WORK IN PROGRESS…

Roger Estrada dixit…

THE HELLACOPTERS, TURBONEGRO, GLUECIFER & THE FLAMING SIDEBURNS. Scandinavian rock

NICKE ROYALE, EL VALOR DE UNA DESPEDIDA A TIEMPO

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No podía ser de otra manera. The Hellacopters dicen adiós y vuelven a la portada de Ruta 66 por tercera (¿y última?) vez, tras compartir honores con Backyard Babies en Ruta145 (diciembre 1998) y hacerlo en solitario en Ruta167 (diciembre 2000). Como en aquella primera ocasión, nuestro interlocutor vuelve a ser un Nicke “Royale” Anderson que reconoce encarar la gira española de despedida con la emoción de reencontrarse con uno de los públicos que, en palabras suyas, “más ha contribuido a la fantástica aventura de The Hellacopters”. Aunque con su disolución el rock’n’roll haya muerto definitivamente, disfruta de su Grande Rock por última vez… ¡y por la gracia de Dios!

Parafraseando a Neil Young, ¿era mejor estallar ahora que irse apagando lentamente?
Todos sentimos que todavía teníamos cosas por decir, pero hemos preferido dejarlo cuando estamos en buena forma, dentro y fuera del estudio, para que la gente se quede con una imagen de plenitud y no de decadencia, de hastío, de rutina. Para mí, The Hellacopters significan demasiado como para seguir y ver como paulatinamente todo se iba deteriorando, porque hubiera pasado, siempre pasa. Y además, todas las bandas deben dejarlo en algún momento, ¿no crees? Espero que nuestros fans entiendan que no querríamos que ellos nos vieran haciendo discos o dando conciertos por debajo de sus expectativas. Y, sinceramente, cuando grabamos nuestro primer disco ni de coña podíamos imaginar que llegaríamos donde hemos llegado; todo lo que ha venido desde entonces ha sido para nosotros un excitante “bonus track” de más de una década.

Me ha gustado la estrategia de lanzar Head Off, vuestro último disco, sin avisar que era un disco de versiones, lo que ha pillado desprevenido a más de un periodista…
No queríamos tomarle el pelo a nadie, sólo obligar a la gente a escucharlo detenidamente, sin prejuicios de antemano. Si hubiéramos dicho en la nota de prensa que era un disco de versiones, la reacción de la prensa no hubiera sido igual, estoy seguro, y queríamos darle la oportunidad al disco de ser juzgado por lo que contenía: grandes canciones de rock’n’roll… Aunque ninguna escrita por nosotros (risas). La idea de las versiones es la misma que tienes cuando le grabas una cinta a un amigo: “¡tío, escucha esto!”. Ya sabes, compartir con él canciones que crees que podrían gustarle, poco conocidas pero que encajan con lo que sabes que a él le pone. Nosotros teníamos la posibilidad de reivindicar a grupos a los que admiramos, pero grupos contemporáneos, no clásicos de los setenta, que sería lo que la gente esperaría de nosotros. Así, elegimos a vecinos como Demons, The Peepshows o The Robots, a nuestros ídolos yanquis The Humpers, Dead Moon o New Bomb Turks o a bandas hermanas de Australia como Powder Monkeys o The Yes-Men. Es nuestro pequeño, modesto homenaje a todas ellas.

¿Cómo recuerdas crecer en Suecia a mediados de los 80, cuando eclosionó la generación de Union Carbide Productions o The Nomads?
Kenny y yo crecimos juntos, pero nuestros intereses musicales no podían ser más distintos. Hacia 1988 yo estaba metido en la escena death-metal underground y él fascinado con Union Carbide Productions; un día me dijo “¡tío, escucha esto!” y yo respondí “¡¿Dios, qué es esto?!” (risas). Fue un impacto total. Me dijo que estaban influenciados por Stooges y MC5, así que descubrí a los patriarcas de los patriarcas a través de UCP; esa es la grandeza del rock’n’roll. Desgraciadamente, no les vi en directo hasta uno de sus últimos conciertos, hacia 1992 ó 93. A los Nomads les conocimos a través de Carl de House Of Kicks, el sello que distribuía los discos de Entombed en Suecia; son toda una institución, un referente y, siguiendo con eso del aprendizaje, gracias a ellos descubrí los discos de Roky Erickson o DMZ. De hecho le debemos mucho a Carl: no solo ha editado Head Off en su sello Psychout Records sino que en su día fundó White Jazz por las ganas que tenía de editar nuestro debut, Supershitty To The Max! (96). El círculo se cierra, es bonito…

En 2005 certificabas la muerte del rock’n’roll al comunicar la disolución de Gluecifer; ¿te sorprendió su decisión?
La verdad es que cuando me enteré fue un shock, no me lo esperaba, les veía en buena forma y sus discos, al contrario que a buena parte de sus fans, me gustaban cada vez más. Pero al hablar con ellos entendí perfectamente por qué lo dejaban; dos de ellos no querían salir más de gira, estaban hartos de la dura rutina de la carretera. Ahora se dedican a algo que no tiene nada que ver con la música.

¿Cómo recuerdas el llamado “boom” del rock escandinavo, con Gluecifer, Turbonegro, Backyard Babies y vosotros como principales protagonistas? ¿Cómo lo viviste desde dentro?
Sinceramente, no recuerdo ninguna explosión (risas). Quiero decir que no tengo la sensación que nos convirtiéramos en algo realmente grande más allá de un nivel underground, porque el rock’n’roll era y sigue siendo algo minoritario en Europa. Cuando lo estás viviendo no eres muy consciente de la dimensión real de todo ello, de la trascendencia que aquello adquirirá con los años. Ensayas, grabas, te subes a una furgo, tocas, sales de fiesta, conoces gente, te emborrachas; ensayas, grabas, tocas… Una rutina fantástica cuando eres joven, te la suda todo y tu banda es tu vida.

Produjiste el último disco de Backyard Babies; ¿cómo fue trabajar con ellos y cómo valoras su trayectoria?
Les admiro por seguir en la brecha después de tantos años, por mantener intacta su fe en la que hacen y por vaciarse en cada concierto como si fuera el último; es alucinante que conserven esa energía, esas ganas de comerse el mundo… Aunque sea evidente que ya no vayan a lograrlo. En su día lo pareció y desgraciadamente no fue así.

Un curioso caso es el de Turbonegro, muertos y resucitados para dominar el mundo más que ningún otro grupo de esa generación.
Creo que hay tres razones que explican por qué ellos lo lograron. Por un lugar está la música, las canciones hablan por sí solas. A eso debes añadirle una imagen impactante, cuidaron muy bien ese aspecto y funcionó. Estás hablando con un gran fan de Kiss, así que sé de lo que hablo (risas). Y por último está su directo, explosivo como pocos.

A la estela de todos vosotros siempre estuvieron The Flaming Sideburns…
Nuestros hermanos finlandeses. Son los mejores y aunque ahora se lo estén tomando con más calma, todavía no se han separado, se resisten a morir. Les vi el año pasado y siguen liándola encima del escenario, así que creo que tienen cuerda para rato. Me alegro por ellos.

Has producido a Dollhouse y sé que eres fan de Captain Murphy, ¿está en sus manos el presente y el futuro del rock escandinavo?
Dollhouse son la hostia y fue un placer trabajar con ellos en su segundo disco, tomando el relevo a Michael Davis de MC5, que produjo su debut. ¿Y qué demonios pasa con Captain Murphy? ¿Por qué ya no tocan en directo? Era la mejor banda escandinava del momento, te lo juro, tenían el potencial para tomarle el relevo a abueletes como nosotros y hacer algo grande. Otra de mis bandas favoritas es Brut Boogaloo, de Noruega, son como Kiss mezclados con Thin Lizzy y Beatles; ¡tío, debes escucharlos! (risas).

SÁDICOS EN TEJANO, DEALERS DIVINOS Y PATILLAS EN LLAMAS

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En el Oya Festival del pasado mes de agosto, los sádicos embutidos en tejano de Oslo celebraron el décimo aniversario de Apocalypse Dudes, su obra capital, “el mejor disco jamás editado en Europa” (Jello Biafra dixit), intepretándolo en su totalidad para deleite de los aguerridos seguidores del credo Turbojugend. Falsos bujarras con un conocimiento enciclopédico del rock y un sentido del espectáculo a prueba de bombas y petardos en el ojete, los de Hank Von Helvete emergieron hace dos décadas para escándalo de bienpensantes y punks integristas, pues en Hot Cars and Spent Contraceptives (1992) y Never is Forever (94) reverenciaban por igual a Stooges y Bad Brians que a Venom y Blue Öyster Cult. Para Ass Cobra (96) adoptaron el look denim y se inyectaron el pintalabios glam-punk en pepinazos como «I Got Erection» o «Denim Demon»; con la entrada del hacha Euroboy a la guitarra ya estaban preparados para fusilar (con estilo) a AC/DC, Alice Cooper, Thin Lizzy, Ramones o Dictators en el descomunal Apocalypse Dudes (98), una bacanal death-punk con dionisíacas operetas del calibre de «Get It On» o «Zillion Dollar Sadists» y meteóricos fist-fuckings como «Don’t Say Motherfucker, Mutherfucker» o «Prince of the Rodeo». La exitosa gira, el Darkness Forever tour, acabó sin embargo con el grupo por agotamiento, excesos tóxicos y delirios mentales varios. Y con el silencio, creció el culto. Regresaron (aparentemente) limpios con Scandinavian Leather (2003), retomándolo donde lo dejaron, a lomos de un glorioso death-punk meets arena-rock que les abrió las puertas del éxito que todos auguraban antes de la implosión del 99. Cerraron su particular trilogía del Apocapilsis con el irregular Party Animals (05), grabado en Los Ángeles y co-producido por Steve MacDonald (Redd Kross); Retox (07), un disco “lleno de speed, poder, humillación y libertad” (Turbonegro dixit), les mantiene vivitos y culeando, pese al despido del bataca Chris Summers y la enfermedad (que está superando) de nuestro querido Euroboy.

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“Mis más profundas condolencias a todos los fans del Rock, yo incluído”. En estos apesadumbrados términos comunicaba Nicke Hellacopter a través de su blog la triste noticia el 24 de julio de 2005: Gluecifer tiraban la toalla. Tres años después, ellos también miran atrás sin ira con el doble recopilatorio Kings of Rock: Best of and Rarities, 36 perlas entre hits e inéditos, contundentes pruebas todas ellas del fulgor sonoro que Biff Malibu y compañía irradiaron en sus sus once años de trayectoria. Desde su primer single en 1995, el cotizadísimo God’s Chosen Dealer, los cinco pistoleros de Oslo se dedicaron en cuerpo y alma a propagar su fe ciega en el rock pateándose los escenarios de media Europa y acrecentando con cada bolo la fama de su explosivo directo. Debutaron pisando el acelerador cual Correcaminos ciego de speed en ese sopapo de punk-rock titulado Ridin’ the Tiger (97), fulminante carta de presentación que puso a cien hasta la berruga de Lemmy Motorhead. Soaring With The Eagles At Night, To Rise With The Pigs In The Morning (2000) amplificó el punch rock’n’roll con azotes del calibre de «Bossheaded» o «Get The Horn», hits para berrear en desbocada estampida en sus siempre caldeados conciertos. En el 99 se fueron a Nueva York a grabar Tender is the Savage (00) bajo la tutela de Daniel Rey; pese a la rocosidad del álbum, 75% AC/DC – 25% Stooges, sus expectativas de petar en América se truncaron por la desidia promocionera de Sub Pop, lo que les abocó a un futuro incierto. Con todo, el incondicional apoyo de sus fans les animó a pirarse de su sello en casa, White Jazz, y autofinanciarse su siguiente trabajo, Basement Apes (02). Mejor de lo que nos pareció a muchos en una primera escucha –como sucedió con su “innovador” (¡punk-rockers cuidando los matices de sus temas!) epitafio Automatic Thrill (04)–, marcó los primeros signos de desgaste interno del grupo, donde solo Captain Poon parecía sentir todavía el cosquilleo del estilo de vida r’n’r. Finiquitados Gluecifer, éste sigue chuleando riffs con más carisma que canciones al frente de Bloodlights.

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Siempre un peldaño (o dos) por debajo en cuanto a popularidad respecto a sus vecinos de generación, los finlandeses The Flaming Sideburns siguen dándole a su rock’n’rollah exultante y rumboso, viciado y lascivo. Con una trayectoria de trece años a sus espaldas, los de Helsinki confirman con su reciente Keys to the highway (07) que siguen en esto por amor al arte, conscientes de que su tren pasó hace tiempo pero incapaces de dejar de echarle leña a su propia máquina. Comandados por ese apasionado bocazas de origen argentino que es Eduardo “Speedo” Martínez, las Patillas en Llamas empezaron a calar hondo por aquí con el recopilata de singles vía Bad Afro It’s Time to Testify… Brothers and Sisters (99), amalgama de vibrante R&B e infeccioso garaje, con Martínez poseído por Rob Tyner y Ski Williamson por… er… James Williamson. Pero si su nombre quedará para siempre impreso en la memoria del boom escandinavo es gracias a Hallelujah Rock’n’rollah (01), acaso una de las mejores grabaciones de la época, todo un festín que hace honor a su título lamiendo por igual el retrete de Beggars Banquet, el papel pintado de Tamla-Motown o el banano de Velvet Underground & Nico, combinando aquelarres como «Loose My Soul» o «World Domination» con baladones puro Jagger / Richards como la elocuente «Flowers». Su reedición en Amércia no sirvió para que obtuvieran la repercusión mediática que sin duda merecían, decepción que no se apaciguó con Sky Pilots (03), más por culpa de la mala promoción del sello finlandés Ranch que por los méritos intrínescos del álbum. Un trabajo ambicioso, excitante, con más gotas de psicodelia y soul que antaño, con nuevo guiño a su adorado Roky Ericksson en forma de versión de «The Interpreter» –ya le tributaron en su primera referencia, el recopilatorio en directo Bama Lama Boogaloo, 97— y plenitud en la ejecución por parte de una banda cohesionada como nunca. Aislados en su propio mundo y auténticos street survivors, The Flaming Sideburns se han ganado a pulso la incondicional adoración routier.

DIVISANDO LAS NUEVAS HORDAS /

BIG BANG

“Son grandes, pero desgraciadamente nadie les conoce fuera de Noruega”. Nicke Hellacopter habla de Bigbang, banda de rock a caballo entre Oslo y Los Ángeles cuya grandeza y poca repercusión en Europa obligan a reivindicarles desde aquí. Formados en 1992 cuentan pese a su juventud con seis discos que deberían calar hondo en el lector que, tomando como punto de partida el Grande Rock de Hellacopters, guste de viajar en el tiempo / espacio, para sumergirse en el sonido Costa Oeste de los 60’s, abrazar la British Invasión o galopar a lomos del vibrante rock 70’s. Éntrales con su recopilatorio de elocuente título, Something Special: The Best of Bigbang. La indignación de Nicke ante el silencio de Captain Murphy se entiende pegándole una escucha a su segundo trabajo Human Cannonball, discazo producido por Chips K que sacude a base de rock’n’roll setentero, cargado de riffarama zeppeliano, espoleado por vientos souleros y propulsado por una base rítmica en plan Steppenwolf. Royale es el padrino de The Royal Rendezvous, el segundo de los también suecos Dollhouse, puro Motor City Rock embestido por blues y soul; no es de extrañar que Micheal Davis (MC5) viera con ellos la luz al producirles su debut, el caldeado The Rock and Roll Circus. Diamond Dogs ya tienen herederos en su fervorosa recreación del universo Faces; desde la pequeña población de Sala, al sureste de Suecia, los cachorros de Midnight Scraper tienen la misma chulería, el mismo carisma, la misma capacidad para embutirse en las botas de Aerosmith, Little Feat o Black Crowes… pero veinte años menos. Píllate su disco Fast Side – Show Side y flipa con su doble faceta, electrizante y acústica; son jóvenes y tienen hambre. Uno de sus miembros milita también en los vecinos Southern Skyline, más escorados hacia la Cosmic American Music, citando a Gram Parsons y The Byrds, pero también a Swamp Dogg o Leon Russell entre sus influencias; estaremos atentos a su inminente debut. “Piensa en Beach Boys, Jellyfish y MC5 mezclados con emociones contemporáneas y mucha pasión”, así definen a The Sunshine desde su disquera y escuchando su segundo disco, I Heard A Rumour About You Boy, no van muy desencaminados en sus rimbombantes elogios; el cuarteto de Estocolmo lo tiene todo para colarse en las ondas británicas, veremos… Antes de dar carpetazo a este tímido rastreo por el presente escandinavo, volamos a Dinamarca para, en una onda todavía más pop, dar cuenta de dos chispeantes propuestas afiliadas al sello alemán Tapete, Men Among Animals y The Elephants. Los primeros me cautivaron con su nuevo single «Other Ways», psicodelia pop a degustar por los seguidores de Flaming Lips o Animal Collective y localizable en su disco Bad Times, All Gone; los elefantes hicieron lo propio desde Copenhague con un disco homónimo trufado de brillante sunshine pop psicodélico y hermanado con, evidentemente, el colectivo Elephant Six de Neutral Milk Honey, Apples in Stereo y compañía. Más, otro día.

Texto: Roger Estrada
Publicado en Ruta 66 (septiembre 2008)

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3 comentarios el “THE HELLACOPTERS, TURBONEGRO, GLUECIFER & THE FLAMING SIDEBURNS. Scandinavian rock

  1. Troy McClure
    05/10/2009

    Está bien el artículo Roger, pero ¿y The Hives?

    Ni una pregunta a Nicke sobre ellos?

    • rogerestrada
      06/10/2009

      Lo sé, lo sé, pero The Hives no estaban integrados en el rollo High-energy, su rollo era otro aunque se les metiera en ese boom.

  2. Pingback: POSTS MÁS (Y MENOS) VISTOS DE 2009 « Work In Progress…

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