, 1910 Fruitgum Company, The Oak Ridge Boys, Nervus Rex…
Gracias a su aproximación curiosa al legado de su padre, a la frescura no exenta de humor de sus vídeos y al atinado candor con que reflexiona sobre cada vinilo, Jula ha logrado congregar a una nutrida comunidad de melómanos, más de medio millón entre Instagram y TikTok.
Intuyo que enfrentarse por primera vez a esa colección fue algo abrumador. ¿Cuánto tiempo tardaste en recorrer de nuevo esas estanterías?
Los discos estaban en la habitación donde mi padre solía pasarse horas escuchando música, así que al principio me resultaba durísimo entrar allí. De hecho, durante un tiempo ni siquiera viví en esa casa porque me fui a estudiar a otra ciudad. Pero el año pasado regresé a vivir con mi madre para ahorrar y decidí instalar mi habitación justo ahí, porque era el sitio más tranquilo. Estar rodeada de los discos me enfrentó de nuevo al duelo. Me había alejado de ese dolor, no lo había procesado del todo. Empecé a poner algunos, pero me sentía muy sola al escucharlos sin él, porque solíamos hablar mucho sobre música. Un amigo me dijo: “¿Por qué no compartes esto online? Para eso existe Internet, ¿no?”
Tu sección de comentarios se ha convertido en un espacio donde la gente comparte conocimientos musicales, historias personales, incluso experiencias de duelo. Es una especie de salón digital, como una extensión de esa habitación donde tu padre escuchaba música.
Eso es una de las cosas más bonitas del proyecto. La comunidad es muy positiva, muy respetuosa. Reconozco nombres que se repiten, gente que cuida el espacio. No necesito moderadores porque entre ellos se regulan. Mis amigos me dicen que tengo uno de los rincones más sanos de Internet. Y además, cuando no conozco la historia de un disco, los propios comentarios me la cuentan. Es una forma de aprender colectiva, muy distinta a buscar en Google en soledad.
¿Qué has descubierto sobre tu padre como curador musical?
Me he dado cuenta de lo meticuloso que era como coleccionista y seleccionador. Al principio me parecía todo bastante aleatorio, como si simplemente fuese a la tienda y comprara lo que pillara. Pero con el tiempo empecé a notar patrones: productores que se repetían, nombres en los créditos, ciertos sellos discográficos… Está claro que había un criterio detrás, que pensaba mucho en la música que elegía.

¿Ha influido en tu propia forma de descubrir música?
No diría que me ha cambiado radicalmente los gustos, pero sí ha modificado mi manera de escuchar. Antes ponía música más de fondo o saltaba de una canción a otra. Ahora escucho los discos enteros, incluso los de electrónica que suelo disfrutar, porque ya me he acostumbrado a hacerlo así con los de mi padre. Escuchar un álbum completo es una experiencia hermosa, me encanta observar su portada, poner el vinilo y leer las notas interiores. Es un ritual que se ha perdido y que yo ahora disfruto mucho.
Una de las cosas más potentes es que no investigas los discos antes de escucharlos. ¿Por qué es tan importante para ti preservar esa primera impresión?
Me parece lo más honesto. Si investigara antes, perdería la forma en que heredé esos discos. Escucharlos sin contexto previo es la forma más real de acercarme a ellos. Y al final es como los escucharía igualmente en mi día a día: saco uno al azar y lo pongo. Es mi manera de ser auténtica, dentro de lo posible en Internet.
En una era de playlists algorítmicas y clips de TikTok de tres segundos, tu manera de escuchar álbumes completos parece ir a contracorriente.
Muchas amigas mías son músicos, porque estudié música en la universidad, y siempre hablábamos de cómo cada vez importan menos los álbumes. Parece que todo se reduce a tener una canción viral, una parte que sirva para un baile en TikTok o una frase pegadiza. Todo gira en torno a la viralidad. Y lo contradictorio es que yo también hago vídeos cortos para redes… así que a veces siento esa dualidad interna.
Pero vale la pena por leer comentarios donde la gente dice: “Voy a escuchar este disco completo.” O cuando digo: “Este álbum hay que escucharlo entero”, y la gente lo hace. Intento fomentar esa escucha completa, sentida. Incluso aunque estés haciendo otras cosas, con un vinilo tienes que pararte, darle la vuelta. Eso te obliga a frenar y creo que todos buscamos formas de desacelerar. Además, cuando un disco se acaba, hay silencio. Ese silencio también forma parte de la experiencia.
Por otro lado, tener una colección física te conecta con el esfuerzo de quienes hicieron esa música. En cada vinilo puedes ver quién participó en él, leyendo los créditos puedes conocer al ingeniero de sonido, a quien hizo la mezcla, al diseñador de la portada. Todo eso se pierde con el consumo algorítmico y la obsesión por la celebridad.

Como joven fan de la música y observadora cultural, ¿crees que la industria musical actual fomenta esa desconexión entre quien crea y quien escucha? En redes vemos a artistas como celebridades, pero se habla poco del proceso creativo detrás de los discos.
Totalmente. Y es curioso ver cómo, con el auge de la inteligencia artificial y otros cambios, mucha gente joven empieza a cuestionarse los servicios de streaming. Incluso amigos míos que no son especialmente melómanos me preguntan si sigo usando Spotify. Es un tema recurrente porque cada vez más gente quiere ser un consumidor consciente. Comprar vinilos, hacer donaciones directas a artistas, adquirir descargas digitales… Hay un deseo real de apoyar a quienes crean, no solo a las grandes plataformas. Repensar la música como arte, no como producto, puede cambiar la manera en que la escuchamos.
Estás presentando el gusto musical de tu padre a personas de todas las edades, muchas de las cuales quizá nunca hubieran descubierto esos discos. ¿Cómo te hace sentir eso? ¿Notas diferencias en las reacciones según la edad?
Recuerdo que hice una reseña de un disco de Frank Sinatra y lo llamé “cursi”. No lo dije en tono negativo, simplemente me parecía muy dramático el modo en que hablaba del amor. Gente mayor se molestó: “¿Cómo te atreves a llamarlo cursi? ¡Es elegante!” Pero mis seguidores más jóvenes entendieron el tono. Incluso se reían porque elegí ese disco para San Valentín. Algunos decían: “¡Muy obvio! Podrías haber elegido algo más original.” Otros: “Es el epítome del romance.” Ver esas reacciones cruzadas es muy divertido.
También me ha pasado reseñar discos que me parecían buenísimos y luego, al buscar críticas antiguas, descubrir lo mal que fueron recibidos. Como uno de Malcolm McLaren, el manager de los Sex Pistols, que mezcla ópera con R&B de forma rarísima [Fans, 1984]. Me encantó, pero luego leí que la crítica lo había machacado. Aun así, lo reseñé con entusiasmo. Y en los comentarios algunos lo odiaban y otros decían “¡es increíble!”. Me encanta eso.
Es bonito pensar qué motivó a tu padre a comprar ese disco en su momento y verte ahora a ti, tantos años después, recuperarlo sin prejuicios. Es una de las virtudes de tu proyecto: abrir espacios para reevaluar, para escuchar sin filtros.
Me alegro que lo percibas así. También intento mantener una actitud positiva; aunque un disco no me guste, busco algo que me haya gustado: un bajo, una transición, una atmósfera. Me obliga a escuchar con más atención y eso me ha enseñado que en todo álbum hay al menos un momento que puedes valorar, aunque no sea de tu estilo.
El vídeo que has publicado hoy es de una edición polaca de un disco de Bill Haley & The Comets, un ejemplo de cómo vuestra herencia polaca se funde con vuestra experiencia canadiense. ¿Qué significa para ti compartir esa intersección cultural con una audiencia global?
Es muy especial. Hay muchos discos polacos en la colección: algunos los conocía, otros no. Me gusta mucho escucharlos con mi madre porque le despiertan recuerdos muy vivos. Si pongo a Rolling Stones, me puede decir que le gustan, pero si suena un disco polaco se transforma, me cuenta historias de conciertos, se emociona. Y eso también me conecta con su historia. Además, la comunidad polaca online me ha abrazado: muchos me escriben en polaco y eso es algo muy bonito.
Tú también eres músico. ¿Cómo crees que te ha influido este proyecto? ¿Llegó tu padre a escuchar lo que haces?
Empecé a hacer música después de que él falleciera. Estudié teatro, pero luego me pasé a la música porque necesitaba explorar eso. Me siento muy afortunada por haber vivido una relación tan íntima con la música gracias a mi padre. Eso marcó mi forma de escuchar y de conectar con los demás. Hago música electrónica experimental con ordenador. No creo que le hubiera gustado mucho, la verdad… pero me habría encantado que la escuchara. A mi madre no le gustaba nada al principio. Pero un día le pedí que se tumbara con auriculares y simplemente la escuchara. Lloró. Me dijo: “Lo siento, Jula. No tenía ni idea. Nunca había escuchado música así.”
Texto: Roger Estrada
Fotos: Cortesía de @soundwavesoffwax
Publicado en Ruta 66 (noviembre 2025, especial 40 aniversario)












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