WORK IN PROGRESS…

Roger Estrada dixit…

AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO. “Vale hijo, ya eres analfabeto. Ahora, de aquí para adelante.”

Aquí tenéis la pieza con la entrevista que le hice al escritor Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) en su casa de Palma de Mallorca a raíz de la publicación de “Nocilla Lab” (Alfaguara), punto final a la trilogía que completan “Nocilla Dream” (2006) y “Nocilla Experience” y que, sin él quererlo, ha removido los cimientos de la narrativa española actual. A continuación, he transcrito la entrevista íntegramente para que entréis todavía más en la mente sumamente interesante, inquieta y divertida de Fernández Mallo.

El link a la pieza del “Ànima” http://www.tv3.cat/videos/1586769 (ya no disponible, sorry)

Guión-entrevista: Roger Estrada
Realización: Carla d’Arnaude, Aïda Torrent, Albert Baquero

………..

Palma de Mallorca, 17 de octubre de 2009…

¿Cómo llevas el ajetreo promocional?
Los escritores nos quejamos si no nos hacen promoción y si nos la hacen también. Yo he preferido no quejarme.

Para el neófito en el Proyecto Nocilla, ¿qué hallará el lector en esta última entrega de la trilogía, “Nocilla Lab”?
Diría que encontrará una forma de narrar que presupone inteligencia en el lector, algo que considero que es muy importante. Creo que además de los derechos de autor tan cacareados están los derechos del lector; cuando uno escribe para un lector debe presidir la presunción de inteligencia, si no lo estás maltratando e insultando. Creo que mis novelas tiene el lector que construirlas un poco e interpretarlas a su manera. Tengo claro que mi literatura carece de un propósito, de un fin determinado; es el fin o el propósito que le quiera poner el lector.

¿Asumiste el Proyecto Nocilla no sólo como un desafío con el lector sino contigo mismo?
Digamos que las tres novelas son desafíos no programados, no pensados, sobre la marcha van surgiendo. Estas novelas no las pensé con anterioridad, empecé la primera, Nocilla Dream, y me dejé llevar por ella sin saber a donde iba. Yo escribo así, sin programarlo, porque sino ya no me divierte ni me parece excitante. Nocilla Experience y Nocilla Lab se escribieron de igual manera, dejándome llevar por los personajes y sus situaciones; era un desafío, pero en cada página.

La referencia a la Nocilla no proviene, como podría pensarse, de una revelación proustiana catalizada por dicha crema sino de la canción del primer disco de Siniestro Total, “Nocilla, qué merendilla”. ¿Cómo recuerdas aquella época, los primeros 80?
Lo bueno de aquella época era que la mezcla estaba al orden del día. Personalmente me recuerdo como un chaval al que le gustaba mucho hacer escalada y, al mismo tiempo, toda la movida post-punk. Iba con los ojos pintados, vestía de negro y me ponía los woogies que encargábamos en Londres; adorábamos el pop británico, en especial a los Smiths. Era una mezcla curiosa, sin duda, porque hoy en día los chicos deportistas son superdeportistas, raramente son al mismo tiempo punks; y viceversa.

¿Y cuándo crees que esa mescolanza se empezó a perder, que todo en la sociedad se volvió más heterogéneo?
A finales de los 80 todo eso estaba muerto; seguía ocurriendo, pero lo que surgía eran productos perfectamente diseñados. Si antes uno podía hacer lo que quisiera, se respiraba libertad, rápidamente se empezaron a marcar límites y fronteras.  Y hasta nuestros días; ahora existe una corrección política que determina qué cosas puedes y no puedes hacer. Todo esto ha mermado ha mermado la experimentación y quizá uno de los últimos territorios libres que quedan, entre comillas, es la literatura, pero por un motivo muy curioso y es que la literatura en verdad no interesa a nadie y puedes hacer lo que te dé la gana. Si interesara a alguien, como el cine, te dirían “cuidado, esto no lo puedes hacer porque es un producto de consumo masivo y hay mucho dinero en juego”.

Pero la literatura también mueve millones, ¿no?
Sí, efectivamente, pero en el ámbito literario en el que yo me muevo no.

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¿Y crees que ese espíritu heredado de los 80, ese espíritu inconformista, te ha llevado indirectamente a querer remover o a agitar la narrativa española establecida?
No. Eso ha ocurrido, pero como añadidura. Yo cuando me pongo a escribir, ya sea el Proyecto Nocilla, el poemario “Carne de píxel” o “Joan Fonatine Odisea”, otro poemario que dio bastante que hablar, mi propósito no es remover a nadie ni nada ni soy abanderado de nada. Lo hago por el propio placer de investigar mi propia estética, mi mundo; luego, como daño colateral, ha movido ciertos cimientos de la literatura española o ha originado una serie de debates.

¿Cuándo y por qué te sentiste fascinado por el mundo de la ciencia?
Eso ocurrió cuando empecé a comprenderla, estudiando bachiller. Veía en la ciencia algo poético, que en ella podía haber elementos poéticos. Ciencia y poesía me fascinaron casi al unísono, de hecho. Yo tocaba en grupos y como nadie quería escribir las canciones, yo asumía el reto. Vi que me gustaba y se me daba bien y vislumbré un camino por el que llegar a escribir cosas algo más elaboradas o ambiciosas que la letra de una canción.

¿Qué te trajo a vivir a Mallorca?
Algo muy prosaico, la verdad. Yo trabajaba en un hospital privado de La Coruña que querían convertir en hospital público y había varias plazas disponibles en otros centros de España. Tengo que decir que mi especialidad cuenta con pocos profesionales en nuestro país, con lo que podemos desplazarnos a trabajar donde queramos y uno de los destinos era Mallorca. Yo nunca había estado aquí y tenía la idea de que era esto era un poco lo que se ve en la tele, algo tipo Benidorm, y pensé que estaría bien ya que la estética Benidorm me gusta. Y acepté el puesto. Pero, claro, cuando llegué vi que no tenía nada que ver, pero me he terminado adaptando a este paisaje y lo cierto es que hoy en día me siento muy a gusto aquí, se vive bien.

¿En qué consiste exactamente tu trabajo?
Técnicamente soy radiofísico hospitalario. Haces la carrera de física y luego cuatro años de residencia en un hospital. ¿Y en qué consiste? Tiene distintas aplicaciones pero en la que yo más trabajo es en el tratamiento del cáncer con material radioactivo y aceleradores de partículas. Me encargo de diseñar el tratamiento para cada paciente, que es la tarea del radiofísico. Ver cómo la radiación tiene que incidir en el tumor y saber de qué energía tiene que ser esa radiación, etcétera. Trabajamos con material radioactivo y de mucha energía, por lo que es un trabajo un poco delicado que incluye la protección radiológica y nos obliga a estar en búnkeres.

¿Y cómo llevas lo de estar encerrado bajo tierra?
Bien, porque no necesito ver mucho el sol. Creo que solo he salido tres veces a la terraza de mi casa. Las cosas cerradas me interesan, al aire libre llega un punto  que me siento incómodo; por eso estoy bien en los búnkeres.

Como Woody Allen, que decía que se metía en los cines huyendo del sol.
Algo parecido, sí. Me gusta el sol pero que no me dé directamente; por eso me gusta ver tanto la tele, hay sol pero no me calienta.

¿Cómo crees que el cambio de paisaje y de clima, de Galicia a Mallorca, puede haber influido en tu estado de ánimo?
Seguramente me ha influido pero no sé como explicarlo. Lo que sí que fue una revelación fue el impacto del Mar Mediterráneo como idea. De repente vi que era un mar súper violento, un concepto nuevo para mí; el Atlántico tiene fama de ser violento pero no dejan de ser grandes olas. Al llegar a vivir aquí percibí que el concepto de belleza nació en el Mediterráneo, en el mundo helénico, y eso se refleja en este mar porque para mí la belleza siempre es violenta, si no no es belleza. Y esto lo percibo enormemente en el Mar Mediterráneo y quizá sí que me ha influido en la forma de ponerme a escribir: asumir que la belleza es violencia y que esa violencia genera creatividad. Pero, como ves, es una reflexión alambicada a la que he llegado yo a lo largo de los años de vivir aquí.

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¿Eres pues alguien analítico con tu propio mundo?
Soy muy analítico con mi mundo no creativo, que intento no analizar para que no se me estropee. Incluso cuando escribo ensayo intento que sea un ensayo un poco loco y juguetón que no llegue casi ni a entender yo mismo, como si fuera un asunto poético. Necesito dejarme llevar en lo creativo porque sino me aburro, no me divierto y creo que el humor es un componente que tiene que estar en cualquier creación contemporánea. Porque la posmodernidad algo nos enseñó es que tenemos que reírnos de nosotros mismos porque sino no somos creíbles, somos personajes decimonónicos que creemos que lo que decimos y escribimos es una verdad objetiva y que está ahí. Y no es así, existe una subjetividad y queda un poco ridículo hoy en día no autopariodarse en algún momento.

¿Y en tu cotidianidad también te ríes de ti mismo?
Bueno, sí, muchísimas veces. Ahí me es más fácil reírme de mí mismo.

¿Qué relación tienes con la vidilla literaria, cultural de Mallorca?
Las sintonías con la gente del mundo literario local han venido de situaciones azarosas propias de una ciudad pequeña como ésta. No es que premeditadamente haya tratado de encontrar a un grupo de personas afín o haya ido a ciertos sitios donde se supone que se reúne cierto tipo de gente; yo soy más bien individualista y no me gustan nada los grupos, las asociaciones ni nada por el estilo. A los escritores locales los he conocido por relaciones sociales de marujeo, como tenemos todos; un amigo te invita a una cena que monta en su casa, ahí conoces a otra gente, alguno resulta ser escritor, te caes bien y ya está.  Escritores como José Vidal Valicourt, José Carlos Llop o Román Piña. Con los músicos de aquí pues igual; a Vacabou, que para mí es uno de los mejores grupos que hay en España y hasta más allá de los Pirineos, también los conocí por casualidad.

Te reconoces individualista, ¿también solitario?
Bueno no, hombre, solitario cuando quiero estar solo. A mi me gusta la compañía, pero la compañía de pocas personas. Tampoco es que sea una persona solitaria, pero lo que no me gusta es mucha gente y menos ya mucha gente con un propósito. Esto no lo soporto. Las asociaciones, los clubes, los sindicatos, lo que sea, no puedo con eso, me parece como volver al colegio. Soy individualista en ese sentido, no me gusta reunirme con alguien con algún propósito. Ahora bien, me gusta la gente y tener amigos, claro.

Vamos, que jamás te unirías a un sindicato.
No, jamás. Porque lo que no me gusta nada es aglutinar a la gente para obligarla a hacer algo; cada uno que haga lo que quiera en tanto que no moleste demasiado a los demás. Un poco siempre hay que molestar, porque convivir es molestarse y quien no tenga eso claro ya puede irse a un monte él sólo.

¿Y esta visión de la convivencia como la lleva tu chica?
Bueno, bien, por ahora estamos juntos. Bueno, espero que la lleve bien y no venga ahora y me diga que coge las maletas y se larga.

Esperemos que no. Cambiando de tercio, ¿puede uno vivir de la literatura?
Con la literatura no se gana dinero y es una idea que defiendo en el documental sobre el Proyecto Nocilla que he colgado en mi blog. No se gana dinero a no ser que escribas “El código Da Vinci”, claro. Con lo que sí se gana dinero es de la vida literaria, las conferencias, los artículos y cosas similares que te dan para vivir pero que pueden convertirte en esclavo de ellas porque te obligan a estar semanalmente escribiendo para distintos medios o preparando charlas y a mí eso tampoco me gusta.

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Parafraseando a tu admirado David Foster Wallace, dime una cosa aparentemente divertida que no volverías a hacer jamás.
(risas) Escribir una trilogía, quizás. Lo que pasa es que como soy tan cauto ya me cuido de vigilar los lugares donde me meto, así que no suelo arrepentirme mucho de las cosas que hago.

¿Y algo divertido que tengas ganas de volver a hacer?
A mí lo que más me divierte es tocar la batería. Quizás de lo único que me arrepienta, o lo que me da pena, es no haber aprendido a tocar bien la batería. Es con lo que más disfruto.

¿Tienes una hora o momento preferido para tocarla, un ritual?
No, cuando me apetece, cuando surge.

¿Y para escribir tienes ritual?
Cero, nada, ninguno. Yo escribo en cualquier y de cualquier manera, porque estoy emocionado con lo que hago. Como yo soy así y escribo por impulsos, sin programarlo, pues donde esté.

¿Incluso de despertarte a medianoche y ponerte a escribir?
Bueno, alguna vez lo he hecho con alguna idea, especialmente para poesía si se me aparece algún verso o algo que crees que puedes tirar del hilo. Pero es muy raro eso porque cuando duermo duermo y digo “a la poesía que le den”.

¿Eres de los que se acuerda de lo que ha soñado y quizá de ahí surja alguna idea?
Me acuerdo muy poco de los sueños y el mundo de los sueños no sé porque nunca me ha interesado ni me ha llamado la atención. Pero sí que es verdad que una vez soñé que me sometían a un examen y que yo lo resolvía de una forma extrañísima y súper poética. Me desperté y lo recordé como un sueño precioso. Era como un examen de inventar un mundo nuevo, una cosa absurda claro. Y me sirvió para tener una sensación súper placentera de cómo se podrían hacer las cosas de otra manera, incluso escribiendo. Igual que tu resuelves un examen de una forma absurda y vale, pues puedes escribir de una manera aparentemente absurda pero que valga.

¿Y este mundo que inventaste era tu mundo ideal, aquél en el que te gustaría vivir?
No recuerdo el mundo que inventé pero sí el proceso de inventarlo. Escribía una fórmula matemática como absurda y de repente aquella fórmula la podía ver de canto, tenía espesor, como si fuera un edificio. Y dentro de ese edificio podía haber habitaciones. Algo absurdo pero que me proporcionaba mucho placer. Me dio a entender que se podían hacer las cosas de otra manera y esa es una idea que me quedó grabada y que me sirvió mientras hacia mis poemarios o me metía en el Proyecto Nocilla. A veces tenía esa misma sensación de estar haciendo algo raro que ni yo entendía pero que creía que estaba bien y que era algo diferente. No es que el sueño me sirviera para ello pero sí que hallé una conexión entre él y lo que yo sentía mientras escribía. En definitiva ese sueño era como un boceto y me di cuenta que ese boceto ya era como una creación en sí. Por lo tanto, puede haber novelas que parezcan un boceto pero que ya sean la novela en sí; que creo que es un poco el Proyecto Nocilla.

¿Y cómo te gustaría que se recordara el Proyecto Nocilla dentro de 30 años? ¿Y cómo te gustaría recordarlo a ti?
Yo sé que lo voy a recordar como algo muy emocionante, una obra importante en mi vida. ¿Cómo me gustaría que se recordara? Pues, hombre, puestos a soñar, que fuera algo que realmente haya reávido algún cimiento interesante en la literatura española y haya ayudado a construir algo interesante. Que quedara como quizá una ruptura… que le podría haber tocado a otro pero me tocó a mí. Pero eso el tiempo lo dirá, ¿no?

Y actualmente, ¿cómo vives este éxito?
Para mí es como una película en la cual yo no estoy. Yo veo una pantalla y van pasando cosas: una crítica, venís vosotros, alguien escribe bien de la novela, otro mal… Pero yo lo veo como algo que pasa por delante de mí y lo veo con satisfacción, o me divierte, o a veces pienso “¿quién es toda esta gente? ¿qué raro? si yo ya estaba aquí”. Quizá también porque tengo una edad, 42 años, que ayuda a relativizar este éxito.

Ahora tienes 42 y hace un rato nos hablabas de tu adolescencia pospunk, pero ¿cómo era el Agustín niño?
Es muy peliagudo eso que preguntas. La infancia yo creo que es la parte más delicada de cualquiera, ¿no? La infancia en el fondo es el paraíso perdido. Voy a hacer un pequeño inciso ahora para explicarte algo al margen de mi infancia particular. Cuando eres pequeño, con siete u ocho años, no tienes conciencia de tiempo, no piensas en el futuro, ni en qué va a ser de ti. Cuando dices “voy a jugar a la calle” para ti eso es infinito. Como no hay conciencia de tiempo éste es infinito y al ser infinito es el concepto mismo del paraíso. Y por eso para mi la infancia es el paraíso perdido porque llega un día en el que asumimos la conciencia de tiempo y nos planteamos que tenemos que estudiar una carrera, trabajar, formar una familia y un día, morirnos. Pero volviendo a la mi infancia en concreto, la verdad es que no tengo demasiados recuerdos. No es que fuera especialmente feliz pero tampoco triste, mala o desdichada. Yo me recuerdo un niño muy inquieto, un poco trasto, que tenía que hacer lo que se me metía en la cabeza: escalar por las estanterías de casa o colgarme de las cortinas porque acababa de ver una película de Tarzán, trastadas que supongo que todos hemos hecho cuando somos niños, ¿no? Mis padres eran y son unas personas muy rigurosas en la educación y por ello tengo recuerdos de una infancia bastante estricta en la manera de funcionar. Algo que hoy en día parece impensable; veo a los niños de ahora y en las cosas que hacen y alucino. Si llego a hacer esto yo de niño me hubiera caído una bronca. Lo que pasa es que antes había un concepto del respeto a los padres que no tiene nada que ver con el que hay ahora. Por otra parte, hace poco estuve pensando que yo nunca había visto una película de Walt Disney cuando era pequeño. Y dije “ostras, a ver si eso es alguna clave para algo”. Porque me pareció raro que cuando la gente habla del mundo Disney no tengo ni idea de lo que es. Y pensé que quizá eso tiene algo que ver con algo que me esté pasando y no he podido identificar. (risas)

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¿Cuándo empezaste a escribir con conciencia de escritor?
Muy tardíamente, cuando cursaba cuarto de física, con 23 o 24 años.

¿Y cómo eran esos primeros textos con conciencia e intención?
Una mezcla totalmente absurda y mala de Boris Vian, Bukowski y Borges, un potpurrí imposible. Pero ya entonces escribía de personas que están solas, personajes solitarios pero no amargados. Me gusta escribir sobre la individualidad y la relación con la sociedad de consumo, algo que viene del romanticismo, el individuo y su relación con el mundo que le rodea.

¿Esa preocupación literaria y vital quizá fuera la que inconcientemente te llevara a esta profesión tuya que te aísla en búnkeres?
Quizá sí, aunque también paso horas en el hospital donde hay más contacto con otra gente. Pero sí, ya me las apaño para estar un poco aislado y tranquilo.

Antes hablábamos de mundos soñados como influencia en tu escritura; ¿el mundo de qué directores de cine han podido también marcarte?
Muchísimos. En ese sentido, como también en la música como en la literatura, yo soy muy ecléctico. Me han marcado cosas hoy en día ya clásicas como Bergman o Antonioni a directores que nada tienen que ver con ellos como David Lynch, que quizá sea de los que más me haya influido, Wenders o Jarmusch. Pero también Hitchock, cuya película “Los pájaros” me parece de las mejores de la historia del cine. Hay mucho cine que me interesa. Además, me interesa desde el cine más pesado, pesado, este que dices “joder, que ladrillo” pero siempre hay algo que me interesa; hasta al cine más tonto y lúdico. Ahora cunado vinisteis estaba viendo “Top Gun”. Pues estaba ahí y me lo estaba pasando bomba. En este sentido no tengo muchos prejuicios y creo que esto se nota cuando escribo; porque yo cuando escribo pongo en un mismo nivel horizontal la baja cultura y la alta cultura. Tanto aparece Cioran o Johann Sebastian Bach como un producto de consumo o un cómic; y eso es un reflejo de cómo soy, cómo pienso y cómo mi cabeza está estructurada.

Y hablando de productos de consumo, en “Nocilla Lab” le das las gracias a la gente de Nutrexpa.
Al principio la gente de Nutrexpa quería saber de qué iba el proyecto, pero una vez se lo expliqué dieron el permiso. Y es algo que agradezco explícitamente en el libro porque parece una tontería pero si no te dan ese permiso todo un proyecto de años se va a la mierda porque alguien diga no. Y por eso se lo agradezco muchísimo.

¿Cómo te desenvuelves en el mundo 2.0, las redes sociales y demás?
No estoy metido en ninguna red social porque no tengo tiempo. Tengo dos blogs en los que soy muy activo y por otro lado trabajo en el hospital unas 50 horas a la semana. Y además escribo libros, artículos, hago entrevistas… Si me meto en Facebook o Twitter me da algo. Pero sé que hay dos clubs de fans míos en Facebook. Pone Agustín Fernández-Mallo como si lo hubiera hecho yo, pero no he sido.

Pasemos de Internet a los fogones, ¿eres de buen comer?
Soy de buen comer pero no como demasiado. Eso sí,  la comida me interesa muchísimo, creo que es el terreno de experimentación social más brutal que hay. La nevera de una persona es para mí la cosa más íntima que uno posee en su casa, para mí es el alma de una persona. Si quieres conocer a alguien, abre su nevera y como consecuencia examina su basura, que cierra el círculo. Nos define más la nevera que la forma de vestir o de hablar. También me interesa porque hay cantidad de bulos acerca de lo que es saludable y lo que no y como eso crea unos hábitos de consumo. Descreo de las comidas naturales porque creo que es un término que está por definir, incluso antropológicamente. Creo, como mucha otra gente, que lo natural no existe ya que en tanto existe una civilización ahí hay un artificio. Más cosas que me intrigan alrededor de la comida: ¿por qué la gente considera que es más natural el jamón es más natural que la Nocilla? Todo está compuesto por partículas, son igualmente naturales. De igual modo son naturales un árbol que un trozo de plástico, pero creemos que uno es más natural que el otro porque existe el mito de la madre naturaleza que viene del Romanticismo, el mito de la madre en el sentido estricto. Yo creo que es algo mitológico porque para empezar la naturaleza no existe. Existe en un plano estético que es el paisajismo y existe en un plano factual que es la agricultura, ¿pero la Naturaleza qué es? Yo no lo sé. Pero, bueno, eso daría para hablar horas.

¿Así que para entrar en tu alma tendríamos que entrar en tu nevera?
Bueno, mi chica es la que realmente maneja la nevera. Si abres mi nevera no me ves a mi, la ves a ella.

¿En qué pones el alma al 100%?
En mi relación de pareja, sin duda. Para mí es más importante que la literatura.

Y para acabar, ¿una frase que te haya llegado al alma?
Cuando yo acabé la carrera de física llegué un día a mi casa y dije “Ya he aprobado”. Y mi padre me dio una palmada en la espalda y me dijo: “Vale hijo, ya eres analfabeto. Ahora, de aquí para adelante.”

www.alfaguara.santillana.es/blogs/elhombre
http://blogs.ccrtvi.com/anima.php

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Un comentario el “AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO. “Vale hijo, ya eres analfabeto. Ahora, de aquí para adelante.”

  1. Pili
    29/10/2009

    Una m… que una entrevista tan llarga i interessant quedi reduïda a tan poca cosa al calaix de satre que és Ànima!

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Esta entrada fue publicada en 29/10/2009 por en Ànima y etiquetada con , , , , , .
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