WORK IN PROGRESS…

Roger Estrada dixit…

THE SOUNDTRACK OF OUR LIVES. Contra la grotesca mentira de la sociedad del bienestar

TSOOL_band

“Formados en Gotemburgo en 1995 de las cenizas de Union Carbide Productions para alegrar, confundir e iluminar a la próxima generación de seres humanos. El resto es historia del rock & roll”. Así de escuetos se presentan The Soundtrack of Our Lives ante los internautas que aterrizan en su web. El resto, como sabrás si llevas años ruteando, es sin duda historia del rock’n’roll y, también, banda sonora de muchos de los que hacemos (y leemos) esta revista. TSOOL es, en gran medida, una banda hermanada en espíritu con esta revista, una cabecera que empezó a dar sus primeros pasos casi al mismo tiempo que Ebbot Lundberg y su por entonces lugarteniente Björn Olsson empezaban a sacudir los cimientos del rock underground europeo y estadounidense (no olvidemos las alabanzas que recibieron de Jello Biafra, Sonic Youth o Kurt Cobain) con Union Carbide Productions. De sus cenizas, decíamos, nacieron The Soundtrack of Our Lives…

Y de su importancia ya hemos hablado sobradamente aquí; vayamos pues directos a su presente (que tiene mucho de pasado y futuro, claro) y hundámonos en una última entrega, Communion (Locomotive, 2008), que encuentra a los suecos con energías renovadas. Tras abortar la grabación de lo que debía ser la continuación de su último disco de estudio, Origin Vol.1 (2004), TSOOL se encaminaron hacia el futuro haciendo limpieza en la trastienda de su inabarcable catálogo, un ajuste de cuentas con su pasado que titularon A Present from the Past. En ese proceso de regeneración-depuración, aprovecharon también para zafarse definitivamente de la presión mediática, con pequeño hype en Inglaterra y nominación al Grammy incluidos, que generó Behind the Music (2001), un éxito que, en mi opinión, atenazó al grupo durante la grabación de Origin Vol.1, el más irregular o precipitado de los trabajos de un grupo que da lo mejor de sí mismo cuando disfruta de tiempo para desplegar completamente su poliédrica visión del rock. De todo ello hablamos con Martin Hederos (teclados) y Fredrik Sandsten (batería) pocas horas antes de su largamente esperada actuación en el último Azkena Rock Festival, donde fascinaron al respetable con un concierto tan hermoso y vigorizante como su música.

¿De qué manera el recopilatorio A Present From the Past os sirvió para poner un punto y seguido a vuestra carrera y así poder afrontar el futuro, la grabación de Communion con más energía?
Martin Hederos: Fue una buena terapia. Creo que cualquier banda con tanto material como nosotros debería hacerlo para seguir adelante.

Fredrik Sandsten: Además, buena parte del material recogido en A Present From The Past son temas de EPs y singles solo editados en Suecia, por lo que queríamos que nuestros fans del resto de Europa y de EEUU pudieran disfrutar esos temas sin dejarse una fortuna en eBay. Otras canciones, sin embargo, iban a formar parte de Origin vol.2, un disco que grabamos en su mayoría pero que preferimos no editar en ese momento porque creímos que ya no respondía a lo que deseábamos comunicar a nuestros seguidores. Supongo que algún día acabará viendo la luz como tal.

Communion aparece cuatro años después del lanzamiento de Origin Vol. 1 y, por lo ambicioso del resultado, intuyo que ha sido grabado en un contexto más relajado, con menos presión que aquél, ¿no es así?
M: Después de la experiencia tan intensa e incluso estresante que fue la grabación y posterior gira de Origin vol.1 quisimos aislarnos del mundo en nuestra particular burbuja TSOOL, como hicimos durante la grabación de Behind The Music.

F: Las similitudes tienen más que ver con el espíritu de aquel disco que con el proceso de grabación en sí. Entramos a grabar Communion con las baterías recargadas y la mente fresca, recuperando esa visión sin ataduras, totalmente libre, que tuvimos cuando grabamos Behind The Music.

¿Es este, pues, el disco de la refundación de TSOOL?
Martin: En cierta manera, sí. Ebbot en especial necesitaba tomarse un respiro. No creo que sea bueno hacer discos sobre ir de gira, rock acerca del rock, así que todos ansiábamos poder disponer de tiempo y espacio físico para abrir nuestro propio horizonte creativo, recuperar ese espectro ilimitado que solía alimentar nuestras letras, nuestras canciones. Communion es el resultado de habernos forzado a reconsiderar lo que queríamos.

F: Queríamos tiempo para plantearnos nuevos objetivos, nuevos retos. A raíz de Behind The Music, tanto la gente de la discográfica como la de nuestro management nos apremiaba a tomar decisiones, a grabar, girar, etc. Para el nuevo disco decidimos que solo íbamos a escuchar nuestra propia voluntad, sin influencias externas. Se trataba de devolverle a la banda el control sobre su propio destino.

Ha llamado mucho la atención el diseño del nuevo disco, con esas imágenes asépticas de felicidad publicitaria. ¿Cómo disteis con ellas para plasmar el concepto que subyace en Communion?
F: Normalmente Ebbot es quien se encarga de idear las portadas y el diseño de nuestros álbumes, pero curiosamente en esta ocasión decidimos delegar dicho trabajo en Martin Kann, un diseñador del que admirábamos su artwork para el grupo sueco Bob Hund. También trabaja en campañas publicitarias rompedoras y llenas de ironía y supo darle ese tratamiento impactante al diseño del disco, algo que ha sido tremendamente efectivo vista la reacción de la gente. Te guste o no, está claro que no deja indiferente, crea debate sobre la relación entre las imágenes y las letras de nuestras canciones, como se contraponen o complementan, según lo mires. Personalmente, creo que refuerzan nuestra visión de la sociedad del bienestar jugando con sus propios códigos, subvirtiendo la idea de felicidad que nos vende el sistema, enfatizando sus trazos grotescos y lo estéril de los valores sobre los que se sustenta.

El disco no podía haber llegado en mejor momento, con el sistema económico sumido en el caos y la gente en estado de shock…
F: Curiosamente, la idea del disco surgió hace más de un año, antes del colapso mundial. Siempre nos ha gustado poner el dedo en la llaga de esta felicidad artificial que te venden las grandes marcas y que lleva siendo la base del sistema desde la década de 1980. Desde el boom económico de la era Reagan, con los yuppies y el culto al dinero rápido y fácil, se nos ha venido inculcando esta idea de que la riqueza material conlleva intrínsecamente la felicidad del individuo, algo que se ha acabado demostrando que es totalmente falso.

M: Ya hicimos una canción llamada «Dow Jones Syndrome» (búscala en el genial EP Gimme Five, 2000; ndr) en la que plasmábamos el estado de confusión que estamos viviendo ahora; “La gente se cuestiona cosas / que no pueden ser explicadas / Busca hallar una respuesta / que le ayude a aliviar el dolor”. Ya va siendo hora que TSOOL tengan su columna en algún periódico económico, ¿no crees? (risas).

Las letras de «Bable On» o «Saturation Wanderers» refuerzan la idea de comunión del disco, apelan a cierto espíritu de hermanamiento y hay algo catártico en ellas…
M: Tienen cierto espíritu gospel, sí (risas). No es nada religioso, cuidado, solo un mensaje optimista y positivo para que no perdamos la fe en el ser humano. Son canciones que aspiran a elevarte el ánimo.

F: Hoy en día parece que el mundo se está volviendo más pequeño, cada vez estamos más conectados, parece que estemos más próximos los unos a los otros; pero si lo piensas detenidamente, la distancia real entre las personas aumenta, la desconfianza, el miedo al extraño. Sí, la tecnología nos permite hablar con alguien en la otra punta del mundo, pero nos cuesta hablar con nuestro vecino. Además, también hay quien necesita vivir realidades virtuales y así crearse identidades paralelas con las que realizar esas fantasías que no se atreve a llevar a cabo en el mundo real.

The+Soundtrack+of+Our+Lives

Es la primera vez que grabáis en disco una versión, ¿por qué habéis elegido el «Fly» de Nick Drake?
F: Amamos a Nick Drake y esta canción en especial es una de nuestras favoritas. Era importante ser respetuosos con el original pero aportándole nuestra propia visión, rindiendo tributo a la melodía eterna de Drake y sumándonos a su belleza con nuestro granito de arena.

M: Mucha gente nos considera, especialmente en directo, como una banda de rock potente y enérgico, pero desde siempre hemos sentido debilidad por los cantautores y hemos procurado darle salida a esta debilidad con canciones más delicadas y preciosistas. La gente del entorno de Nick Drake, como su hermana Gabrielle, ha reaccionado de forma muy positiva a nuestra versión y ése es el mejor cumplido imaginable.

Contadnos la historia del encuentro entre Ebbot y Arthur Lee que se esconde detrás del tema «The Fan Who Wasn’t There».
M: Descubrimos de qué trata realmente durante un concierto que dimos en San Francisco. Antes de tocarla, Ebbot se dirigió al público y la presentó como su pequeño homenaje a Arthur Lee. Cuando oímos su introducción el tema adquirió una nueva dimensión para el resto del grupo; allí, en directo, mientras la tocábamos, escuchábamos nuevamente a Ebbot cantar la letra pero por primera vez desentrañábamos la identidad espectral que se oculta en ella. Vivir eso sobre un escenario, y en San Francisco, fue algo estremecedor; son de esas experiencias que hacen que tocar en directo sea algo tan intenso y vital para nosotros.

F: Ebbot conoció a Arthur Lee al finalizar un concierto que éste dio en Gotemburgo durante su última gira; se pasaron toda la noche charlando y bebiendo y Ebbot volvió fascinado por la experiencia, aunque también bastante borracho (risas). Entonces, un día encontró esta preciosa melodía que Mattias (Bärjed, guitarrista; ndr) había escrito hacía años inspirándose en ese aire caprichoso y barroco, ensoñador y mágico que tenían las canciones de Love y que tanto nos gusta. Fue la fusión perfecta entre fondo y forma, entre la historia de Ebbot y la melodía de Mattias.

¿Cómo os sentís si os digo que para mucha de la gente que os verá esta noche realmente ya formáis parte de la banda sonora de sus vidas?
F: Uno puede a llegar a perder el sentido de la realidad cuando está constantemente de gira, sometido a la presión de la discográfica y preocupado por las ventas de su nuevo disco. Como te decíamos al principio, este nuevo álbum nos ha servido para reordenar nuestras prioridades, recuperar nuestro equilibrio como grupo y, también, para volver a conectar con el público. Nuestros fans son los que nos han permitido mantenernos en activo en gran medida, así que hay que transmitirles que la pasión que ellos sienten por nuestra música es la misma que nosotros sentimos con cada nuevo trabajo. Y en directo jamás hay tanta conexión como cuando tú y tu público estáis sintiendo la música al mismo nivel.

Tras casi quince años de carrera, y pese a haber flirteado con cierto éxito, habéis mantenido una carrera estable, coherente. Y eso es algo que también valoran vuestros seguidores.
F: Si miras a otras bandas de nuestro país que surgieron a la vez que nosotros, o quemaron su energía demasiado pronto o acabaron cansados de no conseguir una mínima repercusión. Quizá con la excepción de The Hellacopters, que creo que lo dejaron en un buen momento, conscientes de que era mejor dejarlo cuando su nivel tanto en disco como en directo seguía siendo alto. Nosotros estamos, como lo estuvieron ellos, un peldaño por debajo del éxito y creo que eso es lo que nos mantiene hambrientos y con ganas de seguir grabando y tocando. Además, nuestra posición nos permite vivir de lo que nos gusta y viajar por el mundo y eso es algo impagable.

Ciertamente, es estimulante ver como seguís dándolo todo en directo, cuando otros grupos con apenas un disco parecen cansados en su primera gira.
M: Seguramente hayan tenido más éxito con ese disco que nosotros en toda nuestra carrera y, claro, ya no están hambrientos (risas). Nosotros seguimos teniendo un alto grado de competitividad, muchas ganas de demostrarle a la gente que no estamos acabados, que no nos afecta estar rondando o superando los 40, que seguimos siendo una gran banda en directo. Quizá el factor de la edad juegue a nuestro favor. Antes de formar TSOOL todos teníamos nuestras carreras previas, sabíamos de qué iba esto, teníamos una perspectiva de la industria, del negocio y éramos conscientes de que nadie te regala nada y que no es un derecho humano poder vivir de tu grupo, que debes trabajar duro para salir adelante y mantenerte.

MARTIN HEDEROS, EL COCINILLAS DE TSOOL
“Degustar la comida de los distintos países es una de las grandes recompensas a pasar tanto tiempo fuera de casa. Trato de llevar un diario sobre los platos que más me han gustado yendo de gira y procuro visitar aquellos restaurantes de cada ciudad que descubro por Internet. Cuando estás de gira es importante que procures salir del hotel, ver la ciudad, conocer gente y, también, probar la comida de cada sitio”. Martin Hederos se lamenta de no disponer del mismo tiempo que en otras ocasiones en esta nueva visita al País Vasco, al tiempo que me reconoce que el título de gourmet de TSOOL lo comparte con el guitarrista Ian Person. Aunque no cuesta imaginarse a Ebbot zambulléndose en la marmita en busca de ricos caldos o devorando un jabalí cual Obélix del scandinavian rock, son ellos dos los que más pasión le ponen a la hora de trazar su ruta gastronómica. Hederos ya dejó constancia de su pasión por los fogones en una entrevista para cookingwithrockstars.com, una suculenta web en la que Jennifer Robbins, su creadora, se propone desenmascarar al cocinillas que se esconde detrás de artistas como Robn Hytchcock, Rufus Wainwright, Sean Beam (Iron & Wine), Britt Daniel (Spoon), Ben Gibbard (Death Cab For Cutie), Jenny Lewis o el alocado Jack Black. En su encuentro con Robbins, Hederos descubre su recién hallada fascinación por el cordero y las partes olvidadas de la carne. “A veces las partes más baratas son las más sabrosas”, comenta Hederos antes de compartir con ella una receta del tagine, o guisado de cordero marroquí, y evocar su experiencia culinaria más fascinante en EEUU, concretamente en Los Ángeles, donde, con una importante resaca, quedó fascinado por un burrito de pez espada que se zampó en un puesto mexicano de fast-food en Sunset Strip. ¡Chúpate ésta, Adriá!

www.tsool.net/

Texto: Roger Estrada
Publicado en Ruta 66 (julio / agosto 2009)

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Esta entrada fue publicada en 02/10/2009 por en Ruta 66 y etiquetada con , , , , .
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