ROLLING BLACKOUTS COASTAL FEVER. No hay nada como que te quiten algo para que realmente lo aprecies

Mientras estas palabras se escriben, a finales de mayo, el confinamiento en desescalada, el distanciamiento social y la incertidumbre sobre nuestro futuro inmediato configuran una cotidianidad que nadie podía imaginarse a principios de año. Cuál será nuestra realidad cuando estas palabras se lean es una incógnita que nadie quiere atreverse a despejar. Vivimos tiempos extraños, sin duda, enmascarando nuestro miedo a lo desconocido y hablando de una nueva normalidad durante la que tendremos que aprender a convivir con un mal invisible que ha venido para quedarse y, de paso, para recordarnos lo insignificantes que somos, lo indefensos que estamos.

En este contexto de tintes distópicos cualquier vía de escape o de reconexión con lo que cada uno de nosotros entendiera como antigua normalidad es un auténtico bálsamo, un agradecido paréntesis. Y pocas cosas hay tan efectivas como las canciones para poner el mundo en modo pausa. El pasado 10 de febrero Rolling Blackouts Coastal Fever presentaban «Cars in Space», el single de adelanto de su esperado segundo álbum Sideways to New Italy (Sub Pop): 4 minutos y 58 segundos que pasan como un suspiro gracias a esa irrefrenable triangulación de guitarras y melodías vocales marca de la casa australiana que te arrastra en volandas por donde quiere. A finales de marzo del videoclip de «She’s There» emanaba cierto desasosiego en línea con una letra que habla del desarraigo y la desubicación que asoló a los miembros de la banda de Melbourne después de los dos años de gira mundial presentando su aclamado debut, Hope Downs, elegido mejor álbum internacional de 2018 por los redactores de Ruta 66.

Y a continuación, el 5 de mayo, en el arranque de esa fase 0 que ahora parece una broma pesada y lejana, YouTube nos daba una bofetada de realidad al proyectar sobre nuestras confinadas retinas las soleadas estampas veraniegas del videoclip del tercer single, «Falling Thunder». Aunque Fran Keaney, Joe White, mi interlocutor Tom Russo, su hermano Joe y Marcel Tussie no aparezcan en él ni un segundo, puede que sea la más elocuente plasmación de la intensa carga emocional y el singular ímpetu cinético —ese vibrante jangle pop acuciado por latigazos de puro nervio aussie— propia de una banda ya absolutamente imprescindible.

Me gustaría empezar compartiendo contigo lo emocionante que fue ver por primera vez, confinado en un piso de Barcelona, el videoclip de «Falling thunder». Esas preciosas imágenes de la costa mediterránea, esos paisajes sacudidos por el viento y esas playas inundadas por el sol; fue algo al mismo tiempo hermoso y triste, una visión cargada de añoranza, pero supongo que también de esperanza al pensar en un futuro reencuentro con nuestro Mediterráneo.
Yo también anhelo volver a él, debemos ser optimistas. Te diré que el plan inicial era otro: nuestra amiga Jamieson Moore, que ha dirigido varios de nuestros videoclips, tenía que grabarnos tocando en directo en un sitio llamado Eolian Hall, en Melbourne, pero pocos días antes de la fecha prevista para el rodaje las cosas se enrarecieron y los rumores sobre un posible confinamiento se acabaron haciendo realidad. Tuvimos que buscar un plan b y decidimos usar imágenes que ella misma había grabado con su móvil durante un viaje a Cerdeña, Sicilia y en especial las islas Eolias, cerca de la costa nordeste siciliana.

Mi hermano Joe y yo tenemos una conexión especial con esa parte del Mediterráneo porque nuestros antepasados son de allí; también hemos podido visitar las islas con la banda y todos sentimos que es un lugar mágico, casi místico, y de una belleza abrumadora. Precisamente fueron inmigrantes llegados desde las islas Eolias los que   construyeron el lugar donde inicialmente íbamos a grabar el concierto. Existe una gran comunidad italiana en el sureste de Australia, de ahí que eligiéramos New Italy, una pequeña población en Nueva Gales del Sur fundada por emigrantes de la región del Véneto, no solo como tributo a nuestros antepasados sino también como símbolo para hablar de la noción de hogar, algo a lo que inevitablemente le hemos dado muchas vueltas durante estos dos años de gira por el mundo. Podría decirse que el videoclip es nuestro reconocimiento del privilegio que significa poder viajar y conocer partes del planeta tan maravillosas como esa, más en este momento donde el futuro de la música en directo está lleno de incertidumbres.

En vuestras canciones habláis a menudo sobre lugares y cómo os relacionáis con ellos y acabas de hablar de la noción de hogar como uno de los ejes del nuevo álbum, un trabajo marcado por ese borroso discurrir por el mundo que aqueja a muchas bandas. ¿Podrías ahondar en esa sensación de dislocación o de constante desubicación?
No quiero que parezca que nos estamos quejando de estar siempre de viaje, como te decía antes sabemos lo afortunados que somos de poder conocer mundo gracias a nuestras canciones. De hecho, teníamos muchas ganas de volver a Barcelona, al Primavera Sound, porque guardamos muy buen recuerdo del concierto que dimos allí en 2018 ante mucha más gente de la que nos esperábamos y en ese entorno tan especial. Esa gira fue la más intensa que habíamos hecho hasta la fecha y nuestras vidas personales se vieron afectadas: dos parejas se rompieron y las otras tuvieron turbulencias de mayor o menor intensidad. Visto ahora creo que era imposible evitar que sucediera.

Tantos meses lejos de casa, cada día en una ciudad distinta, haciendo algo que te apasiona y siendo agasajado cada noche por gente que alaba lo que haces; luego vuelves a casa y ves que la vida que dejaste allí ha seguido su curso e intentas encajar en esa dinámica que ahora parece tan alejada de ti. La cabeza todavía te va a mil y no sabes cómo gestionar unas demandas emocionales que prácticamente habías puesto en modo pausa durante la gira. Ser consciente de todo ello ha imprimido carácter y dado un propósito a las nuevas canciones y, en general, este disco nos ha servido para reconectar y fortalecer los vínculos con nuestro hogar.

Es de agradecer que decidierais no posponer la salida del disco como han hecho otras bandas. En estas extrañas circunstancias que estamos viviendo vuestras canciones adquieren un nuevo significado y la huella que dejan es más profunda si cabe. Nunca os planteasteis el aplazamiento, ¿verdad?
Cuando hablamos con nuestro equipo de management para planificar el lanzamiento ya se intuía que venían tiempos difíciles y que seguramente nada iba a ser igual que antes. Pero en ningún momento se nos pasó por la cabeza aplazar la salida del disco y me alegro de que fuera así porque como dices estas canciones, aunque grabadas el pasado mes de noviembre, parecen haber sido escritas para estos tiempos de confinamiento y distanciamiento social. No acabo de entender que haya bandas que hayan decidido aplazar la salida de sus discos, ni por cuestiones de estrategia pensando en la gira de presentación: nadie sabe lo que nos deparará el futuro, así que mejor lanza tu música al mundo. Seguro que tus seguidores agradecerán escuchar tus canciones para abstraerse durante un rato de lo que están viviendo. Yo mismo estoy escuchando más música que nunca, discos nuevos y otros antiguos que hacía demasiado tiempo que no sonaban en casa.

¿Por ejemplo?
Mucha música ambient, por ejemplo, como los viejos discos de Brian Eno; Music for Airports es uno de mis favoritos de todos los tiempos. Pero lo cierto es que Eno suena con bastante regularidad en casa, me gusta escucharlo sentado en el patio trasero mientras leo o estoy ensimismado en mis pensamientos.

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La edición especial del disco incluye una postal para que vuestros fans os las envíen de vuelta; nuevamente una idea que adquiere un significado especial en el contexto actual.
¡Sin duda! Nos gustaba la postal como eso algo tangible, físico que te conecta con tu hogar y con tus seres queridos cuando estás de viaje; era el símbolo perfecto para este disco, para estas canciones. 

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que escribiste una?
Hace muchísimo, para qué negarlo. Pero recuerdo cuando era joven y escribía a mis padres para contarles qué tal me iban las cosas mientras estaba de viaje con el instituto o de vacaciones con amigos. Recuerdo regresar a casa y que la postal todavía no había llegado, pero bueno… [Risas] En cuanto a las del disco, esperamos recibir bastantes de vuelta, sentimos curiosidad por leer las respuestas de la gente a las distintas preguntas que hemos escrito en ellas. Son 300 postales, 300 preguntas.

Ahora siento yo curiosidad por saber qué pregunta me tocará.
Tienes la opción de quedarte la postal, si te gusta, y mandarnos una de las que venden en Las Ramblas con una típica estampa de Barcelona. Quizá te toca una pregunta del tipo “¿Cuál es tu bocadillo favorito?” u otra algo más filosófica (risas), pero al responder haz mención a esta entrevista, me gustará saber de ti. Lo digo sinceramente, esta idea loca de las postales es para conectar con esos 300 seguidores algo más de lo que solemos hacerlo en esas noches intensas y borrosas de las que hablábamos antes.

¿Cómo has vivido personalmente el confinamiento?
Por lo que he leído sobre la situación en España, creo que aquí en Australia las cosas han sido mucho menos dramáticas y más fáciles de sobrellevar. Al estar aislados la pandemia llegó más tarde y tuvimos más tiempo para prepararnos, cerrar las fronteras e implementar el confinamiento pronto, así que el número de casos y de muertes es muy bajo. Ahora que las restricciones empiezan a levantarse y podemos reunirnos con amigos y familiares, la verdad es que valoras mucho más el poder hacerlo; no hay nada como que te arrebaten algo para que realmente lo aprecies. Por otro lado, y como todos sabemos, la música en directo será lo último de lo último en volver a la normalidad y eso es algo que evidentemente me preocupa, pero tengo que ir haciéndome a la idea.

Se echan de menos los conciertos, especialmente en salas donde la experiencia de la música en vivo se vive de forma más intensa: sudando, bailando y cantando las canciones de tu banda favorita o sudando, bailando y cantado en el escenario con tu propia banda. Pongámonos nostálgicos, pues: ¿qué concierto de otra banda recuerdas con ese tipo de intensidad?
Hace dos o tres años vi en directo a una banda australiana llamada RVG que me dejó sin habla. Con el tiempo acabamos llevándonosla de gira por Estados Unidos, pero no tenía ni idea de ella cuando actuó en The Tote, un club pequeño e icónico de Melbourne. Fue una de esas noches precedidas de una gran expectación, la sala estaba a rebosar con casi 200 personas y el techo sudaba, literalmente, sobre nuestras cabezas. Descubrir a RVG esa noche y ser arrollado por su intensidad es una de esas sensaciones que echaré de menos mientras todo esto dure.

¿No era precisamente con RVG con quién debíais haber actuado acompañando a Pixies en sus dos fechas en Australia?
Eso fue muy duro. Íbamos a tocar todos en la escalinata de la Ópera de Sidney pero el concierto se canceló justo el día antes, ¿te lo puedes imaginar? Tocar con los Pixies, ídolos de juventud, en ese espacio tan impresionante y la cosa se va al traste en 24 horas. Todo sucedió muy rápido, fue a principios de marzo y las cosas se precipitaron para hacer ese cierre total de fronteras que te decía antes.

Pero sí que hicisteis un concierto gratis en el Vic On the Park Hotel de Sídney el día siguiente a la fecha del concierto frustrado.
Las restricciones eran un poco difusas, teníamos que ir a Sídney de todos modos, así que improvisamos un concierto de última ahora allí. Ya intuíamos que podía ser nuestra última actuación en mucho tiempo, así que elegimos precisamente el lugar donde dimos nuestro primer concierto en la ciudad, en 2015 y ante ningún espectador. [risas] Literalmente, puedes comprobarlo en la foto que subimos a Instagram para anunciar la actuación. Por aquel entonces éramos relativamente conocidos en Melbourne pero nadie nos conocía en Sídney, así que viajamos durante diez horas para actuar bajo un sol infernal ante cero espectadores. Recuerdo que a pesar de ello lo pasamos bien, así que de alguna manera ahora intentábamos cerrar un círculo a pesar de los pesares.

Os vi en julio del año pasado en Dublín abriendo para IDLES en su triunfal concierto en Iveagh Gardens. Me gustó observar por primera vez en directo una de las características que os hace especiales: no existe un frontman como tal y Fran, Joe y tú os alternáis al micrófono, lo que le da una dinámica singular a la actuación. ¿Este enfoque estaba ya presente en la génesis de la banda?
Sí, desde el principio. Nosotros tres habíamos tocado juntos en una banda anterior que era algo así como una versión informal de esta: yo tocaba la guitarra, Joe el bajo y Fran la batería, pero ya entonces componíamos los tres y cantábamos cada uno nuestras canciones. Cuando formamos Rolling Blackouts mi hermano Joe entró al bajo y nuestro amigo Marcel a la batería, pero quisimos mantener esa misma dinámica y vimos que al pasar a ser cinco se generaba una química especial entre nosotros si lo hacíamos de esa manera. Aunque ninguno de nosotros quería tener el rol de cantante principal, esa manera de funcionar, de colaborar en todas las canciones sin importar quién hubiera traído la idea al grupo, sabíamos que nos iba a servir para atajar cualquier atisbo de ego que pudiera asomar en algún momento.

Ya que hablas de la química especial que existe entre los cinco, no puedo pasar por alto la coreografía que marcáis en el videoclip de «Cars in Space», el primer single que lanzasteis del disco. Háblame de esos pasos de baile, por favor.
No puede decirse que seamos los mejores bailarines del mundo, salta a la vista, pero nos pareció gracioso incluir un momento boy band en mitad del videoclip. En el último minuto contactamos con un coreógrafo de verdad y la noche antes del rodaje estuvimos casi dos horas con él dejándonos llevar por las emociones, sudando intensamente y sacando lo que podrían considerarse unos pasos bastante dignos dadas las circunstancias. También te digo que creo que será la primera y la última vez que nos verás bailando de esa manera.

Vaya, yo esperaba veros haciendo esos pasos en directo en un futuro esperemos que no muy lejano.
Bueno, nunca digas nunca jamás.

Texto: Roger Estrada
Publicado en Ruta 66 (septiembre de 2020)

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