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Roger Estrada dixit…

STEVE MARTIN. El cómico que tocaba el banjo

En 1978, Estados Unidos baila al ritmo de la música disco. John Travolta y los Bee Gees son los artífices de un fenómeno cinematográfico y musical de los que marcan época. La banda sonora de Fiebre del Sábado noche, con hits del calibre de «Stayin’ alive» o «Night Fever», se mantiene durante 24 semanas en el número 1 de la lista Billboard de los álbumes más vendidos en la categoría pop. Durante estos eternos seis meses de reinado del falsete disco, el número 2 de la lista lo ocupa A Wild and Crazy Guy. ¿Su autor? Steve Martin, el hombre que, según David Letterman, convirtió la comedia en el nuevo rock’n’roll. ¿Su hit? «King Tut», una canción que parodia otra fiebre que también asola el país en esa época, la provocada por la exposición itinerante de los tesoros de Tutankhamon. Pero Martin no es precisamente un one-hit wonder. El año anterior, su primer disco Let’s Get Small, que recogía una de sus delirantes, salvajes actuaciones en el club The Boardinghouse de San Francisco, había logrado alzarse con el número 10 de la lista Billboard y con el Grammy al mejor álbum de comedia del año. Fue su consagración como el stand-up comedian del momento, recogiendo el testigo del aclamado Richard Prior (galardonado con el mismo premio Grammy los tres años anteriores) pero llevando mucho más lejos un reconocimiento popular que, en el cénit de su fama, le llevaría a actuar en estadios frente a 30.000 enloquecidos fans. Sí, se puede afirmar sin titubeos: Steve Martin, el futuro padre de la novia, es una auténtica estrella del rock.

Lo que quizá pueda sorprender más es descubrir que Stephen Glenn Martin (Waco, Texas; 1945) es también una auténtica estrella… del bluegrass. Su pasión por este género de la música tradicional americana, con puntos de conexión con el country y el folk, se forjó escuchando a The Dillards, The Kingston Trio o Earl Scruggs. Escuchando sus discos a 16rpm (la mitad de su reproducción habitual), Martin perfeccionó su habilidad con el banjo, el instrumento con el que se ganaba el jornal con apenas quince años como empleado de la tienda Merlin’s Magic Shop del parque Disneyland. Allí también desarrolló otros talentos (malabares, trucos de magia y creación de animales con globos) que posteriormente integraría como elementos indisociables de un show cómico que se colaría en los hogares de los estadounidenses a través de la pantalla pequeña. En 1974, al finalizar su actuación como invitado del popular The Tonight Show, el maestro Johnny Carson, que había soltado sonoras carcajadas durante su actuación, dio su bendición a Martin afirmando que el número que acababa de presenciar era lo más divertido que había visto en años. El espectador de clase media ya estaba en su bolsillo. Con sus regulares apariciones en el influyente Saturday Night Live (y números tan desternillantes como «Happy Feet» o «The Chechz Brothers», junto a Dan Aykroyd), hizo lo propio con el estadounidense joven que conectaba con el subversivo humor del programa que, en su primera época, catapultó también a John Belushi o Chevy Chase.

En su autobiografía Born Standing Up, uno de los best-sellers de 2007 y aplaudido por Jerry Seinfeld como “uno de los mejores libros sobre el mundo de la comedia jamás escritos”, Martin evoca aquellos años de éxito a solas en el escenario en los siguientes términos: “Hice stand-up comedy durante dieciocho años. Diez de ellos los pasé aprendiendo, cuatro refinando, y ocho sumido en un éxito salvaje. Mi recuerdo más persistente de aquella época es el de tener mi boca en el presente y mi mente en el futuro: la boca diciendo la frase, el cuerpo ejecutando el gesto, mientras la mente echa la vista atrás, analizando, juzgando, preocupándose, para acto seguido decidir qué decir a continuación”. Es ésta una perfecta síntesis de la maestría cómica de Martin, la clave para entender porqué el “tío salvaje y alocado” se convirtió en una estrella de rock. Y quizá ahí mismo, en su revolucionaria capacidad para romper sus normas para crear algo nuevo y desconcertante y, en última instancia, en su perfecto dominio del tempo, se hallen las claves para entender su decisión de abandonar inesperadamente los escenarios en 1981. Martin sentía que ya lo había dicho todo sobre las tablas y quiso focalizar sus esfuerzos hacia la gran pantalla, donde dos años antes había obtenido un enorme éxito con The Jerk, su primera película como protagonista, escrita también por él y dirigida por su amigo Carl Reiner.

Pero sus deseos de ampliar horizontes como intérprete y evitar el encasillamiento le empujaron a asumir el reto de protagonizar el musical de tintes melodramáticos Dinero caído del cielo, escrito por Dennis Potter y dirigido por Herbert Ross. Preguntado por la revista Rolling Stone acerca de las posibles razones de su estrepitoso fracaso en taquilla, Martin comentó con su clásica ironía: “No sé a qué aducirlo, más allá de que salgo yo y no es una comedia”. Pese a no lamentar su partición en ese título ya de culto, Martin volvió a su hábitat natural y repitió con Carl Reiner en Cliente muerto no paga, El hombre con dos cerebros y Dos veces yo, éxitos de taquilla que le reconciliaron con ese público que esperaba ver en acción al tío salvaje y alocado, sí, pero también carismático, seductor y, a veces, algo cretino. Durante la década de 1980 y principios de la siguiente, Martin mantuvo su reinado con títulos como ¡Tres amigos!, Roxanne, Mejor solo que mal acompañado o, especialmente, El padre de la novia, comedia para-toda-la-familia que, pese a su éxito, le distanció de sus fans de antaño. Consciente de ello, pero también de lo arriesgado de volver a jugarse su carrera en Hollywood, prefirió dar salida a sus inquietudes más personales a través de la escritura y la música. Así, publicó y estrenó con gran éxito la obra teatral Picasso at the Lapin Agile, empezó a colaborar en la prestigiosa revista The New Yorker y publicó su primera novela, Shopgirl, que se mantuvo durante quince semanas en la lista de los libros más vendidos de The New York Times. En 2001, invitado por su ídolo Earl Scruggs, volvió a empuñar su querido banjo para grabar juntos el clásico «Foggy Mountain Breakdown», una colaboración que le valió el Grammy a la mejor interpretación instrumental bluegrass.

Este reconocimiento le animó a concentrarse en la composición de su ópera prima 100% musical, The Crow: New Songs for the 5-String Banjo, editado a principios de 2009 y en cuya grabación participaron figuras del género como Vince Gill, Dolly Parton o el propio Scruggs. El aplauso unánime de la crítica especializada (nuevo Grammy incluido) y, para qué negarlo, su sorprendente aparición como artista invitado en American Idol, acabaron situando a The Crow como el disco de bluegrass más vendido del año. Curiosamente, este éxito musical ha coincidido con el bombazo en taquilla de No es tan fácil, su última película junto a Meryl Streeo y un Alec Baldwin con quien, este 7 de marzo, comparte también protagonismo como maestro de ceremonias de la ceremonia de entrega de los Oscars.

A sus 64 años, Steve Martin no quiere oír hablar de jubilación. Sigue en la brecha, guiado por ese lema que un día se sacó de la chistera: “El entretenimiento puede aspirar a ser arte, y puede serlo; pero si tu propósito es hacer arte, eres un idiota”.

www.stevemartin.com/

Texto: Roger Estrada
Publicado en Esquire (febrero 2010)

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3 comentarios el “STEVE MARTIN. El cómico que tocaba el banjo

  1. toño
    19/04/2010

    Hola.
    Dos cosas:
    Sigo tus escritos desde hace tiempo en el Ruta 66, con lo que ha sido un placer dar con tu blog. Muy interesante todo.
    Segundo: un offtopic y ruego, lo siento. Te lo pregunto a tí porque estoy seguro de que me puedes ayudar: ¿qué libro, editado en españa, sobre los Beatles es realmente bueno? Tengo ganas de profundizar un poco en ellos, pero no sé por donde tirar al haber tanto editado.
    Gracias de antemano, y enhorabuena. Te seguiré con asiduidad.
    Un saludo!

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Esta entrada fue publicada en 15/04/2010 por en Esquire y etiquetada con , , , , , , , .
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