WORK IN PROGRESS…

Roger Estrada dixit…

JACK ENDINO. Sobrevivir al estruendo grunge sin perder la cordura

Endino a los controles, urdiendo el sonido Seattle…

El año pasado se cumplió el vigésimo aniversario de la edición del disco más significativo de la trayectoria de Jack Endino como productor. El día de Nochebuena de 1988, Kurt Cobain, Krist Novoselic y Chad Channing empezaron las sesiones de grabación del disco de debut de Nirvana, Bleach, en los Reciprocal Recording Studios de Seattle. Mr. Endino, el productor de la casa, ya era por aquel entonces el hombre más solicitado de la ciudad cuando algún grupo local quería plasmar en cinta sus canciones: Soundgarden, Green River, TAD o Mudhoney ya habían pasado por sus manos. Así, con un presupuesto de unos 600 dólares, en apenas 30 horas y usando un 8 pistas, Endino grabó el debut del grupo que iba a cambiar la historia de la música pop.  Pero el boom, como todos sabemos, no se produjo con aquella primeriza, estruendosa, hiriente rodaja; sería Nevermind, la reválida producida por Butch Vig, la que lanzaría a Nirvana al estrellato. Una fama que, por expansión retroactiva también acabó afectando/beneficando a nuestro interlocutor cuando Nevermind vio la luz en septiembre de 1991.

En el Ruta hemos decidido no celebrar ni la efeméride de 1989 ni la de 1991, sino que preferimos establecer contacto con Endino (gracias a las gestiones de otra pieza clave del Northwest punk, Dave Crider de Estrus Records / Mono Men / DT’s) para, a partir de la exaltación de su prolífica producción de 1990 (ver recuadro inferior), recorrer a lo largo y ancho una trayectoria que se inicia a principios de la década de 1980 como miembro de los seminales Skin Yard y cuyo (pen)último capítulo nos sitúa al denominado “padrino del grunge” a los controles de los discos de retorno de The Groundhogs y Sonics o calentando a los aficionados del snowboard en sus bolos pirenaicos como miembro de Kandi Coded, su nuevo grupo. Entre uno y otro extremo: 30 años y más de 200 producciones para algunos de los artistas más relevantes del rock alternativo reciente.

¿Cómo se están desarrollando las sesiones de grabación del nuevo disco de The Groundhogs y cómo entraste en tan inesperado proyecto?
Conocí a Tony McPhee —guitarrista fundador del grupo inglés; n.d.r.— en Gales hace unos 20 años, cuando coincidimos en Foal Studio, el estudio de grabación propiedad del bajista de Groundhogs, Dave Anderson. Era 1990 y yo estaba allí produciendo Highlives and Lowlives, el retorno de otros veteranos, Blue Cheer. Así que ahora es como si cerrara una historia que arrancó hace dos décadas. Las sesiones están yendo muy bien teniendo en cuenta que es el primer disco que graban en más de diez años. Y también me alegro de estar aquí porque de vez en cuando está bien salir de Seattle.

¿Y qué puedes avanzarnos de los temas que has producido para el EP de retorno de The Sonics?
Ha sido una experiencia interesante, peculiar. Estamos hablando de unos señores de unos sesenta tacos que hacía más de cuatro décadas que no entraban a grabar juntos. Aunque al principio les daba cierta pereza volver a la rutina del estudio, no tardaron mucho en demostrarnos a todos que siguen sabiendo como tocar. Y Gerry, aunque evidentemente su voz es más grave que cuando tenía 19 años, sigue pudiendo aullar sin sonar ridículo. El nuevo batería, más joven que el resto, ha sido gdecisivo para darle el empuje necesario a las nuevas canciones. Y eso ha sido lo más difícil para ello, escribir canciones a la altura de las expectativas. Ellos eran conscientes de esa presión, de que la gente estaba esperando también un sonido fiel al original, pero yo les dije “chicos, vosotros sois más viejos pero los equipos de grabación son más jóvenes, más nuevos”. Era imposible pretender que sonaran como los Sonics de 1965 porque no son los Sonics de 1965. Tengo ganas de ver cómo recibe la gente esas canciones, porque hay tres o cuatro que son excelentes temas de rock’n’roll.

El año pasado se celebraron 20 años de Bleach, sin duda el disco más célebre de cuantos has producido. ¿Cómo ha sido echar la vista atrás por enésima vez?
Ha estado bien. Me siento orgulloso de que un disco que hicimos hace 20 años sin apenas dinero siga interesando a la gente. Lo cierto es que fue una grabación muy rápida y divertida, ninguno de los implicados podía imaginar por aquel entonces que aquello sería el principio de nada, mucho menos de un cisma del mundo discográfico. Pasan los años y sigue siendo, claro está, el disco más famoso y que más copias ha vendido de cuantos he producido. Creo que lo seguirá siendo hasta que me muera (risas). A nivel personal, sigo siendo amigo de Krist Novoselic y Chad Channing; nos vemos a menudo y he vuelto a trabajar con ambos recientemente. Produje los dos últimos trabajos de Flipper —Love y el directo Fight, editados conjuntamente a mediados del año pasado; n.d.r. .—, en los que Krist tocó el bajo, y también Walk Back, el disco que Chad grabó en 2008 con su nuevo proyecto Before Cars. En lo que respecta a Nirvana, con el tiempo he aprendido a mirar al pasado con cierta perspectiva y sin dejarme asolar por los sentimientos más negativos o con las emociones a flor de piel. Por otra parte, he ido a muchos más funerales desde la muerte de Kurt, algunos de ellos de familiares míos, con lo que el tiempo y las experiencias de la vida también te ayudan a poner las cosas en su sitio y aceptar las cosas, por muy duras que estas sean. Con lo que respecta a las preguntas de la gente, periodistas o aficionados, me he convertido en un maestro del arte de responder a las mismas preguntas una y otra vez pero tratando de hacerlo de forma algo distinta para no dejarme llevar por el piloto automático.

Háblanos pues de tu trabajo en la reedición del disco que lanzó Sub Pop para celebrar su vigésimo aniversario.
En primer lugar, fui el encargado de recordarles a los de Sub Pop que existía una grabación en directo que sería genial recuperar con motivo de la reedición — un show completo grabado en el Pine Street Theatre de Portland, el 9 de febreo de 1990; n.d.r.— y cuando escuchamos las cintas olvidadas por primera vez no nos lo podíamos creer, sonaban increíbles. Me encargué de ecualizarlas, limpiarlas un poco y mezclaras, pero la materia prima, los Nirvana de 1990, estaban allí en todo su brutal esplendor. Trabajar en la recuperación de ese directo fue una experiencia sobrecogedora, la verdad.

¿Cómo valoras el estado de salud actual de la escena musical de Seattle y como lo has visto evolucionar desde el ya lejano estallido del grunge?
Creo que vivimos un buen momento: buenas bandas, buena música, buenos clubs. A nivel personal, sigo más atareado que nunca en el estudio, así que no puedo quejarme. Cuando Seattle se vio asolada por lo que yo llamo la resaca del grunge, cuando las grandes discográficas y los grandes medios abandonaron la ciudad una vez ya la habían exprimido, la escena musical estaba ciertamente moribunda. Pero hacia 1998 o 1999 las cosas remontaron; en un mismo año produje a The Makers, Black Halos, Zen Guerrilla, Murder City Devils y Zeke, demostración de que algo nuevo estaba pasando en la ciudad. Y desde entonces el ritmo no ha decrecido y se ha mantenido muy similar al que tenía en la década de 1980. Significativamente, estoy de nuevo metido en un grupo como lo estaba en 1988.

Con la cantidad de discos que has producido, ¿qué debe tener un grupo para que te motive a encerrarte con él en el estudio?
Me atrae la originalidad, la energía y las buenas canciones, las que tienen buenos arreglos y estribillos. Pido poco, ¿verdad? (risas). Estoy chapado a la antigua; dame rock’n’roll pegadizo, eso es lo que me gusta. Me da igual que sea pop, rock o metal, para mí es todo rock’n’roll. Para decidirme a producir a un grupo, me pregunto “¿Me gusta su música? ¿Y son buena gente?”. Sí ambas respuestas son afirmativas busco la manera de hacerlo encajar en mi agenda. Lo demás, el presupuesto del que disponen y el tiempo que quieren pasar en el estudio, se puede negociar.

¿Cómo recuerdas tu primera experiencia como productor, grabando el debut de Skin Yard, tu propio grupo, en 1987?
Las primeras canciones de Skin Yard las grabé en el 4 pistas que tenía en mi dormitorio y con el que ya había grabado con anterioridad algunos temas a solas. Desde pequeño quise tocar y grabar, ese era mi plan maestro desde que tuve uso de razón; ese 4 pistas lo era todo para mí. Mi primera experiencia en un estudio en condiciones fue cuando Skin Yard grabamos dos temas para el disco Deep Six —pionero recopilatorio del sello local C/Z Records, fundamental para entender la génesis del grunge, que incluía también temas de Green River, Melvins, Soundgarden, Malfunkshun y The U-Men. Desgraciadamente no tuve el control de esa grabación y el resultado me frustró bastante, lo que sin duda me convenció para dar el salto definitivo a la producción.

En este sentido, ¿cuán importante fueron tus siguientes trabajos para Soundgarden y Green River —los EPs Screaming Life y Dry as a Bone respectivamente, ambos de 1990; n.d.r— a la hora de curtirte como productor primerizo?
Soundgarden son un grupo fundamental en mi carrera. Antes de que entrara a trabajar en Reciprocal Recording en 1986, ya les había grabado en mi dormitorio, en el 4 pistas del que te hablaba antes. Ellos fueron los primeros en venir a buscarme cuando conseguí el puesto y el hecho de que nos conociéramos tan bien, de que fuéramos amigos, facilitó mucho la grabación. Skin Yard y Soundgarden habíamos actuado juntos y Kim —Thayil, guitarrista de Soundgarden, n.d.r. — y yo éramos vecinos, solíamos salir juntos a tomar cervezas. Recuerdo esa época con cariño, cuando todavía nadie era famoso. Soundgarden eran solo otra banda de la ciudad; guardo el póster de uno de los primeros bolos que hicimos juntos y cuyo lema era: “Soundgarden. Skin Yard. Rainbow Tavern. Martes. 2 dólares”. Faltaría añadir: “… 10 personas”. (risas). Los primeros conciertos… Por algún sitio había que empezar (risas).

¿Cuál crees que es el secreto de la longevidad y el notable nivel creativo que siguen manteniendo Mudhoney hoy en día?
¡Ah! Esto deberías preguntárselo a ellos. Creo que en parte se debe a que nunca se metieron en esto por el dinero o por construir una carrera; su motivación era la música y la diversión.  También han sido lo bastante listos como para tomarse un descanso cuando lo necesitaban y así no quemarse como tantos otros grupos de aquella época. Han sabido marcar su propio ritmo, volviendo al estudio solo cuando sienten que tienen algo que decir. Han sabido mantener fresco su discurso, sin necesidad de recalentarlo. En directo siguen siendo mortales de necesidad y creo sinceramente que siguen escribiendo canciones excelentes, sólo tienes que recuperar sus dos últimos discos para constatarlo.

En 1989, el año en que produjiste el segundo disco de Mudhoney, también te encargaste del debut de TAD, God’s Balls. ¿Cómo fue tu relación con ellos?
Son unos chavales fantásticos; ya había trabajado con la antigua banda de Tad Doyle, H-Hour, en la que se encargaba únicamente de la batería. Volví a trabajar con ellos en su despedida, Infrared Riding Hood, en 1995 y luego en el siguiente proyecto de Tad, Hog Molly. Hace poco estuve hablando con Kurt Danielson —bajista de TAD— para ayudarle en el disco de su nuevo grupo. Como ves, sigo en contacto con gran parte de la gente con la que empecé en este mundillo.

En 2005 lanzaste Permanent Fatal Error, tu tercer disco en solitario. ¿Cómo es eso de producirse a uno mismo?
Aquel disco fue un proyecto largo y difícil que me llevo cerca de 10 años de trabajo. Me sentía muy presionado porque al haber crecido tanto como productor trabajando con otros grupos me autoexigía que mi propio material tenía que estar a la altura del de los grupos a los que había producido.  Y ese es un anhelo bastante imposible de hacer realidad. No hay nada más agotador que un productor produciéndose a sí mismo. Finalmente llegué a la conclusión de que debía encararlo como “el nuevo disco del antiguo guitarrista de Skin Yard” y no como “el nuevo disco de Jack Endino, el productor”. Pero si de algo me sirvió ese disco en solitario fue a darme cuenta de que debía formar un grupo cuanto antes (risas). Y así lo hice. Cuando acabé de una vez por todas aquel proyecto interminable, en 2006, tardé bastante poco en formar Kandi Coded y en recuperar la pasión por la música y por escribir nuevas canciones, pero esta vez en el seno de un grupo.

En los dos últimos años has estado muy solicitado por grupos de metal…
Sí, es curioso. Fue una suerte que pudiera trabajar en el disco de High On Fire — Death is this Communion, 2007—, realmente sentí que podía aportar algo a la grabación y creo que fue una experiencia reveladora para ambas partes. Después trabajé con Valient Thorr, unos chicos estupendos con los que Kandi Coded compartimos sello y hemos tocado juntos en muchas ocasiones; y a continuación con Toxic Holocaust, 3 Inches of Blood y Skeleton Witch. Pero como te decía antes, para mí todo es rock’n’roll y por eso hace veinte años ya produje a un grupo metal como Accüsed, o Skunkworks de Bruce Dickinson en el 96 y Shameless de Therapy? en 2001.

Siempre te has mantenido muy activo en Internet, ya sea a través de endino.com o  vía MySpace. ¿Hasta qué punto es importante hoy en día para un productor estar accesible a posibles clientes?
Los grupos suelen pedirme vía Myspace que escuche su música para ver si estoy interesado en producirles. En la mayoría de las ocasiones debo rechazar su propuesta porque no conecto con su música, pero las horas escuchando material anodino valen la pena cuando descubro algo que sí que me excita. Internet te permite esto, la comunicación interesante con un montón de grupos anodinos y con algunos realmente buenos que pueden acabar reportando unas sesiones de grabación de las que vale la pena seguir viviendo. A ver, voy a serte sincero, me es humanamente imposible atender todos los mensajes que los grupos me dejan en mi Myspace, mi Facebook o en mi página web, pero debo mostrarme accesible a ojos del mundo por lo que te comentaba antes, nunca sabes cuando vas a entrar en contacto con alguien que dejará su huella en ti. Y eso es muy valioso.

Para terminar, ¿cuáles son tus productores de referencia, aquellos cuyo trabajo admiras especialmente?
Siempre he sido un gran fan de Martin Birch —por sus manos pasaron grabaciones clásicas de Deep Purple, Iron Maiden, Rainbow o Black Sabbath; n.d.r. —; casi todo lo que grabó durante la década de 1970 hasta principios de la de 1980 es un ejemplo de cómo debe sonar un disco. ¿Otros? Mutt Lange y sus producciones para AC/DC; Roy Thomas Baker en los primeros discos de Queen y trabajando para The Cars; Glynn Johns y sus producciones para The Who; y George Martin, como no, es obligatorio citarle. Aunque si tuviera que quedarme con uno, Martin Birch sería el elegido porque creo que no se le recuerda como merece.

HACE AHORA 20 AÑOS…

En 1990 Jack Endino produjo 23 discos, pero preferí pedirle que nos contara algo de mis cuatro favoritos de aquel año mágico, cuatro testimonios contundentes del despegue de una década en la que todo cambió para hacernos creer que ya nada volvería a ser igual. Un repaso al panorama musical actual pone de manifiesto que aquel sueño duró poco, que todo fue un bonito espejismo. En cualquier caso, gracias eternas, Jack.

Dwarves – Blood, Guts & Pussy
“Los Dwarves, qué tipos (risas). Debo decirte que no eran muy buenos músicos por aquel entonces. No me impresionó su técnica, pero sus canciones me parecían de lo más divertidas. Sin embargo, creo que ellos se tomaban más en serio de lo que debían, pero así eran ellos. En aquel momento me desconcertó trabajar con ellos, pero ahora cuando vuelvo a escuchar ese disco me parto de la risa. Es punk hilarante; cuesta tomárselo en serio pero es endiabladamente bueno.”

Afghan Whigs  – Up In It
“Greg Dulli es un tipo estupendo, con un gran sentido del humor. Aquel primer disco fue sin duda el más rock’n’roll de su carrera, luego desarrollarían su faceta más soul, y debo admitir que producirlo no fue nada fácil. Su sonido era muy denso, usaban mucha distorsión y las canciones no tenían una estructura al uso, eran complejas y abigarradas. Me exigió mucho como productor, pero personalmente me lo pasé genial con ellos. “

Mark Lanegan – The Winding Sheet
“Ya había trabajado con Mark cuando produje Buzz Factory de Screaming Trees, así que acepté de buen grado ayudarles a Mike Johnson y a él en la producción de su primer disco en solitario. No hay duda de que Mark es un tipo difícil, su leyenda le precede, pero conmigo la relación fue extrañamente fácil.”

Babes in Toyland – Spanking Machine
“Kat Bjelland, qué puedo decirte, había que verla en directo. Tenía una presencia escénica arrebatadora, imponente. Estoy orgulloso de haber puesto mi granito de arena en el despegue de una banda tan especial, con tanta personalidad como Babes in Toyland.”

Texto: Roger Estrada
Publicado en Ruta 66 (marzo 2010)

www.endino.com/

www.kandicoded.com/

Endino hoy, todavía repartiendo leña (Foto: Karen Mason-Blair)

Anuncios

2 comentarios el “JACK ENDINO. Sobrevivir al estruendo grunge sin perder la cordura

  1. jordan lopez
    09/03/2017

    perdon pero steve albini no tuvo nada que ver con nevermid , si no con in utero

    • rogerestrada
      09/03/2017

      Hola Jordan! Craso error el mío; efectivamente el productor fue Butch Vig. Gracias por avisar y por leerme! 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: