WORK IN PROGRESS…

Roger Estrada dixit…

MITCH EASTER. Magia pop en Fidelitorium

Mitch Easter nació el 15 de noviembre de 1954 en Winston-Salem, Carolina del Norte. Desde la ciudad, siguiendo la Interestatal 40 en dirección Este, se llega al pueblo de Kernsville, donde Easter vive y trabaja desde hace diez años. A pocas millas, la Interestatal 85 cruza rumbo a Athens, Georgia, hogar de R.E.M., banda que hace más de veinte años gozó de la astucia y la habilidad como productor de Easter. Con su primer single, “Radio Free Europe” y el EP “Chronic Town”, los de Michael Stipe se convirtieron en un grupo de culto dentro de la escena de las college radios yanquis, para estallar definitivamente como gran sensación a nivel masivo con “Murmur” y “Reckoning”, producidos a medias entre Easter y Don Dixon. Desde entonces ha trabajado con gente como Dinosaur Jr., Pavement, Velvet Crush, Superchunk, Hummingbirds, Marshall Crenshaw, The dB’s, Pylon, Moose, Mockers o los españoles Insanity Wave. Pero como se ha encargado de recordar el recientemente editado disco de tributo “Every Word” (Laughing Outlaw, 2003), su historia, su prestigio se cimentó también con su proyecto más personal, Let’s Active. Empecemos por ahí…

¿Cómo te sentiste cuando te enteraste que Michael Slawter planeaba un disco de tributo a Let’s Active? ¿Cuál ha sido tu participación en el proyecto y qué te parece el resultado final?
Cuando me presentaron a Michael el tributo ya estaba en marcha. De hecho, me enteré del proyecto primero a través de gente a la que Michael había preguntado si quería participar, como Don Dixon y Bobby Sutliff, y en cierto modo me sorprendió la idea, porque no conocía a Michael de nada. Años antes, Chris Xefos, de King Missile, mencionó la posibilidad de hacer un disco tributo con artistas de Los Ángeles, pero no tiró para adelante. Así que, básicamente, pensé que era muy halagador que alguien se acordara de ese material y decidiera sacar de nuevo a la luz esas canciones. Pero yo no tengo nada que ver con el proyecto; es el hijo de Michael al 100% y lo cierto es que le ha nacido estupendamente… ¡Hay algunas versiones realmente maravillosas!

Hiciste una versión del “Gimme Gimme Good Lovin’” de Crazy Elephant (uno de los varios “one hit wonders” ideados por el tándem Kasenetz-Katz, n.d.r.) para “A right to chews”, el disco de tributo al sonido “bubblegum”. ¿Te gustaba esa música cuando eras un adolescente?
En los años de la explosión “bubblegum” yo estaba más metido en los discos de Led Zeppelín o The Move. Pero siempre me gustaron los hits más rockeros; “Gimme Gime Good Lovin’” tiene un groove muy bueno, al igual que “ Yummy Yummy Yummy”. Sin embargo, no soportaba temas como “1,2,3 Red Light”, que parecían sacados del hilo musical de una enfermería. Pero si era rock and roll pegadizo, aunque tuviese una letra tonta, a mi me llegaba.

¿Cómo recuerdas tus inicios musicales en Winston-Salem, Carolina del Norte? ¿Cómo conociste a Chris Stamey y Will Rigby y hasta dónde llegó tu participación en The Sneakers?
Empecé a tocar con 12 años, en 1967. En aquél entonces, ¡parecía que todo el mundo estuviera en una banda! Fueron unos años estupendos para la música y el entretenimiento juvenil en Estados Unidos. Conocía a Chris desde los ocho años, pero yo empecé a tocar en grupos antes que él. A partir de 1970 estuvimos juntos en varios grupos olvidables. Will y Gene Rigby eran chavales que conocía del instituto, pero no llegué a estar realmente en una banda con ellos. Aunque toqué canciones con The Sneakers, era principalmente la banda de Chris. En el primer 7” sólo añadí algunas guitarras; el 12” se grabó en mi casa con un cuatro pistas, pero era sólo una excusa para inmortalizar esas canciones porque el grupo ya se había disuelto. Éramos sólo Chris y yo, y él decidió usar The Sneakers porque pensaba que habría gente a la que le sonaría el nombre y porque algunos temas los había tocado el grupo en directo.

En 1980 montaste los Drive-In Studios en el garaje de casa de tus padres. ¿Cómo recuerdas esas primeras sesiones de grabación?
Era muy “cool”. La primera sesión, con la banda de Steve Almaas, Crackers, la editó Twin-Tone Records, lo que me pareció un buen inicio. Era un estudio bastante básico, pero teníamos un equipo más que decente, con una grabadora 2” de 16 pistas que era mejor que lo que solían usar en los garage-studios de aquellos años. Así que hicimos un buen puñado de discos de forma sin apenas descanso, gracias a que la escena indie – con los singles, las college radios y el resurgir de los clubs de rock— había nacido con mucha fuerza. Se notaba una gran demanda de un sitio barato, pero en condiciones, donde grabar, y yo tenía reputación de ser alguien que entendía lo que las bandas querían hacer.

Mitch tocando con R.E.M. en el 9:30 Club (1982?, Foto: Laura Levine)

Cuando grababas el single “Radio Free Europe” y el E.P. “Chronic Town”, ¿tenías la sensación de que R.E.M. podían llegar a ser la gran banda americana de los 80 que luego llegaron a ser?
Me encantaban. Había algo en su sonido y en su presencia como personas que los hacía muy excitantes. Cuando les vi en directo por primera vez, con el single “Radio Free Europe” ya grabado, no me pilló desprevenido la locura que generaron en el público esa noche. Pero, con todo, fue algo impactante: la gente se sabía la letra de canciones que sólo podían haber escuchado en otros conciertos. Y el grupo era muy grande sobre un escenario. Hay muchas bandas que, aunque musicalmente competentes, al mirarlas sabes que no son “estrellas”; pero con R.E.M. sí que parecía que tenían ese algo especial. Eran buenos, llegaron en el momento justo y no se separaron antes de grabar el tercer disco, así que todo encajó para que se convirtieran en una gran banda de rock. Aunque me esté mal decirlo, quizá “Murmur” mi disco favorito de ellos, porque con ellos establecieron “el sonido” y porque sigue desprendiendo esa melodía y esa autenticidad.

¿Qué tal funcionaba la química entre Don Dixon y tú?
Le conocía desde 1970 y la verdad es que tenía mucha más experiencia que yo en el estudio. Así que cuando IRS Records exigió que grabásemos “Murmur” en un sitio más elegante que Drive-In, llamé a Don para ver si podíamos ir a Reflection, en Charlotte, Carolina del Norte. En ese estudio, Don había realizado muchas sesiones y parecía el más idóneo para R.E.M. Nos lo pasamos en grande y ambos hicimos todo lo necesario para acabar el disco. No recuerdo quién hizo qué; simplemente, fuimos a por ello.

Hay quien dice que el gran éxito de R.E.M. dejó poco espacio para que Let’s Active fueran apreciados como merecían. ¿Estás de acuerdo?
Eso no tiene sentido. La gente compra los discos que quiere. Es más, en ese momento había un gran interés por el “Southern pop” y gran parte de las bandas metidas en ese saco nos beneficiamos de ello. Creo que es evidente que R.E.M. tenían mayor potencial para ser estrellas y canciones más directas que nosotros. Cualquiera podía ver que ellos seguramente tendrían éxito y que nosotros seguramente no. Yo sabía que era un cantante horrible, o al menos no del tipo que escucharías en la radio. Pero todo eso no me importaba; sólo quería que tocáramos y grabáramos lo mejor posible nuestras canciones. Lograr eso ya fue todo un éxito para nosotros y además creo que lo hicimos bastante bien. Estoy seguro que no fuimos del todo comprendidos, pero ¿quién no lo es?

Para mí “Big Plans for Everybody” es un disco increíble, un clásico infravalorado de los 80. ¿Por qué crees que no logró conectar con la gente?
Muchas gracias por tu halago. Las canciones de ese álbum funcionaban bien en directo, pero creo que cuando salimos de gira para presentarlo la escena estaba cambiando y empezamos a perder popularidad. La gente pedía bandas más duras y a nosotros siempre se nos había calificado de grupo algo “light”. Eso era algo bastante ridículo porque no creo que nuestro estilo fuera para nada meloso y a todos nos encantaba atacar esas versiones de heavy rock en directo. Creo que esa idea distorsionada del grupo tiene que ver con nuestro look inicial, ¡cuando parecía que todos tuviéramos 12 años!

Cuando salió “Big Plans for Everyone” Robert Plant lo recomendaba en casi todas las entrevistas que daba. ¿Has tenido la oportunidad de conocerle?
¡Sí! Grabamos “Every Dog Has His Day en los Rockfield Studis de Gales, y Robert vivía cerca de allí por aquél entonces. Un día, yo estaba paseando por la calle y un gran coche se detuvo a mi lado: ¡era Robert Plant! Me acompañó al estudio y estuvo un buen rato con nosotros, charlando y viendo cómo grabábamos. Fue estupendo; es un tío divertido y listo. Semanas más tarde, fui a verle actuar en Alanta y conocía a su banda en el backstage. Realmente, Robert era fan de “Big Plans for Everybody” y seguro que se lo había pinchado un montón de veces a los chavales de su grupo, porque se conocían al dedillo esas canciones.

Let's Active

¿Cómo andaban tus relaciones con IRS a finales de los 80 y por qué entró John Leckie en el estudio para grabar “Every Dog Has His Day”?
Fue menos satisfactorio tratar con IRS a partir del momento en que cedieron la distribución a MCA y tuvieron en nómina a Belinda Carlise. Dejaron de ser el sello “cool” que editaba discos de Buzzcocks para convertirse en otra compañía exclusivamente concentrada en los “hits” y el dinero. Llamamos a John Leckie para tratar de hacer creer a IRS que estábamos haciendo un disco con más enjundia, pero no funcionó. No estaban nada interesados en el disco; creo que esperaban que nos largáramos.

¿Por qué os separasteis? ¿Has pensado alguna vez en una reunión?
Hacia 1990, sentía que ya era hora de acabar. La gente acudía a nuestros shows, pero sin el interés de IRS y con esa sensación de que lo nuestro llegaba a su fin, simplemente dejamos de tocar. Yo me había ido desanimando con todo aquello y ya no me venían canciones que me excitaran como antes. Además, tener a Angie Carlson en la banda significaba que el clima era siempre terrible, y yo sólo quería largarme de allí. Las reuniones suelen ser asuntos mórbidos con un atajo de vejestorios antipáticos… a no ser que uno crea realmente que es la opción correcta a tomar. Yo haría un único concierto con la formación original, pero la idea de volver a reactivarlo todo de nuevo no suena bien. Prefiero hacer algo nuevo.

Sé que es difícil, pero ¿qué músico o grupo te ha sorprendido más en el estudio?
¡Debería mirar un listado para saber lo que he hecho! Ok, te diré que las sesiones con Scott Miller (líder de Game Theory y Loud Family, n.d.r) siempre me vienen a la memoria como la perfecta combinación de grandes canciones, ideas de producción interesantes y eficiencia. Discos complicados que hicimos con fluidez. Scott debería hacer otro disco, pero siempre me asegura que lo ha dejado. Creo que es uno de esos tipos a los que les asusta en demasía cumplir años, y creo que los 40 para él fueron algo demasiado grande. ¡Bah, yo que sé! Creo que es un escritor impresionante.

Game Theory en el estudio de Mitch Easter

Muchos consideran que tu impronta como productor y como compositor marcó a buena parte de la escena pop-rock / power-pop estadounidense de los años 80 y 90. ¿Qué opinas al respecto y cómo crees que ha evolucionado tu manera de trabajar durante estos 20 años?
Es halagador; pero, no sé, creo que hago mi trabajo con, espero, resultados decentes. Oigo cosas antiguas y pienso “¡diablos!”, pero a veces me suena bastante bien. Creo que he mejorado como ingeniero, pero pienso que las cosas necesarias para conseguir una buena grabación no han cambiado. De hecho, mi “técnica” actual consiste en intentar que la gente se relaje y confíe en su instinto musical y su habilidad natural, porque no me gustan nada esas maneras clínicas que algunos suelen aplicarle a la música rock. Con las posibilidades de edición de los ordenadores, la gente está haciendo discos perfectos y aburridos. En cierto modo, ¡yo no he evolucionado nada! Sigo grabando en cinta, me gusta la música hecha de esa manera. No quiero decir que haya que despreciar la tecnología; es la actitud de hacerlo todo perfecto lo que me enerva.

¿Cómo es un día normal de trabajo en Fidelitorium, el estudio que tienes en el pueblo de Kernersville?
Las sesiones de grabación son una extraña mezcla entre divertirse tocando y trabajar como un esclavo durante horas. Desearía vivir en los 60, ¡nadie curraba 16 horas al día entonces! Pero, al menos, siempre trabajo con bandas de rock; nunca he tenido que grabar anuncios o un tipo de música que no soportara. Trabajar aquí es igual que hacerlo en cualquier otro estudio del mundo. En lo que respecta a Kernersville, es un lugar indeterminado en medio de dos grandes pueblos. Aquí no ocurre nada, lo que está bien para mi porque tenemos colmados abiertos 24 horas al día, un aeropuerto cercano, y pizzería a domicilio, ¡todo lo que necesitamos en el estudio! Para ir a un concierto vamos a Winston-Salem, a unas 10 millas, o a Chapell Hill, a unas 70. Yo soy de aquí, con lo que no espero la acción de Nueva York todo el tiempo; pero, evidentemente, me lo pasaría mejor si pasaran cosas más interesantes.

www.mitcheaster.com/

Texto: Roger Estrada
Publicado en Ruta 66 (mayo 2004)

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