WORK IN PROGRESS…

Roger Estrada dixit…

THE JIM JONES REVUE, The Jim Jones Revue

jimjones

Brothers & sisters, (nuevamente) con ustedes: Jim Jones, el artista más cabezota que haya conocido el rock británico en las dos últimas décadas. Esta es la historia de un hombre con una misión: mantener viva (en Inglaterra) la llama del rock’n’roll. Echemos la vista atrás sin ira hasta 1989… Beggars Banquet, a través de su subsello Situation Two, se hace con los servicios de una nueva banda que está dando mucho que hablar a raíz de su primer single, Love in a Different Vein. ¿Sus autores? Jim Jones (voz), Ray Hanson (guitarra), Mark Thompson (batería) y Will Pepper (bajo), cuatro chavales de High Wycombe, al noroeste de Londres, que responden al nombre de Thee Hypnotics. Graban para Situation Two tres atorrantes maxis (con mención de honor al descomunal “Justice in Freedom”) y el EP en directo Live’r Than God!, un virulento trallazo que pese a su cacofónico sonido transmite en carne viva lo que son capaces de hacer sobre un escenario. Una copia de éste pone en alerta a Bruce Pavitt y Jonathan Poneman, jefes de Sub Pop. Lógico. Ellos están auspiciando en Seattle la gestación de un sonido, el grunge, que en sus primeras encarnaciones (Tad, Mudhoney) arremolina varios de los referentes (Blue Cheer, el binomio Stooges / MC5) que hierven también en el ADN de unos Thee Hypnotics que no dudan en moldear su particular superfuzz bigmuff con extasiantes, hipnóticos efluvios dignos de Funkadelic. Así, Sub Pop reedita para el mercado estadounidense Live’r Than God! añadiéndole los cuatro singles anteriores, a la espera de que con su primer LP puedan hacerles desembarcar a lo grande en América.

Come Down Heavy (Beggars Banquet, 1990) irrumpe en escena con sus riffs abrasivos, su psicodelia huracanada, un Jim Jones poseído por Stiv Bators y con Phil May y Dick Taylor, de sus reverenciados The Pretty Things, como invitados. El disco es un pequeño fenómeno mediático en Inglaterra (y les trae por primera vez a las páginas ruteras en un artículo de elocuente título, «La brutalidad del caos», Ruta 48, febrero 1990), pero su gira americana como teloneros de The Cult se va al garete por un accidente de tráfico que les obliga a volver a casa antes de tiempo. Pero no se desmoronan y siguen adelante espoleados por la fe ciega de Jones, el hombre con la misión. Para Soul, Glitter & Sin (Beggars Banquet, 1991) reclutan a Robert Zyn como segundo guitarrista y su música gana en cuerpo y lascivia a base también de saxo y harmónica; con el subtítulo de Tales From the Sonic Underworld, su nuevo álbum, producido por John Leckie, se sumerge en el blues pantanoso de unos Scientists (esa turbadora «Kissed By The Flames») sin olvidar su actitud kick out the jams en «Shakedown» o «Coast to Coast», pelotazos que abren y cierran respectivamente una reválida que parece encaminarles hacia un reconocimiento mayor.  Pero la fatalidad se cruza nuevamente en su destino. El recién llegado Zyn abandona el grupo por la puerta trasera y su sustituto, Craig Pike (de la banda de Iggy Pop), muere de una sobredosis a principios de 1992. Jones piensa en arrojar la toalla, pero es entonces cuando aparece en escena un célebre fan con ganas de echarles una mano. Chris Robinson, de The Black Crowes, sintoniza con el fervor que exuda la música de Thee Hypnotics y convence a Rick Rubin para que les apadrine su tercer álbum. Producido por el propio Robinson, The Very Crystal Speed Machine (American Recordings, 1994) irradia rock clásico setentero a raudales, siguiendo la estela de Free, Led Zeppelin, Faces… o Black Crowes. Pese a las buenas críticas, el público yanqui sigue sin enterarse y el británico sólo tiene oídos para Definitely Maybe de Oasis, editado ese mismo año. Hastiados ante semejante panorama, Thee Hypnotics deciden abandonar en 1998 una carrera inevitablemente destinada al culto futuro.

Pero en 2001, el cabezota de Jim Jones reemprende su misión al frente del brutal power-trío Black Moses, escoltado por el bajista Graeme Flynn y el batería David Axford. Graban dos incendiarios rodajas, Emperor Deb (Luna Sound, 2001) y Royal Stink (Rootbag, 2005), que hinchan de funk y R&B el credo soul-punk de Jones; un panzer que ruge como si encerraras a Swamp Dogg, Rob Tyner y Ted Nugent en los estudios Tamla-Motown. Aunque la repercusión del combo es incluso menor que la de Thee Hypnotics, le sirve a Jones para entrar en contacto con un personaje fundamental en la futura gestación de The Jim Jones Revue, Rupert Orton. Incansable agitador de la escena musical londinense a través de la promotora Not The Same Old Blues Crap, Orton comparte la misión imposible de Jones montando bolos para artistas afines como Bob Log III, T-Model Ford, Soledad Brothers, Inmortal Lee County Killers o, claro está, Black Moses. Cuando Jones y Orton se conocen conectan al instante y deciden unir fuerzas formando The Jim Jones Revue junto a Gavin Jayes (bajo), Nick Jones (batería) y Elliott Mortimer (killer-piano). 5 músicos. 1 ingeniero de sonido. 1 cuatro pistas. 48 horas por delante. ¿El resultado? 30:19 minutos de rock’n’roll atrapados en 10 canciones que supuran óxido y escupen fuego. 2 versiones de 2 de sus héroes: «Hey Hey Hey» de Little Richard y «The Meat Man», escrita por Mack Vickery y popularizada por Jerry Lee Lewis. Sí, The Jim Jones Revue hacen killer-rock sin aditivos; puro, duro y crudo. Y, ahora mismo, están solos. Olvídate de Eli “Paperboy” Reed o Kitty, Daisy & Lewis. Esto es otro cosa. Piensa en la energía de New Bomb Turks, Tight Bros, Zen Guerrilla o Thee Michelle Gun Elephant. Y ahora date cuenta de que todos ellos ya no están. Acuérdate pues de su enfermiza actitud a la hora de atrapar la historia del rock’n’roll y escucha este disco ya. Dale al play. Cuando oigas el croar de una rana, prepara tu culo. «Princess & the Frog» te succionará en un abrir y cerrar de ojos al epicentro del aquelarre de Jim Jones & Co., un festín de rock’n’roll a cara perro que podría describirse como Guitar Wolf en plan At Folsom Prison atacando «Great Balls Of Fire» en un zulo de 3×3 metros. Pero aquí no hay rehenes ni tregua que valga, un tema se encadena con otro para que el termómetro se mantenga al rojo vivo. «Rock n Roll Psychosis» es el single demente del año, «Fish 2 Fry» le chamusca el tupé a Jon Spencer, «Make It Hot» tiene groove y riffarama vacilón, en «Who’s Got Mine?» Jones brama cual Gerry Rosalie ciego de speed … y «Cement Mixer» le da aplastante carpetazo al asunto haciendo honor a su título. ¿A la tercera va la vencida? ¿Qué más da? Escucha este disco ya. Y ves a verles en directo el próximo mes de mayo. Hazlo por Ron Asheton, hazlo por Lux Interior. O hazlo simplemente porque tú también crees que, digan lo que digan, estos siguen siendo tiempos de rock’n’roll.

Texto: Roger Estrada
Publicado en Ruta 66 (mayo 2009)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 25/08/2009 por en Ruta 66 y etiquetada con , .
A %d blogueros les gusta esto: