WORK IN PROGRESS…

Roger Estrada dixit…

EDDY CURRENT SUPPRESSION RING. Rush to Relax

“Eso es la televisión, Sammy. Es lo que ves cuando no tienes cerebro, como tú y yo”. En 1986, la película Dogs in Space de Richard Lowenstein capturaba de forma abrupta y caótica el nihilismo de la legión de jóvenes descarriados que a finales de los 70 vagaba por los suburbios de Melbourne. Convertida en bizarra pieza de culto del cine antipódico, la película narraba la historia de Sammy (interpretado por Michael Hutchence de INXS), personaje de atribulada personalidad e indudable magnetismo que se inspiraba vagamente en Sam Sejavka, frontman de la banda The Ears, una de las muchas surgidas bajo el manto de desarraigo existencial que asfixiaba a la juventud de Melbourne. En ese caldo de cultivo se gestó la escena de las Little Bands, conglomerado de ignotas formaciones afiliadas al post-punk, todas ellas hermanas menores de héroes locales como Primitive Calculators, Wirlywirld o The Boys Next Door / The Birthday Party. En 2009, Sejavka sería uno de los testimonios elegidos por Lowenstein para vertebrar el documental We’re living on dog food, fulgurante viaje en el tiempo construido a partir de los recuerdos de Ollie Olsen (Whirlywild), Philip Brophy (Tsk Tsk Tsk), Bruce Milne (del sello Au-Go Go) o el tristemente desaparecido Rowland S. Howard.

“No hay noticias hoy / Esto es todo lo que tienen que decir / Es todo lo que sale por mi televisor en color”. Brendan Suppression, hijo también de Melbourne, se resiste a engrosar la actual legión de abúlicos espectadores televisivos. Treinta años después de que las Little Bands le pusieran banda sonora al descontento suburbial, Eddy Current Suppression Ring aúnan en su repertorio iguales dosis de malestar y descontento, pero también de sentido del humor y, ay, romanticismo. Brendan, como sus compañeros Mikey, Danny y Rob, pertenece a una generación sobreexpuesta a las grotescas imágenes catódicas que protagonizan el videoclip de «Colour Television», hipnótico tiro de gracia a la sociedad del malestar que adormeció a la Australia de los 80 que les vio crecer. «Colour Television», la canción, abría de forma subyugante Primary Colours (Aarght!, 2008), epatante reválida con la que ECRS se postulaban como la nueva sensación australiana dos años después de que su debut homónimo para Dropkick Records causara conmoción en el cenáculo garage-punk local. Si en 1976 The Saints encapsulaban el desconcierto vital de la juventud de Brisbane en «(I’m) Stranded», tres décadas más tarde (y varios quilómetros más al norte) Brendan Supression seguía varado en la indecisión que espoleaba «Which way to go», single por excelencia de un Primary Colours que acabaría siendo nominado como mejor disco de rock del año en los premios de la Australian Recording Industry Association y galardonado con los 30.000$ del Australian Music Prize, un honor que tres años antes había recaído en el segundo trabajo de The Drones, a mi entender la otra gran banda australiana contemporánea. En agosto de 2009, casualidades del destino, mientras We’re living on dog food se estrenaba en los cines australianos, los dos trabajos de ECSR cruzaban fronteras gracias a sendas reediciones en América (vía Goner) y Reino Unido (vía Melodic). ¿El mundo a sus pies?

Sin ganas de responder a tan apremiante pregunta, pero sin duda conscientes de la expectación generada ante su siguiente movimiento, el 4 de agosto de 2009 se encerraron en el estudio Revolver Music Arcade de Melbourne. Seis horas más tarde salieron de allí con Rush to relax prácticamente finiquitado. Las prisas no serán buenas consejeras para otros, claro está. Porque cuando Brendan, Mikey, Danny y Rob se aislaron del mundo entre esas cuatro paredes puede que tuvieran prisa, sí, pero es evidente que tenían muy claro hacia donde iban a toda hostia y, también, cuando debían ralentizar la marcha si un tema lo necesitaba. Porque si «Anxiety» y «I got a feeling» abren el álbum a bocajarro, arrastrándote hacia el epicentro del remolino de guitarras zigzagueantes y redobles a discreción marca de la casa, la cosa cambia, joder si cambia, tras las cuatro primeras estrofas de «Tuning out». El riff inaugural de Mikey (él construye la música, Brendan las letras) se erige entonces en el protagonista absoluto de un tema que, en los cuatro minutos siguientes, conjugará a Electric Eels, Wire y Television en un magnético aquelarre guitarra-bajo-batería ante el que uno se imagina a Brendan danzando cual chamán de ojos en blanco. ¿Y con qué deciden proseguir tras 6.31 minutos navegando en esta nueva realidad paralela? Pues con una balada que reza “Quiero ser tu caballero / Quiero cogerte de la mano / Quiero levantarme / Cuando necesites un asiento en el autobús / Ser el tipo de tío / En el que puedas confiar”. Menudo cachondo el Brendan; hay que tener los bemoles bien puestos (eso es, importarte una mierda lo que opine el punk connaisseur obtuso) para en Gentleman confesarle a la chica que “Cuando veamos pelis de miedo / Te taparé los ojos / Te protegeré del peligro / Cuando lo vea asomar”. Sentido del humor y romanticismo, que decíamos antes. Como en «I can be a jerk», otro baladón que firmaría un Mark E. Smith joven y encoñado, donde el almíbar desvergonzado de Brendan (“Sé que a veces puedo ser un capullo / Pero en el fondo / Quiero que lo nuestro funcione”) es electrocutado por una guitarra surfera que pondría palote a Deniz Tek. El ramalazo antisocial de ECSR estalla en «Walked into a corner» e «Isn’t it nice», dos pústulas que en apenas un minuto escupen toda la rabia y el descontento que hierve en el interior de ese romántico atribulado que es Mr. Suppression.

Con todo, un servidor prefiere su vertiente más cataléptica, cuando se pasan por el forro el patrón del ¿género? y se dejan llevar por su naturaleza exploradora, por sus ansias de sorprenderse a sí mismos conforme van desarrollando una canción. Solo así puede entenderse «Second guessing», siete minutos y seis segundos que justifican por sí solos la compra de Rush to Relax. Bueno no, todavía nos queda el galope tribal de «Rush to relax», el tema, perfecta coda que se despide con Brendan repitiendo sin parar “Desacelera / Antes de caerte”. Porque llegados a ese punto, tras el inclemente zarandeo al que uno ha sido sometido por estos cuatro chavales de Melbourne, no queda otra opción que reconocer su victoria y dejarse mecer por los veinte minutos de un oleaje final que, no tengo duda alguna, nos devolverá a un nuevo océano igual o más fascinante en su próxima travesía. El mundo (debería estar) a sus pies.

Texto: Roger Estrada
Publicado en Ruta 66 (2010)

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Esta entrada fue publicada en 10/01/2011 por en Ruta 66 y etiquetada con , , , , .
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