WORK IN PROGRESS…

Roger Estrada dixit…

BOB MOULD. Un rayo de sol que nos humanice

Es una regla no escrita para todo periodista, musical o no: marca las distancias con el entrevistado, no confraternices ni muestres idolatría. Lo siento, no pude. Cuando en mi Skype leí la frase “Hola, Roger, soy Bob Mould. Te llamo en breve”, un escalofrío de temblorosa admiración recorrió mi cuerpo. Pero, ¿sabes qué?, espero no recibir nunca con fría indiferencia otro mensaje similar, espero seguir aprovechando la oportunidad de charlar con artistas a los que respeto para conocerles un poco mejor, para asomarme a su interior y, si se tercia, mostrarles mi agradecimiento. En estos tiempos de odio viral y confrontación ad nauseam, me parece de lo más reconfortante poder hacerlo.

Y cómo no iba a hacerlo con Mould, artífice de una colección de canciones –con Hüsker Dü, Sugar y también en solitario— cuya importancia en la vida de muchos de nosotros, redactores y lectores, no conviene olvidar nunca. Están esas canciones y está también su talante, la persona que con su voz y su actitud marca un ejemplo a seguir por aquellos jóvenes músicos que aspiran a ganarse algún día la admiración de los oyentes. Esta es tu casa, Bob.

El nuevo álbum suena mucho más brillante y de alguna manera más optimista que tus dos anteriores lanzamientos. ¿Es el reflejo de un período personal más pacífico y feliz, o más quizá una reacción a los tiempos convulsos que vivimos?

Sería muy fácil escribir un disco oscuro o enfadado porque las cosas están muy complicadas en todo el mundo ahora mismo, pero mi elección fue no ir en esa dirección. Este disco es tan luminoso y optimista porque hice el esfuerzo en mi vida personal de intentar ser más feliz. Los dos álbumes anteriores, Beauty & Ruin y Patch the Sky, fueron escritos, respectivamente, durante los periodos en que mi padre y mi madre estaban muriendo. Después de esas dos grabaciones y de esas dos experiencias tan duras no me apetecía regresar a ese estado de ánimo, así que cuando empecé a escribir para Sunshine Rock, cuando compuse precisamente el tema que le acabó dando título, vi que aquella era la dirección que debía seguir para el resto del álbum.

Vives en Berlín desde hace poco más de dos años. ¿De qué manera crees que tu nuevo entorno ha podido influir en el disco?

El entorno es uno de los elementos más importantes de mi trabajo. Por ejemplo, si recuperamos Workbook, ese álbum es el resultado de estar un año y medio escribiendo y grabando demos a solas en una granja; el tono de la producción y el contenido de las letras estuvieron marcados por ese aislamiento.

Volviendo a Berlín, es una ciudad que siempre ha ido reconstruyéndose, adaptándose a los cambios a lo largo de su historia, así que me proporcionaba el entorno perfecto para tratar de hacer lo mismo a nivel personal. Experimentar la cotidianidad de una nueva cultura sin que nada fuera previsible y creándome una nueva rutina me sirvió para reprogramar mi cerebro desde una perspectiva distinta y para estar abierto a sorprenderme y a sentir de nuevo excitación por las pequeñas cosas de la vida. Estaba aprendiendo y siempre que aprendes algo nuevo, especialmente a mi edad, es algo positivo.

¿Echas de menos San Francisco? ¿Compartes esa visión ya casi generalizada de que ha perdido buena parte de eso que la hacía una ciudad tan especial?

Sigue siendo una ciudad maravillosa, pero comentes queda ya poco del San Francisco que conocí cuando empecé a visitarlo en 1981. El colmado al que iba con un puñado de cupones de comida cuando tenía 20 años, estaba arruinado y vivía en casa de Jello Biafra, sigue ahí; también siguen abiertos el Fillmore y otras instituciones de la ciudad, pero gran parte de su espíritu ha desaparecido. Ahora la tecnología es más importante que el arte y que apoyar a las personas que tratan de darle valor a la vida cultural de la ciudad. No voy a demonizar los avances tecnológicos, solo quiero apuntar que de su impacto a nivel global se han derivado unos costes adicionales a nivel local que también influyeron en mi decisión de trasladarme a Berlín.

«Send me a postcard» de Shocking Blue es la primera versión que grabas para uno de tus discos en solitario. Dos preguntas al respecto: ¿por qué este tema en concreto?, ¿conservas alguna postal que tenga un valor especial?

¡Postales! En los viejos tiempos, si Hüsker Dü teníamos la suerte de ser hospedados en un hotel, aprovechaba para llevarme el boli y la postal gratis que había en la habitación. Creo que tengo un montón de esas postales guardadas dentro de alguna caja en el sótano. [Risas]

En cuanto al tema de Shocking Blue, terminamos la grabación del disco dos días antes de lo previsto, así que decidimos grabar algunas versiones y esta fue la que más nos gustó a los tres. Es una canción que me gusta desde pequeño, forma parte de esa educación musical de la que te hablaba antes y me pareció que encajaba con el tono animado del resto del disco.

Greg Norton, Grant Hart, Bob Mould — Hüsker Dü

Escribir una postal es una costumbre del pasado y puede que ir a una tienda de discos acabe siéndolo también. En tu sentido tributo al malogrado Grant Hart evocaste el día en que os conocisteis en Cheapo Records, en Minneapolis. ¿Cuando sentiste esa química entre ambos que acabaría por cambiarlo todo?

Cheapo era una tienda minúscula y Grant era la única persona trabajando en ella. Que hubiera puesto una PA en mitad de la calle para que todo el mundo escuchara punk rarísimo a un volumen atroz, sin duda captó mi atención y me animó a entrar. Empecé a mirar vinilos y noté como me observaba, con muy poco disimulo, para intentar ver lo que me interesaba.

Las tiendas de discos son una especie de test social, un microcosmos en el que nos adentramos para mostrarle al mundo cuáles son nuestros gustos, qué conforma nuestra personalidad en base a la música que escuchamos. Hoy en día podemos consumir música de forma gratuita sin la necesidad de salir de casa y, con ello, se ha perdido en gran medida su componente social. No creo que un ordenador haciéndome una playlist a partir de un algoritmo pueda equipararse a que ese chaval que me espiaba en Cheapo Records me dijera “escucha esto” y aquello evolucionara rápidamente hasta la formación de Hüsker Dü. Un mundo en el que esas cosas puedan seguir pasando siempre es un mundo mejor.

Revisitaste aquellos años junto a Grant y Greg Norton aportando tu testimonio a Nuestra banda podría ser tu vida, la crónica oral de la escena alternativa de los años ochenta escrita por Michael Azerrad en 2001. Diez años más tarde os reencontrasteis durante la escritura de tu autobiografía See a Little Light; ¿cómo fue ese trabajo conjunto?

En muchas de estas memorias o autobiografías, especialmente cuando se trata de músicos, el proceso consiste en juntar al artista con un escritor por encargo y encerrarles durante cinco días con una o varias botellas de whisky a su alcance. [Risas] En mi caso, hablamos de dos largos años escribiendo de mi puño y letra cada palabra y enviándole páginas a Michael para que hiciera sus anotaciones o aportaciones de mejora. Él impuso la disciplina, me obligaba a estar focalizado para ser preciso y equilibrado en la edición del texto, quizá la faceta más exigente de todas. Fue clave en ayudarme a conectar las distintas historias, los distintos temas que recorren mi biografía –mi vida personal, mi sexualidad, mi familia de origen, mi trayectoria musical— sin perder de vista cuál era el sentido último que aquel el libro tenía para mí. Fue un reto para mi memoria, pero también para mi autoevaluación como persona.

Bob Mould circa 1989

Este mes de abril marca el 30 aniversario de Workbook, un álbum que sorprendió a los fanáticos de Hüsker Dü pero que también cautivó a una nueva generación de músicos estadounidenses. ¿Cómo recuerdas la gestación de esas canciones?

Cuando terminó Hüsker Dü me quedé sin nada, pero al mismo tiempo lo tenía todo, podía hacer lo que quisiera. La primera decisión que tomé vino motivada por la siguiente reflexión: “no he dejado atrás esa banda para hacer exactamente lo mismo a continuación”. Así que me obligué a reaprender a escribir canciones y me obligué a reaprender cómo se tocaba ese instrumento, la guitarra, que durante años había tocado de una manera muy específica. Ese disco fue un nuevo inicio para mí y estoy muy satisfecho de cómo salió; quizá cogió a mucha gente por sorpresa, pero es sin duda uno de los momentos más importantes de mi carrera.

Ese reaprendizaje en el uso de la guitarra y la valentía que implicaba en aquel momento introducir cellos en algunos de sus temas, le imprimieron a Workbook un carácter que, como comentaba antes, quizá influyó a bandas coetáneas, como por ejemplo a R.E.M.

Soy amigo de esos chicos desde los inicios, desde que vinieron a actuar a Minneapolis cuando apenas habían editado su primer single Radio Free Europe. Hüsker Dü y R.E.M. éramos bandas amigas; las ideas se comparten, así que no recuerdo esa camaradería en términos de cómo nos influenciábamos sino de cómo intercambiábamos ideas en un periodo de nuestras vidas en que todo era fresco, nuevo y excitante.

Con el tiempo R.E.M. se convirtieron en la banda de pop-rock más importante de Estados Unidos y yo me quedé donde estaba. Históricamente, creo que lo que Hüsker Dü tenían que ofrecer en términos musicales acabó revelándose, mutando en una banda como Nirvana. Y cuando esa banda triunfó como lo hizo a finales de 1991, su éxito sirvió para que todo el mundo empezara a escuchar esa música con otros oídos, con un especial interés. Y Sugar, lo que son las cosas, tuvimos la suerte de estar ahí en el momento adecuado.

Ya que mencionas a Nirvana, ¿cómo era presenciar la locura que envolvía a Kurt, Dave y Krist cuando te cruzabas con ellos en algún festival?

Durante el verano de 1991 coincidimos en un par de festivales donde yo actuaba en acústico. Nunca llegamos a salir juntos porque, para serte sincero, eran un auténtico desastre. Por aquel entonces, su propósito era arrasar con todo a su paso; era algo que entendía, cómo no hacerlo si yo mismo había estado en ese viaje hacía pocos años, pero en el 91 me encontraba ya en otra fase de mi vida.

Por otra parte, es curioso apuntar que estuve en la lista de candidatos a producir Nervermind, tengo las demos guardadas en algún lugar de mi sótano. ¡Puede que cerca de mi colección de postales! Finalmente eligieron a Butch Vig y la historia ha demostrado que fue una decisión acertada, ¿no crees? [Risas] Me alegré también porque conocía a Butch de hacía años, de cuando en 1984 colaboramos en la grabación de un disco de una banda local de Madison llamada Tar Babies.

Copper Blue, de Sugar, es uno de mis discos favoritos de siempre, le tengo un cariño muy especial por varias razones. Después de tantos años, ¿cómo se gestionan estas cosas, el hecho de que alguien te diga “Bob, tu música es importante, me ha ayudado, me emociona”?

Entiendo perfectamente esa sensación de conexión que se establece con un artista y por eso siempre tengo tiempo para atender a los fans que se me acercan después de un concierto. Qué puedo decirte, estas son mis humildes habilidades, lo que puedo ofrecerle al mundo en forma de canciones.

Retomando lo que te comentaba antes sobre las tiendas de discos, creo que el vínculo real con aquellos que me escuchan es más importante que nunca en estos tiempos donde, con el espejismo de las redes sociales, hay personas que creen estar estableciendo una conversación, un vínculo con el artista al que admiran a través de una pantalla.

Y tú mismo como fan, ¿le has expresado tu admiración o gratitud a algún compañero?

¡Constantemente, por supuesto! Cuando surge la oportunidad y el momento es adecuado, no dudo en acercarme al artista en cuestión a decirle cómo me gusta su música; es otra de las recompensas de girar por el mundo desde hace más de treinta años. El caso más reciente ha sido Peter Townshend, buen amigo y héroe musical al mismo tiempo; y si retrocedo más en el tiempo recuerdo como si fuera ayer el día que conocí a Pete Shelley siendo un crío. Aunque a veces es arriesgado conocer a tus ídolos, pues no siempre son tan amables como te imaginas, guardo muy buenos recuerdos del tiempo que compartí con Joe Strummer y Nico.

Texto: Roger Estrada
Publicado en Ruta 66 (abril 2019)

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Esta entrada fue publicada en 13/05/2019 por en Ruta 66 y etiquetada con , , , , , , .

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